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A través de Marvin Benard pude aproximarme a Dusty Baker, el manager de los Gigantes. Más de una vez he tenido la oportunidad de entrevistarlo. Recuerdo su cara cuando en una ocasión le pedí que si repetíamos el diálogo. Las baterías de mi grabadora me habían traicionado.
Por idea de mi amigo Frank Espinoza (Frank Cofersa) le llevábamos botellas de ron nica y nos hacía pasar a su oficina en el estadio de los Gigantes. “Aún me queda un poco del anterior. Éste golpea duro”, comentaba en perfecto español, mientras nos mostraba que aún tenía.
Era un Baker siempre activo, con una energía muy especial y su inseparable palillo en la boca. “Cuéntame de David Green, ¿qué pasó con él?, consultaba a menudo, mientras las pláticas se debían frenar por sus múltiples compromisos desde mucho antes de los partidos.
Sin embargo, esos breves períodos bastaban para captar la vitalidad de este hombre, para una gran cantidad de expertos, uno de los mejores mentores de las Mayores y un valioso aliado de nuestro Benard, sobre quien dice que “antes de conocerlo pensaba que era más grande”.
Desde este viernes que recién ha pasado, Baker arribó a Scottdale, Arizona, donde está situado el campamento primaveral de los Gigantes, y aseguran que llegó más eléctrico aún. Está saliendo de un intenso tratamiento contra un cáncer de próstata y no está exactamente al máximo.
Pero de acuerdo con detalles desde Arizona, se mostró siempre agitado, pero más sensible y quizá hasta espiritual. “La vida es más bella ahora. Tú no comienzas a vivir hasta que tienes la muerte frente a ti”. Y ciertamente, cuando se habla de esas enfermedades, la cosa es terrible.
Baker asegura que se está sintiendo más fuerte y enérgico con el paso de los días, pero aún no puede fonguear o hacer trabajos pesados en el campo. No obstante, su espíritu está más fuerte y ha aprendido lo valioso que es mantener una actitud positiva aun en las adversidades.
No obstante, la mejor lección que aprendió es probablemente que no tenemos control de muchas cosas, entre ellas la vida. Y como el mañana suele caer en el vacío, vale la pena vivir el hoy intentando ser mejores, porque quizá no haya más tiempo para rectificar.