La “agüita” de Sor María

Ruth Cuadra de La Fuente

Sor María Romero amaba a los pobres con amor tierno y doloroso. Y ellos iban a ella sí por la camisa, por un pan, por un medicamento, pero, sobre todo por el amor gratuito, atento, respetuoso y sonriente, que los saciaba en lo profundo de su humanidad herida.

Y ese amor era el resultado del que tenía por su Rey y su Reina y ellos igualmente le correspondían, de tal manera que Sor María hablaba con ellos, contándoles sus penas y alegrías como si fueran su papá y mamá, sobre todo a María Auxiliadora a quien le pedía todo lo que necesitaba para sus pobres con la confianza de que Ella se lo daría. Llegó un día a mediados del año 1955, sus pobres se aproximaban ya a cien y los niños de los Oratorios a cinco mil tuvo miedo de continuar aceptando pobres sin contar con una cuota fija, para su mantenimiento necesitaba muchos miles.

Con fe y seguridad se fue a arrodillar a los pies de María Auxiliadora y le pidió que le diera para esta obra que era Suya, algo que hiciera no un milagro sino milagros. Y Ella le dio un agua milagrosa para curar enfermedades de alma y cuerpo.

Dice Sor María: “Acabé de convencerme que la Virgen me había dado su ‘agüita’ para ayudarnos a sostener la Obra de los pobres con el siguiente milagro: Enriqueta Zavaleta, ex alumna muy allegada nuestra, se hallaba acongojadísima porque su mamá… tenía un hueco en la garganta que le supuraba día y noche. Ya la había llevado al hospital, pero después hallaron que la paciente tenía, además del cáncer, diabetes, anemia perniciosa y sobre todo, ochenta y dos años encima que por debilidad no hubiera resistido de ninguna manera la operación. Le dimos agua de María Auxiliadora para que le hicieran tomar una cucharadita cada dos horas, acompañada de un “Avemaría”. La misma viejecita si Enriqueta se olvidaba, al dar la hora le decía: —“Hijita, la medicina de la Virgen”, … Total, que el hueco se le cerró y la diabetes junto con la anemia perniciosa desaparecieron para siempre. “¡Gracias a Dios y a la Virgen!

Pero hay una cosa curiosa y misteriosa en esta “agüita”, si una persona que no está en gracia de Dios usa esta agua sucede que se altera y se corrompe inmediatamente.

Hay miles de curaciones hechas por María Auxiliadora a través del “agüita” de Sor María, cuando nos sintamos mal, ya sea corporal o espiritualmente, acudamos con amor y tomemos o untémonos el agua de Sor María con esa fe y la confianza que ella tenía en su Reina, sabiendo que Ella nos escuchará y hará el milagro que necesitamos.

La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.  

Editorial
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