El doctor Rizo, don Julián, doña Tere y yo

León Núñ[email protected]

El doctor josé rizo castellón es el político nicaragüense de importancia que más conocen personalmente los analistas políticos de Acoyapa.

Este conocimiento ha permitido a mis coterráneos formarse la opinión de que don José es un líder político educado, con una formación humanística extraordinaria, liberal de verdad, cortés, amable, campechano, que aún siendo ministro en el gobierno anterior no padeció del “síndrome del figureo”.

En una reunión que los analistas políticos acoyapinos celebraron a mediados de noviembre pasado, se me preguntó: ¿usted cree que el doctor Rizo haya sufrido alguna transformación psicológica después de haber sido electo Vicepresidente de la República? Yo contesté que no.

El que me hizo la pregunta dijo que no era lo mismo ser ministro que Vicepresidente de la República; que por regla general la personalidad del nicaragüense se transforma cuando supuestamente llega a “mandar”, y que como en este gobierno el doctor Rizo va a “mandar” más que en el gobierno anterior, había que esperar un “tiempo prudencial”, que fijó en cien días, para ver si a don José se le podía seguir incluyendo dentro de las excepciones a la regla general. Se me encomendó que lo observara de cerca y que informara mis observaciones.

Todavía no he podido decirles nada a los analistas políticos de Acoyapa porque no he podido disfrutar de la “cercanía” del señor Vicepresidente de la República, es decir, que no he tenido la oportunidad de observarlo, tal como lo podía hacer antes de las elecciones del cuatro de noviembre pasado. Ahora sólo lo veo en televisión, y debo reconocer, en honor a la verdad, que don José ha mejorado en forma notable su conocido dominio escénico.

Antes del citado cuatro de noviembre don José se ponía al teléfono o me contestaba las llamadas telefónicas; después dejó de hacerlo. Y tiene razón, porque para contestar todas las llamadas telefónicas tendría que volverse telefonista.

Antes de las elecciones pasadas el doctor Rizo me visitó alguna que otra vez en mi oficina o en mi casa de habitación; después no he tenido el placer de gozar de esa distinción. Y tiene razón, porque emplea su tiempo en tratar de resolver los graves problemas que agobian a la República.

Antes de que el doctor Rizo fuera electo Vicepresidente de Nicaragua tuve el honor de conversar algunas veces en su casa de Villa Fontana; después dejé de tener acceso a ella. Y tiene razón, pues supongo que razones de seguridad así lo exigen.

Antes de las pasadas elecciones coincidimos en muchas reuniones; después no hemos coincidido, excepto una vez que lo encontré en un acto de presentación del magnífico trabajo constitucional que realizó la doctora Josefina Ramos.

La presentación se hizo en la biblioteca del Banco Central. Antes de que se iniciara el acto nos encontrábamos muchas personas conversando en un salón adyacente al auditorio de la biblioteca cuando “hizo su presencia” el doctor Rizo. Desde el umbral de la puerta de entrada e inclinando levemente la cabeza hacia atrás echó una mirada panorámica por encima de la gente —no pude descubrir si se trataba de la “mirada panorámica del poder”— y empezó a repartir saludos y abrazos a diestra y siniestra.

Cuando don José pasó algo cerca de mí, quizás a dos varas de distancia, me dijo: “¡tanto tiempo sin verte mi querido Julián, dame razón, ¿qué es de tu vida? Me tenés a la orden. Te veo que andás solo, ¿y tu esposa Tere? Saludámela”. Volví a ver atrás, pero no vi a ningún Julián, y eso que yo conozco a muchos julianes. Me quedé atónito, creyendo que don José se había confundido.

Pero de regreso a mi casa estuve pensando en “tres escenarios”: 1º.) Don Julián estaba muy detrás de mí y don José no me vio; el equivocado era yo que creía que se dirigía a mí; 2º.) Don Julián estaba allí y don José me vio pero “no quiso verme” y 3º.) Don José me confundió con don Julián.

Yo me inclino por el tercer escenario. Sin embargo, no creo que la confusión del doctor Rizo se deba a la conocida amnesia que a muchos funcionarios les causa el “poder” sino a mi temporal cambio de “look”: yo había estado a dieta y recuerdo que ese día estaba pesando quince libras menos de las que suelo pesar y además estaba estrenando anteojos oscuros. Por lo tanto, lo más seguro es que don José, por mi “nuevo look”, me haya visto igualito al mentado don Julián, al que por cierto me gustaría conocer.

Estuve pensando informar a los analistas políticos de Acoyapa que el doctor Rizo no había cambiado; que seguía siendo el mismo. Pero uno de ellos me aconsejó que no lo hiciera; que tratara de observarlo, que esperara a que se agotara el “plazo prudencial” recomendado—se vence el próximo 20 de abril— porque en el tiempo que falta para que venza dicho plazo podría suceder, me dijo, que mi “ojo clínico” descubriera alguna transformación en la personalidad de don José, transformación que podría cambiar la buena opinión que de él tienen los analistas políticos de Acoyapa.

Abogado, escritor y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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