- Marlon recuerda a su padre, Octavio “El Loquillo” Abea
Francisco Jarquín SotoESPECIAL PARA LA [email protected]
Detrás del homeplate, Marlon Abea juega sin duda como muy pocos. Rudo cuando es preciso, ocurrente cuando se trata de ponerle caldo al juego, y con un sentido del profesionalismo y entrega en su trabajo envidiables. Quizá son esas las cualidades que más le asemejan a su padre, el muy bien recordado, Octavio “El Loquillo” Abea.
Marlon, como él mismo lo dice, era el “cargador oficial” del bolso de su padre cuando era manager de los Búfalos del Bóer, pues ya no pudo verlo en acción desde los jardines.
A sus cortos seis años, ya veía cómo “su viejito” sufría con las malas rachas y bajones del equipo capitalino a la par de su madre, doña Leonor Membreño.
“Yo vi a mi padre sufrir, llorar, reír, y vivir el béisbol en carne propia. Me acuerdo que en una final contra el León lo miré llorar muchas veces en el transcurso de esa final. Y eso a mí me preocupaba mucho porque no me gustaba verlo así”, comentaba Abea.
Sin embargo, aunque muchos que lo vieron recuerdan al “Loquillo” como un hombre fogoso en las protestas y enérgico con los peloteros a los que dirigía, la relación entre Marlon y su padre, Octavio, eran mejores de lo que podamos imaginar.
“Mi relación con mi viejito era muy cercana, a pesar que lo perdí cuando tenía apenas 12 años. Él era para mi un héroe, hasta me estoy emocionando al decirte esto, era un padre ejemplar, con virtudes y defectos, pero realmente no lo cambiaría por nadie”, expresó el receptor del Bóer, mientras las lágrimas se asoman a sus ojos, reflejando el recuerdo de aquellos años.
La memoria que guarda Marlon de la primera vez que lo llevó su padre al estadio siendo ya manager, es un jonrón que Julio Molina conectó en un partido frente a Estelí, cuando “Abeíta” orgullosamente era “escudero oficial” del “Loquillo”, una actividad que lo hacía sentirse muy cerca de su héroe, el que asegura no tiene comparación.
“No me molesta que me comparen con mi padre, pero creó que Octavio Abea es único, no va ser repuesto nunca. La verdad es que las comparaciones son odiosas, pero el béisbol que jugaba antes mi viejo era muy superior al que se juega ahora”, dijo con mucha convicción.
ENTRE «LOCOS»
“Respecto a mi manera de ser alegre, eso se hereda. Es que mi madre es alegre y mi papá también lo era, y la verdad es que entre dos locos me procrearon”, explica complacido con una sonrisa, mientras se pone la máscara y el peto, preparándose para emular al receptor de las Grandes Ligas, Johnny Bench, quien decía ser con un colador en la cabeza, cuando apenas era un niño y no se imaginaba que jugaría béisbol.