El Presupuesto General de la República para el año 2002 contempla un déficit de 4,417.2 millones de córdobas (317.6 millones de dólares). Eso quiere decir que el gobierno recaudará 4,417.2 millones de córdobas menos de lo que contempla gastar. Al respecto, la semana pasada el representante del Banco Mundial en Nicaragua, Ulrich Lachler, advirtió que la situación de la economía nicaragüense en su estado actual es “insostenible” en el largo plazo, refiriéndose, obviamente, a que ningún gobierno puede gastar indefinidamente más de lo que recauda.
Casi al mismo tiempo, el ministro de Hacienda y Crédito Público, Eduardo Montealegre, anunció que con la reducción en los salarios de los altos funcionarios del Poder Ejecutivo, el Estado se ahorrará 72 millones de córdobas en el presente año. Si así fuera, el déficit del Presupuesto General de la República del 2002 se reduciría en esa misma cantidad. No obstante, el posible ahorro de 72 millones no llegaría a ser tal si —como ya han empezado a sugerir algunos políticos populistas— se utiliza para aumentar el sueldo de los empleados estatales que ganan menos. En tal caso no habría ningún ahorro, sino sólo una redistribución del actual presupuesto de gastos. El gobierno no estaría haciendo nada para alejar al país de la llamada situación de insostenibilidad a la que hace referencia el funcionario del Banco Mundial.
Y por si eso fuera poco, aparece ahora el ex presidente Arnoldo Alemán hablando de la necesidad de “dignificar” el salario de los diputados, que no significa otra cosa más que aumentarles los sueldos que, ya de por sí, son sumamente altos a cambio de muy poco trabajo. Se estima que la obscena “dignificación” propuesta por Alemán le costaría al pueblo nicaragüense la exorbitante cantidad de 46 millones 368 mil córdobas al año.
“Al decir dignificar, quiero decir que una persona que trabaja tiene derecho a ganar conforme lo que produce y trabaja”, dijo Alemán. Por lo visto, el ex presidente cree que la “producción” de los diputados vale más de lo que el pueblo paga por ella. Eso suena a chiste de mal gusto, ya que es de sobra conocido que no son pocos los diputados a los que ni siquiera se les conoce la voz y que jamás han trabajado, llegando al Parlamento sólo cuando tienen que recoger el jugoso sueldo que les paga el pueblo.
El señor Arnoldo Alemán insiste en quedar bien con sombrero ajeno. Primero salió con una propuesta para obligar al sector privado a pagar un décimo cuarto mes, y ahora, en un gesto que ofende a un pueblo ya de por sí sobrecargado de impuestos, sale con esta propuesta de “dignificación” salarial de los diputados. Alemán, lejos de dar muestras de querer contribuir a reducir el déficit presupuestario, está dispuesto a aumentarlo, para agravar así la situación de “insostenibilidad”.
El Poder Ejecutivo ha anunciado que en breve introducirá una solicitud de reforma al Presupuesto del 2002, a fin de ajustarlo a las promesas de campaña del presidente Enrique Bolaños. Se desconocen de momento los detalles de la reforma, pero es de esperarse que no contemple una reducción, sino sólo una redistribución de las partidas de gastos del Presupuesto actual. Lo ideal, obviamente, sería una reducción para acercarnos más a una política responsable de presupuestos balanceados, o sea, de déficit cero. Esto, sin embargo, es algo que aterroriza a los políticos, que siempre están dispuestos a gastar y gastar sin pensar demasiado en la fuente de los ingresos.
Nicaragua debe y puede aumentar su producción. Pero ésta se aumenta, fundamentalmente, como consecuencia de la inversión privada y del trabajo. La inversión pública es necesaria en la medida en que complemente la inversión privada. De ahí que cualquier ajuste al Presupuesto debe en todo caso favorecer la inversión pública y no el gasto corriente improductivo. Un aumento salarial a los diputados es un incremento del gasto corriente improductivo, y por eso el pueblo y el Ejecutivo tienen el derecho y la obligación de oponerse al mismo. No hay nada que ni por sombra lo justifique. Antes bien, como acertadamente ha sugerido el diputado conservador, Jorge Matamoros, el sueldo de los parlamentarios debería ser rebajado.