EE.UU. fortalece ofensiva contra Al-Qaeda

Stephen CoatesAFP AFGANISTÁN.- Tras recibir refuerzos y abastecimiento, las fuerzas de la coalición que dirige Estados Unidos seguían luchando ayer, por sexto día consecutivo, en las montañas de Arma, en el este de Afganistán, sin romper la resistencia de los islamistas atrincherados allí. Durante toda la noche y en la mañana de ayer, los bombarderos […]

Stephen CoatesAFP

AFGANISTÁN.- Tras recibir refuerzos y abastecimiento, las fuerzas de la coalición que dirige Estados Unidos seguían luchando ayer, por sexto día consecutivo, en las montañas de Arma, en el este de Afganistán, sin romper la resistencia de los islamistas atrincherados allí.

Durante toda la noche y en la mañana de ayer, los bombarderos B-52 martillaron las montañas nevadas del sur de Gardez, capital de la provincia de Paktia, teatro de esta batalla sin precedentes desde el inicio de la campaña militar en Afganistán, el pasado 7 de octubre.

“El cielo estaba iluminado con relámpagos anaranjados”, cuentan los habitantes de Gardez, que se hallan a unos 40 kilómetros de la zona de combate.

Planificada desde mediados de febrero, con base en informaciones que hablaban de un reagrupamiento de Al-Qaeda y de los talibanes, y arrasada dos días debido al mal tiempo, la operación “Anaconda” se inició el 2 de marzo.

Pero los militares norteamericanos —que ya perdieron ocho hombres en la batalla, su balance más duro en cinco meses de campaña afgana— han tenido que reconocer que se enfrentaban con adversarios más numerosos y más encarnizados que lo que esperaban, en combates de proximidad que se dan en la nieve, a una altitud que va de los 2,500 hasta los 3,600 metros.

Un portavoz estadounidense, el comandante Bryan Hilferty, afirmó ayer que más de 100 combatientes enemigos habían sido muertos el miércoles, pero también que nuevas fuerzas de Al-Qaeda y de los talibanes habían logrado infiltrarse en la región, y que su número ahora era de más de mil.

“Siguen intentando llevar hombres”, declaró Hilferty, quien la víspera había calculado en 400 el número de combatientes islamistas muertos en los días precedentes, lo que llevaría las pérdidas de Al-Qaeda y los talibanes a un balance total de unos 500 muertos.

Declarando estar decidido a llevar hasta el fin esta dura batalla, contra adversarios atrincherados en redes de grutas y túneles, el general Tommy Franks, comandante de la campaña militar en Afganistán, anunció el miércoles que había enviado un refuerzo de 200 a 300 hombres a los 800 soldados norteamericanos ya lanzados en la ofensiva terrestre.  

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