La visita que el Presidente de México, Vicente Fox, hizo a Cuba el fin de semana pasado, duró sólo 24 horas, pero estuvo precedida de una prolongada e intensa movilización de la diplomacia cubana que, como es bien sabido, es muy hábil para sacar el máximo provecho de cualquier evento internacional que le permita apuntalar a la decrépita dictadura comunista.
En México hubo también mucha movilización política antes del viaje de Fox. Cien diputados mexicanos pertenecientes en su mayoría al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México por más de 70 añosæ, viajaron a Cuba en enero para solidarizarse con el régimen comunista y para tratar de impedir que Fox se reuniera con la disidencia cubana. Pero, por otra parte, el Partido Acción Nacional (PAN), al cual pertenece Fox, presionó fuertemente para que se celebrara tal reunión.
Algo que en cualquier parte del mundo democrático es usual y normal, como es la reunión de un mandatario extranjero con los diferentes grupos políticos del país que visita, en Cuba no lo es. La razón es sencilla. Cuba no es un país democrático. Antes bien, es uno de los pocos países del orbe que todavía preserva un régimen comunista de partido único, totalitario y de corte estalinista. La oposición política no está permitida, y quienes se atreven a disentir de la línea del gobierno lo hacen poniendo en riesgo su integridad personal, su libertad y hasta su propia vida. En Cuba hay cientos de presos políticos cuyo único delito ha sido expresar su desacuerdo con el sistema político que impera en su país.
México y Cuba han mantenido estrechas relaciones diplomáticas por muchos años, y los gobiernos priístas, en su vasta mayoría, se caracterizaron por darle un apoyo casi incondicional al régimen cubano. Se recordará que cuando Cuba fue expulsada del seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), en 1962, México fue el único país que se opuso. Las relaciones entre ambos países, sin embargo, empezaron a enfriarse un poco bajo la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, cuando éste se reunió en México con algunos disidentes cubanos. Pero fue en 1999, en la IX Cumbre Iberoamericana de La Habana, que el presidente Ernesto Zedillo echó un balde de agua fría en las relaciones entre ambos gobiernos cuando criticó la falta de libertades en Cuba. Aún bajo el gobierno de Vicente Fox, Cuba siguió “ardida” —en las palabras del propio canciller mexicano, Jorge Castañeda— porque el año pasado México se abstuvo de votar en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Pero después de la reciente visita de Fox, las relaciones de México con Cuba, según el mismo presidente mexicano, se han empezado a “calentar”. Granma —diario oficial del Partido Comunista de Cuba— también manifestó su complacencia por la visita y celebró el hecho de que Fox y el canciller Castañeda se comprometieron a que México “no patrocinará ni copatrocinará ni participará en ningún tipo de proyecto o iniciativa que intente manipular el tema de los derechos humanos contra la Isla”. Granma, sin embargo, no menciona para nada la reunión que finalmente tuvo Fox con la disidencia cubana en la sede de la Embajada México.
La reunión del presidente Fox con destacados disidentes cubanos fue celebrada por la Fundación Cubano-Americana en Estados Unidos, pero provocó, al mismo tiempo, airadas reacciones en la izquierda mexicana, a la que le molestó también el hecho de que Fox le expresara a Castro su “esperanza de que Cuba pueda aproximarse a estándares de derechos humanos y de democracia que, día con día, se afianzan no sólo en América Latina, sino en el resto del mundo…”
Es evidente que Fox trató de ser lo más equilibrado posible, y es muy probable que dada su excelente relación con el presidente norteamericano George W. Bush, pretenda convertirse en un mediador entre Estados Unidos y Cuba. Que si puede lograr algo al respecto está por verse. Lo cierto es que Cuba sigue buscando desesperadamente apoyo político internacional, pero sobre todo económico y comercial, mientras su gobierno sigue oprimiendo y avasallando a sus propios ciudadanos a quienes no les permite ninguna libertad política ni iniciativa empresarial arriba de cierto nivel.