Efectos del racismo

Tito Rondón [email protected] (Ensayo escrito por David Lawrence) “Pensemos que la mamá del (gran antesalista) Dave Malarcher nació en la esclavitud… Estos discursos sobre relaciones interraciales normalmente comienzan con una presentación de credenciales: ‘Yo marché con Martin Luther King en Alabama’. Pero la verdad es que yo no tengo credenciales: jamás conocí al Dr. King, […]

Tito Rondón [email protected]

(Ensayo escrito por David Lawrence)

“Pensemos que la mamá del (gran antesalista) Dave Malarcher nació en la esclavitud… Estos discursos sobre relaciones interraciales normalmente comienzan con una presentación de credenciales: ‘Yo marché con Martin Luther King en Alabama’. Pero la verdad es que yo no tengo credenciales: jamás conocí al Dr. King, nunca he estado en Alabama y yo no soy de los que andan en demostraciones. Mi conciencia sobre el racismo me la dio Joe Garagiola. Sí, ese receptor mediocre. Lo escuchaba en la radio hace algunos años, y dijo que aunque era muy difícil meditar sobre los muchos y complicados problemas sociales en la historia de Estados Unidos, la exclusión de jugadores de raza negra del béisbol de Grandes Ligas ‘era muy mal hecho’.

“Esas cuatro palabras, y la pasión con que fueron dichas, resonaron por mucho tiempo en mi cerebro. Si este payaso, que se gana la vida contando chistes tontos acerca de rodilleras logra una gran claridad moral sobre este tema, ¿qué debo pensar yo?

“El problema es que tener conciencia de algo es solamente el principio. Porque, ¿qué hacemos? ¿poner a Malarcher en el Salón de la Fama? ¿quedarnos en casa y sentirnos culpables? No tengo la menor idea. Por ejemplo, ¿qué hacemos con los indios? Fuimos terribles con ellos, pero no he pensado darle mi casa a algún chippewa, o alguien de la tribu que haya sido a quienes mis antepasados les robaron la tierra. ¡Escudriñar la historia puede ser feo!

“El béisbol por contraste es bello. Se sabe porque, entre otras cosas, la indescriptible avaricia y estupidez de los que lo manejan actualmente no ha podido matarlo. Debe ser intrínsecamente bueno. Socialmente hablando es hasta terapéutico. Piensen en esto: mi papá, que nunca pensó nada bueno acerca de la gente de color, se volvió gran admirador de Orestes Miñoso cuando llegó a los Medias Blancas de Chicago en 1951 (y con buena razón, ¡cómo jugaba ese individuo!). Minnie fue probablemente la única persona de raza negra en el planeta que le caía bien a mi papá. Así que quizás hubiera ayudado un poquito, en términos generales, que esa gente blanca en Detroit, San Luis y Boston hubiera tenido la oportunidad de ver los 60 años de grandiosos peloteros que se perdieron. ¿No cree usted?

“También ayudaría que hasta donde fuera posible no negáramos la realidad. Pero es difícil, muy difícil. John Holway, en su candente prólogo al libro “Blackball Stars” llama al Salón de la Fama “un banco de datos blanco”. Odio admitir esto, pero es verdad. Es donde ponemos los 60 jonrones de Babe Ruth, junto a las otras reliquias sagradas de la mitología del béisbol de blancos. Pero la realidad es más complicada y sucia. Los 60 jonrones de Ruth, los 56 juegos seguidos de Joe DiMaggio dando al menos un imparable, los .406 de promedio de Ted Williams en una temporada… todas son hazañas logradas, en parte, al excluir un grupo entero de lanzadores de muchísimo talento. Son récords que en alguna forma están manchados.

“Odio esa idea, la detesto, más allá de lo que pueda expresar. Yo siento que el que ataca a Babe Ruth está violando la santidad de mi hogar. Pero eso es negar la realidad. Siempre pasa con las injusticias. Uno no las ve, o no las quiere ver, cuando las cosas van bien. Pero los jugadores de las Ligas Negras sí lo vieron. Vieron a peloteros bancas jugar en los puestos que en justicia les tocaban a ellos. Y eso es muy triste.”  

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