No sólo febrero para el amor en Nicaragua

Franklin Bordas Lowery [email protected]

“Quizá el único vislumbre de eternidad
que se nos permite sea el amor”

Edna Ferber

¿Por qué tenemos que esperar a febrero para recordar a alguien que siempre ha estado junto a nosotros y devanarnos la cabeza para al final, regalar un ramo de flores, o chocolates, o aquella tarjeta colorida y perfumada…? ¡Ah!… ¡el amor!… flores y regalos para febrero de cada año, como que nuestro amor viene de viaje, y se aparece en casa un extraordinario 14 de febrero y el resto del año vivimos la fría atmósfera de su ausencia.

“El amor es un sentimiento que te baja las defensas y te convierte en un idiota, haces cosas que juraste que no harías. Así como te puede llevar al cielo en un instante, te envía al infierno en un suspiro. Es la esencia misma, la razón para vivir… la razón para morir” —afirmaba alguien en una encuesta sobre el amor.

Febrero resulta como el pretexto para sonreír nuevamente. Conquistadores y conquistadas, y viceversa, rememoran batallas y victorias. —“Ama y haz lo que quieras” (Dilige, et quod vis, fac), es una famosa fórmula agustiniana, que nos muestra el poder del amor, que al mismo tiempo es fuente de libertad.

En la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios, acerca de la preeminencia del amor nos dice: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13, 4-7); en suma el amor es grandioso.

El amor es la fuerza motriz de lo que está dentro y también más allá de nosotros. Es la energía del alma. El amor nos permite romper murallas y abrir las válvulas de la alegría. Cuando hablamos del amor, nos referimos a un estado de paz superior que se yergue sobre todas las cosas materiales, y donde desaparecen las miserias humanas.

En febrero pareciera que tocan alguna campana que despierta al amor en hibernación; la víspera del 14 resultan en un pandemonium los centros comerciales; hormiguea esa llamita de agradar en el interior, y damos rienda suelta a nuestra bolsa, para encontrar ese obsequio que registre nuestro más profundo deseo hacia los que amamos.

Pero… ¿será únicamente febrero y no sólo febrero —sino dos días suficientes—, para exteriorizar, o vivificar y alimentar esa flama maravillosa para el resto del año?… ¿es suficiente ese mínimo empuje vigorizante de una abierta sonrisa, para que el sol alumbre en invierno como en verano?…

¡Ah el amor!… juvenil, otoñal, amor de lactante, amor entre uno y otro, amor de ciudadano a país, amor de todos y todas. No es para un efímero y pálido escenario, son cortinas que se abren con esplendor y muestran alegría, esperanza y paz y eso es por siempre y de siempre y no un invento comercial, pobre y presuroso.

¿Por qué sólo febrero y no siempre?… una palabra tierna, un gesto amable, una sonrisa franca, un abrazo, un regalo cada día… ¿y por qué no un beso siempre de llegada y salida?… febrero es una llamada de atención, es como un timbre de colegio que casi golpea los oídos y pone a funcionar esa maquinita llamada corazón, con mayor esperanza.

Los nicaragüenses somos amorosos. Febrero llama a dar rienda suelta a ese amor. San Valentín, el Santo del Amor, nos invita a seguir profesándonos amor unos a otros como la enseñanza más grande y preeminente del Señor Jesús, el más grande amor. En febrero abonemos nada más, para estar en permanente cosecha.

El autor es escritor y consultor  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí