No todo está perdido

Julio Ignacio Cardoze

Hay personas que no podemos olvidar, porque en este doloroso proceso de transición hacia la deseada, costosa y merecida democracia que hemos pagado con sangre, y que Arnoldo traicionó, nos deben servir de ejemplo.

Este proceso estaba supuesto a dejar en el pasado, lo que pertenece al pasado, pero hay quienes se empeñan en querer revivirlo, y eso no lo podemos permitir. Quienes insisten en ese empeño, encuentran cómplices para la realización de sus abyectos objetivos, pero también nos debe estimular, que aún existen quienes quieren a Nicaragua, y que nos reivindican a todos, y de ellos tenemos la obligación de decir algo.

Arnoldo y su ganga han secuestrado un partido y pretenden también hacerlo con el Estado. Deja la presidencia, pero se niega a dejar el poder, y sin derecho, se ha apoderado de la Asamblea donde se ha atrincherado buscando la reelección.

En la Asamblea Arnoldo está apoyado por incondicionales y sin duda también corresponsables, que niegan su lealtad a la patria. Son los mismos que callaron ante los abusos en instituciones públicas, y que como funcionarios del gobierno apañaron con su silencio cuando fueron denunciados por los medios de información, a pesar que ahora niegan a Byron Jerez. Es bueno saber que por cada Arnoldo Alemán, existen hombres dignos como Jaime Cuadra, y que contrario a los diputados cómplices de Arnoldo, existen también diputados dignos como Miguel López Baldizón, Alfredo Gómez Urcuyo, Augusto Valle Castellón y Jorge Matamoros. No obstante, por otro lado, los diputados que apoyan a Arnoldo, y que él pretende usar de sostén para sus pérfidos fines, deberían recapacitar, aún están a tiempo de reivindicarse antes que sea tarde, y apoyar la bancada azul y blanco que jefea Jaime Cuadra Somarriba y el programa de gobierno del presidente Bolaños. Si lo hacen, la nación les estará agradecida, y sino, en algún momento, les pedirá cuentas.

Cuadra Somarriba, López Baldizón, Gómez Urcuyo, Valle Castellón y Matamoros, ahora bajo persecución política de Arnoldo y sus secuaces, han levantado la bandera azul y blanco en la Asamblea con hidalguía y eso no lo podemos olvidar, de la misma forma como merecen recordarse, quienes no toleraron las arbitrariedades del aprendiz de dictador y prefirieron apartarse, o que no temieron ser apartados, antes que someterse como, Francisco Laínez, Rosendo Díaz y Pablo Ayón. Es reconfortante saber que tenemos muchos Tuto Navarro que estiman su prestigio personal y ciudadano.

Tampoco se puede olvidar a un empresario valiente como Roberto Terán Balladares (q.e.p.d.) quien nunca se amedrentó ante el terrorismo fiscal. Imposible también dejar de mencionar heroicas actitudes como las de Darling Avellán, humilde mujer que fue despedida de Initer por no encubrir los abusos, o de la psiquiatra doctora Gioconda Cajina.

Todos ellos prefirieron ser leales a Nicaragua, son orgullo de nuestra sociedad, y con sus actitudes, que como semillas germinaron, redimen el honor de la nación. Mientras existan nicaragüenses como ellos, tendremos esperanzas.

El autor es jurista nicaragüense, radicado en Miami.
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Editorial
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