Venezolanos hartos de Chávez

En el panorama político de Venezuela no hay nada que ni remotamente sugiera que el presidente Hugo Chávez pueda terminar su período presidencial. Todas las circunstancias se le tornan cada vez más adversas. Hasta el alto precio del petróleo —que es en el que Chávez se ha apoyado para financiar sus disparatadas aventuras políticas— ha bajado recientemente. Durante tres años en el poder, el presidente ha gastado la mayor parte de sus energías y de los recursos petroleros de su país para tratar de convertirse en un líder revolucionario tercermundista, y ha hecho todo lo posible por establecer un Estado socialista en la patria de Bolívar. Los resultados no podían ser diferentes: la economía ha decaído, los capitales se fugan, la emigración de profesionales es hemorrágica, el país está en un completo desorden, y el pueblo está cansado de tanta retórica “revolucionaria” que no produce sino desasosiego y desempleo.

Chávez, un ex teniente coronel que lideró un fracasado intento de golpe de Estado en 1992, llegó a la Presidencia de la República hace tres años apoyado por una vasta mayoría de los electores. Jamás se imaginaron en ese entonces los venezolanos que habían elegido a un megalómano que en vez de encaminar a Venezuela por la senda de la democracia y del progreso económico, pretendería más bien convertirse en un dictador al mejor estilo de los que existían a mediados del siglo pasado en gran parte de América Latina. Pero el pueblo venezolano ha dado muestras de no estar dispuesto a dejarse llevar a una nueva dictadura y está resistiendo cívicamente con gran energía.

El 23 de enero pasado se dio en Caracas una manifestación de magnitudes impresionantes. Unas 200 mil personas, portando pancartas y gritando consignas de “¡libertad!, ¡libertad!” y de “¡al loco, le queda poco!” marcharon pacíficamente para demostrar su repudio al aprendiz de dictador. Éste trató de contrarrestar la manifestación con otra marcha a la que no llegaron ni 30 mil personas, a pesar de la gran cantidad de recursos que los chavistas invirtieron en ella.

La oposición a Chávez, lejos de decaer, se incrementa día a día, y ha llegado incluso al seno de las Fuerzas Armadas. Un militar activo de la Fuerza Aérea, el coronel Pedro Soto, se hizo presente este jueves por la noche en el foro “Voces por la Democracia”, que se celebraba en el Hotel Hilton de Caracas, y denunció el intento de Chávez de establecer una dictadura, a la vez que le pidió al presidente que llame a nuevas elecciones y que después renuncie a su cargo. Pocos días antes había circulado en Venezuela un manifiesto supuestamente firmado por 3,400 miembros de las Fuerzas Armadas, en el que criticaron duramente a Chávez y le piden la renuncia. El manifiesto termina diciendo que el original del mismo, que contiene las firmas, está depositado, por razones de seguridad, en un banco de Curazao, y que “cuando Hugo Rafael Chávez Frías abandone el cargo como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, [las firmas] serán publicadas oficialmente 72 horas después, en los medios de comunicación.”

Esta misma semana, Chávez también fue duramente criticado por el director de la CIA, George Tenet, y por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell, quien ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado expresó que “le hemos expresado [a Chávez] directamente nuestro desacuerdo con algunas de sus políticas, y él entiende que esto es algo que irrita seriamente nuestras relaciones”. A Estados Unidos le preocupan las visitas del mandatario venezolano al presidente irakí, Saddam Hussein. Y por si fuera poco, en estos días pasados también se evidenció, a través de un video hecho público por cuatro periodistas, el contacto clandestino que existe entre el Ejército venezolano y las guerrillas colombianas.

Como decíamos al principio, nada de todo esto sugiere que Hugo Chávez pueda llegar al final de su período presidencial. Hasta ahora, el presidente ha puesto oídos sordos a las demandas del pueblo que le exigen rectificar el rumbo por el cual lleva a Venezuela. Ojalá que los hechos no se tornen violentos y que haya pronto una salida pacífica y civilizada a la situación planteada.  

Editorial
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