Tito Rondón [email protected]
Los pobres lanzadores son las víctimas principales, pero eso a su vez quiere decir que sufren los cronistas deportivos, sufren los medios, sufren los aficionados, sufren daño económico los vendedores y otros que encuentran medios de subsistencia alrededor de los parques de pelota, sufre un pequeño daño Nicaragua.
Que ya no puede aguantar más, pero esa es otra historia.
Decimos que los pítcheres son víctimas, entonces hay que identificar a los victimarios.
Los estudios de Grandes Ligas demuestran que la mitad de los lanzadores que son firmados a contratos para jugar béisbol profesional sufren daños en el brazo, de los cuales la mayoría ya no se recupera.
En otras palabras, la mitad de los prospectos de pitcheo de un equipo del Big Show nunca se establecerán en las Mayores por causa de lesiones. Los estudios modernos indican que los lanzadores son muy delicados, y hay que manejarlos con cuidado.
Prueba de eso es el famoso contrato de Rick Ankiel, que especificaba que no podía pasar de 90 lanzamientos en un juego mientras no cumpliera los 25 años de edad.
Por supuesto, en Nicaragua andamos perdidos. Es una lástima que nuestros cronistas hayan ahuyentado tanto al público del deporte que la compañía de cables no considere rentable pagar por los derechos de la Serie del Caribe. De poder ver la serie, veríamos el extremo cuidado con que son usados los lanzadores. Hasta a expensas de ganar un juego.
Ejemplo: con ventaja de una carrera, Jorge Julio tira una entrada dominante contra México. El manager de Venezuela, el ex lanzador del Bóer Phil Regan, lo cambia y trae su cerrador Oscar Henríquez para el noveno. Pierde.
Hoy día existe un rol para cada lanzador. Como dice Argelio Córdoba: “Mis abridores no son relevistas”.
Para cuidar a los lanzadores, la Feniba inventó la tristemente célebre “Regla del Pitcheo”, adornada, además, con la ridícula penalización de “pérdida de juego”.
Esa nefasta regla lo único que hizo fue poner a Nicaragua en ridículo al hacer perder al San Fernando un campeonato en el escritorio, y ha hecho perder su brazo a muchos lanzadores.
Uno de los problemas con la regla es que mide el cansancio de los lanzadores en proporción directa con las entradas lanzadas. La razón de eso es que es copiada, si se lo imaginan ustedes… ¡del reglamento infantil de Williamsport!
No toma en cuenta los 20 minutos de calentamiento del abridor, ni mucho menos si enfrenta a uno o diez bateadores en un tercio de inning. Si abrís y te destrozan, abrís al día siguiente, lo permite el reglamento.
Tampoco el bullpen que hacen los relevistas. El otro día Freddy Montenegro calentó desde el segundo episodio, entró en el décimo y perdió (anotador: esa derrota en realidad debe ser cargada al manager).
Mañana seguimos con el otro machete de la pinza mortal: la presión para ganar.