El “Brujo” y sus chavalos

Edgard Rodríguez C. [email protected] En sus días con los Orioles, Earl Weaver acostumbraba abrirle espacio a sus prospectos de modo gradual y los utilizaba en partidos en los que la presión no fuera un impedimento para desarrollar su confianza. Así vimos crecer, entre otros, al propio Denis Martínez. Y una vez que se relajaban, los […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

En sus días con los Orioles, Earl Weaver acostumbraba abrirle espacio a sus prospectos de modo gradual y los utilizaba en partidos en los que la presión no fuera un impedimento para desarrollar su confianza.

Así vimos crecer, entre otros, al propio Denis Martínez. Y una vez que se relajaban, los lanzaba a las brasas. Weaver no sólo enfatizaba en el pulimento de habilidades, sino que a la vez daba gran importancia a la estabilidad emocional.

Argelio Córdoba lo hace a la inversa. Los lanza al fuego y los obliga a descubrir el modo de salir a flote. Obviamente, el riesgo es enorme, pero hasta ahora es tan extensa la lista de “graduados” que no existe duda sobre el método que usa.

“Antes los someto a mucha práctica, pero a lanzar se aprende lanzando”, argumenta el “Brujo”, entre cuyos últimos descubrimientos se encuentran Santos Méndez, novato del año en la pasada campaña, y William Juárez, firmado por Arizona.

Más atrás, tuvo a Pablo Juárez, Genaro Llanes, Róger Peralta y muchos otros chinandeganos que pasaron por sus manos y que luego brillaron con luz propia en nuestro béisbol. Este año trae una camada de chavalos interesante y prometedora.

Pero aun con su método de “choque”, el gran secreto de Córdoba es el trato a los jugadores. En sus llamadas de atención no hay palabras groseras ni gestos de molestia. En lugar de ir al box y arrebatarle la bola a un novato, le da una palmada en la espalda y viene la frase aliento.

La noche del miércoles tenía a un novato de tercera bate y otros más en el short y tercera. Y los monticulistas utilizados ante el Bóer, todos eran “rookies”. Pero son chavalos que a la vuelta de dos años deben estar convertidos en notables tiradores a nivel nacional.

Desde siempre Argelio ha sido hábil en el manejo de la sicología del jugador. Si no, recuerde el Mundial de 1972, cuando en pleno acoso para Julio Juárez en el duelo con Cuba, fue al box y le dijo: “Apúrate con esto, viejo, que tengo una ‘jeba’ que me espera”.

Y Juárez no lo hizo quedar mal… mientras el Estadio se volvía un manicomio.  

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