Los cuatro mosqueteros

Uno de los más connotados escritores franceses del siglo 19, Alejandro Dumas padre (1802-1870), se hizo famoso particularmente por sus novelas “El Conde de Montecristo” y “Los tres mosqueteros”, que en realidad eran cuatro (Athos, Porthos, Aramís y D’Artagnán), y además no eran mosqueteros, sino espadachines, quienes practicaban una ejemplar camaradería entre ellos mientras protagonizaban emocionantes aventuras caballerescas, en las que siempre defendían buenas causas.

A propósito de esta popular novela de Dumas, en Nicaragua se les está dando el mote de “los cuatro mosqueteros” a los ciudadanos Sergio García Quintero, Leonel Teller, Eddy Gómez y Rafael Córdova Álvarez, quienes han denunciado la corrupción del gobierno anterior y el martes de esta semana demandaron ante la Procuraduría, la destitución de Arnoldo Alemán del cargo que ocupa actualmente en la Asamblea Nacional por supuesta violación a la Ley de Integridad Moral de los Funcionarios y Empleados Públicos, al omitir u ocultar —en la declaración de bienes que presentó a la Contraloría al terminar su mandato presidencial— algunas propiedades de él y de su esposa.

Por coincidencia, cuatro son también los “mosqueteros parlamentarios” liberales (Jaime Cuadra Somarriba, Augusto Valle, Miguel López y Alfredo Gómez), que se han enfrentado al poderoso líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán, y se unieron con el diputado conservador Jorge Matamoros para formar la bancada “azul y blanco” que amenaza con quebrantar la hegemonía alemancista en la Asamblea Nacional.

Por cierto que ya en el caso de la propuesta de Alemán para aumentar los sueldos de los diputados, la bancada azul y blanco encabezada por el presidente honorario del PLC, diputado Jaime Cuadra, prácticamente ha hecho mayoría con las fracciones parlamentarias del partido Camino Cristiano y el FSLN, que también se oponen a dicha pretensión alemancista, y podrían impedir su aprobación en el caso de que fuera presentada en el Plenario de la Asamblea Nacional. De manera que cabe esperar que al menos en algunos temas legislativos fundamentales, el PLC controlado por Alemán no podrá imponerse como aplanadora, además de que es probable que otros diputados liberales se integren a la bancada azul y blanco y se unan a los cuatro parlamentarios disidentes del alemancismo, que como es sabido fueron “purgados” por la cúpula de su partido el miércoles de esta semana.

Al respecto de los “cuatro mosqueteros” que solicitaron oficialmente ante la Procuraduría General de la República la destitución de Arnoldo Alemán, cabe señalar que lo acusan de “haber presentado una declaración de probidad fraudulenta al ocultar parte de su patrimonio” basados en la reciente publicación de investigaciones periodísticas de LA PRENSA con las que se demostró que el ex presidente Alemán “ocultó ser socio de las sociedades Alemán-Flores Bienes Raíces, Café Rico S.A., Marquette Clínica S.A. y la Alemán-Flores Corporation, esta última radicada en Miami”.

De manera que los mencionados ciudadanos piden que se aplique a Arnoldo Alemán el artículo 11 de la Ley de Integridad Moral de los Funcionarios y Empleados Públicos, según el cual el funcionario que presentare fraudulentamente su declaración de bienes debe ser inmediatamente destituido del cargo público que ocupa. O sea, que si la Procuraduría comprueba la veracidad de la denuncia, tendrá que ordenar la destitución de Arnoldo Alemán de la diputación que ocupa en la Asamblea Nacional sin haber sido electo por el pueblo, sino por un regalo del FSLN mediante el pacto liberosandinista.

La verdad es que si en Nicaragua hubiera un verdadero Estado de Derecho, por el solo ministerio de la ley Arnoldo Alemán debería ser destituido del cargo de diputado, al que además no tiene legítimo derecho porque no fue electo por el pueblo. Pero en Nicaragua la voluntad de políticos tales como Arnoldo Alemán, está de hecho por encima de la ley, y por lo tanto es prácticamente imposible que se le destituya de ese cargo, al menos por ahora y mientras no haya suficiente presión de la opinión pública.

De todas maneras, aunque sólo sean algunas cuantas personas e independientemente de cuál es su filiación partidista y sus ideologías, es realmente alentador que haya ciudadanos que quieran reivindicar el honor de la clase política nicaragüense y rescatar la maltratada dignidad de la República.  

Editorial
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