Franklin Bordas Lowery [email protected]
Los incendios forestales son trágicos. Según un experimentado apagafuegos sólo hay dos únicas maneras de acabar con un incendio forestal: “que caiga un buen aguacero o esperar a que se queme todo el bosque”.
Tumbados y virtualmente abandonados se encuentran aproximadamente 4.0 millones de árboles en los bosques de pino de Nueva Segovia, por no contar la región con la capacidad operativa y financiera para recogerlos y procesarlos. Esta situación convierte a la zona en un horno monumental, que espera una sola chispa para iniciar un incendio de proporciones extraordinarias, que según los expertos en el tema, amenazaría con avanzar y traspasar las fronteras de Honduras.
Nueva Segovia ha perdido alrededor de 31.0 mil hectáreas, de las 67.0 mil hectáreas de bosque productivo que posee, afectada por la plaga del gorgojo descortezador del pino. Cálculos detallados sobre esta afectación y el análisis de los costos de oportunidad, indican que estas pérdidas van más allá de los 100 millones de dólares. La población de esta región no termina aún de erguirse, abrumada por el dolor y el abatimiento de ver su patrimonio ineluctablemente devorado por ese minúsculo barrenador, cuando aparece otro amago de tormenta.
En Europa existe toda una cultura de prevención de incendios forestales, que podríamos catalogar como una beneficiosa inversión de largo plazo de cada país. Mientras en Nicaragua, estamos hablando de algunos miles de dólares y campañas de comunicación para disuadir a los irresponsables y tradicionales pirómanos, en otras partes del mundo se invierten enormes sumas de dinero y recursos materiales importantes para esta lucha.
Potentes helicópteros Air Crane, usados para el control de los incendios más rebeldes y peligrosos: aviones de diversos tipos, camiones, motosierras, equipos de comunicación, herramientas manuales apagafuegos y sobre todo, recurso humano debidamente entrenado, son elementos estratégicos para la lucha contra los incendios forestales. Se requiere también, una población vigilante y capacitada técnica y psicológicamente, para dar apoyo a todas las operaciones de combate.
Un reporte de incendios agropecuarios y forestales en Nicaragua en 1999, con información únicamente de cinco meses, muestra que se produjeron 2,523 incendios en el territorio nacional que afectaron 64.8 miles de hectáreas y provocaron pérdidas hasta por el orden de los 4.1 millones de dólares (Fuente, Boletín Forestal, Inafor). Es importante destacar que en sólo Nueva Segovia y áreas contaminadas de gorgojo, podrían verse perjudicadas por incendio, más de 50 mil hectáreas.
Factores como el incremento de la temperatura promedio y resequedad de los suelos, explicarían por sí mismos la posibilidad de inicios “espontáneos” de las llamas; incendios deliberados por actividades de pastoreo; descuidos en el manejo de fogatas y detonantes similares y madera tumbada entre otras, son causas de esta terrible epidemia de incendios forestales. La falta de comunicación eficaz y oportuna entre pobladores y autoridades, y la carencia de recursos materiales elementales, hacen doblemente vulnerables los bosques, en situaciones de emergencia.
¿Qué hacer en Nicaragua ante esta eventual emergencia? El ing. Cristóbal Sequeira, director ejecutivo de la Secretaría de Prevención y Mitigación de Desastres, declaró a los medios de prensa que ha iniciado los contactos para obtener aviones y helicópteros cisternas, y planea acciones para implementar pistas de recargue de agua de gran capacidad; esto indica que el gobierno reconoce la magnitud del problema. “Si se dieran mañana estos incendios, tendría que pedirle al Señor que nos ayude, porque todavía no estamos listos”, argumentó el ing. Sequeira.
“Si se queman los bosques, —expresó un maderero de Ocotal—, se consumen hasta nuestras esperanzas de recuperar algo de los que nos dejó el gorgojo”.
El Proyecto Forestal de Nicaragua (Profor), a través de su oficina de promoción de inversiones forestales, en coordinación con el Consorcio Forestal y las organizaciones de la sociedad civil, han venido impulsando el proyecto de “Rescate e industrialización del pino afectado por el gorgojo”, que se propone al menos no perder toda la madera tumbada, y se han logrado importantes avances, fundamentalmente en la exploración de nuevos mercados. El fuego quemaría todas estas iniciativas.
La población del Norte, no ha cedido en su lucha contra el gorgojo, tampoco va a ceder en su demanda de apoyo contra este huracán incendiario que no debe llegar. Pero se requiere un alerta total y una seriedad absoluta para que no estalle esta caldera, y si estallara, que estén las condiciones de prevención que mitiguen las consecuencias, es lo que se necesita.
Pensaría que no sólo un aguacero podría salvar el bosque, ni deberíamos esperar que el fuego nos alcance. Juntos todos, pensando y apoyando, podríamos evitarlo. Pero como dijo el ing. Sequeira: “que el Señor nos ayude”.
El autor es consultor y escritor.