Aaron Pryor y Alexis Argüello, protagonizaron uno de los más violentos combates y a la vez dolorosos para la afición nica.

Alexis-Pryor… ¿no fue ayer?

El tiempo los ha convertido en grandes amigos Edgard Tijerino [email protected] DESDE CARACAS.-Han pasado veinte años pero la furia no se ha marchitado. Permanece intacta en nuestros recuerdos, junto con ese dolor estrujante que nos apretó el pecho hasta un punto de asfixia, mientras veíamos al flaco Alexis Argüello, derretirse dramáticamente entre las sogas en […]

  • El tiempo los ha convertido en grandes amigos

Edgard Tijerino [email protected]

DESDE CARACAS.-Han pasado veinte años pero la furia no se ha marchitado. Permanece intacta en nuestros recuerdos, junto con ese dolor estrujante que nos apretó el pecho hasta un punto de asfixia, mientras veíamos al flaco Alexis Argüello, derretirse dramáticamente entre las sogas en el round 14.

Ahora, Aaron Pryor, con su vista casi perdida, no puede verlo claramente, pero en el comedor del Hotel Tamanaco, se levanta y se dirige hacia la imagen borrosa de quien lo retó dos veces inútilmente con el corazón en los dientes en 1982 y 1983.

Alexis Argüello se incorpora para recibirlo y le dice “Hermano, ¿cómo estás? Qué alegría verte”. Ese abrazo vigoroso, esas palmadas en sus espaldas, esas miradas que se cruzan llenas de admiración, no tienen nada que ver con la fiereza con la que se golpearon aquella noche de 1982 en el ring del Orange Bowl en Miami, cuando Nicaragua entera se quedó sin piernas, sin aliento y sangrando alrededor del más grande ídolo deportivo que hemos tenido en el repaso de todos los tiempos.

Estoy con Alexis en una mesa frente a la de Pryor y lo que veo es a dos viejos amigos que se guardan un profundo respeto. “Es increíble, parece que fue ayer”, dice Argüello, y Pryor responde, “¿Ayer? Es posible. Quizás porque recuerdo tanto esas dos peleas”.

De repente, el flaco parece ser Napoleón en Santa Elena recordando Waterloo y Moscú. “Necesitaba una cuota extra de energía, pero no la encontré… Yo tenía 33 años y él 24. Eso fue lo determinante, no meterme a la categoría de las 140 libras. Fue muy rápido para mí y muy consistente. Nunca vi a alguien devolviendo mis mejores golpes con sonrisas”, me dice Alexis mientras come un bistec de solomillo con arepas y frijoles negros.

Pryor bromea con Argüello en inglés y la señora que lo acompaña regresa con un guante. El Chico de Cincinnati, aquel “matador” de 1982 y 1983, lo toma, se levanta de nuevo y solicita un autógrafo al nica.

¿Cómo puede haber nacido, crecido y establecido una gran amistad de dos batallas tan violentas y devastadoras? El boxeo amigos, también tiene su lado humano. Mientras Gabriel García Marquéz y Mario Vargas Llosa, dos de los más grandes literatos del planeta, llegaron a posiciones casi irreconciliables, Argüello y Pryor, que se golpearon en forma destructiva por 24 asaltos, terminaron apreciándose llamativamente.

“Es una linda persona y aunque sus golpes todavía me duelen, lo admiro”, dice Argüello sacando del baúl su mayor tesoro: la humildad.

SIN EXCUSAS

-“Nunca me preparé tan bien como para esa pelea de 1982 y eso lo sabe muy bien Eddie Futch… Corrí todos los kilómetros extras que fueron necesarios, pasé en el gimnasio todo el tiempo requerido, me afilé muy bien, pero no fue suficiente… El tiempo no perdona, sobre todo cuando te has sometido a un ritmo tan intenso combatiendo mucho año tras año… Su poder, su velocidad, su solidez para recibir, nunca decrecieron… En la segunda pelea, yo decidí no seguir en el round 10… Sencillamente no tenía sentido”.

-Veinte años después, ambos están en el Salón de la Fama… “¿Cómo está Cincinnati?”, pregunta Argüello… “Frío, muy frío”, responde Pryor y agrega: “tendríamos que pelear ahí para calentarlo”… “No podríamos… Ya no… Para los dos, el tiempo ya pasó”, dice Alexis.

  

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