Tony Chévez se fajó

Edgard Tijerino M. [email protected] Sencillamente impresionante. Así fue la escalada vertiginosa y fantastica realizada por el sorprendente equipo Indios de Mayagüez en el cierre de temporada del béisbol de Puerto Rico en 1978. A pocos días de concluir el Torneo Regular de Puerto Rico, nadie daba un cacao por la tropa de René Lacherman. Para […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Sencillamente impresionante. Así fue la escalada vertiginosa y fantastica realizada por el sorprendente equipo Indios de Mayagüez en el cierre de temporada del béisbol de Puerto Rico en 1978. A pocos días de concluir el Torneo Regular de Puerto Rico, nadie daba un cacao por la tropa de René Lacherman.

Para poder meterse a la fase semifinal. Mayagüez necesitaba ganar sus últimos seis juegos y que Santurce perdiera los 4 que tenía pendientes.

Nadie creía que podría ocurrir, pero sucedió. En esa vigorosa reacción, el brazo derecho de Antonio Chévez fue determinante ganando dos partidos, lo que le valió el nombramiento de mejor tirador diestro del certamen, pues terminó con un registro de 8-2 y 2.92 en efectividad.

El hecho de que Mayagüez se colara por una grieta en el último grito del drama, se consideró un milagro, por lo que no se le otorgaban posibilidades a los Indios frente al poderoso y espectacular equipo del Caguas, campeón de la serie regular, en uno de los duelos correspondientes a las semifinales.

Sin embargo, Mayagüez volvió a dejar a los entendidos con un palmo de narices, eliminando en apenas 5 juegos (4-1) al mejor equipo del caribe. Parecía un producto de la fantasía, pero era realidad. Caguas, con toda su galería de súper-astros (una docena de big leaguers), se había quedado en la orilla.

Crecido el Mayagüez retó a Bayamón en la serie final. El duelo entre Indios y Vaqueros, convirtió a la Isla en un escenario del viejo Oeste. Otra vez, Mayagüez se proyectó triunfante en 6 juegos.

El pitcheo considerado el “Talón de Aquiles”, del equipo, respondió plenamente, y la defensiva calificada como un “colador”, estuvo efectiva, además de que su bateo se mantuvo caliente, tal como había estado a lo largo de todo el torneo.

Y llegó la Serie del Caribe. Nuevamente Mayagüez batalló contra pronóstico, terminó imponiendo su ley ganando el clásico con 5 victorias (dos sobre el temible equipo Águilas de Cibao) por una sola derrota ante los Leones de Caracas cuando ya tenían el título en el bolsillo.

El pitcheo volvió a ser clave. Mayagüez ganó por blanqueadas (2-0 y 1-0) sus dos primeros juegos a Cibao y Culiacán, superó luego 7-6 al Caracas y en el juego crucial, con Antonio Chévez en la loma trabajando 9 entradas y un tercio, derrotó por 3-2 al Cibao. El pitcher ganador por Mayagüez fue el relevista Dennis Kiney, pero el trabajo monticular realizado por Chévez, fue el factor que permitió mantener a Cibao en jaque.

Posteriormente Mayagüez derrotó 9-3 a Culiacán garantizando el gallardete, y después de una noche de juerga celebrando, los Indios perdieron el último juego frente al Caracas por 7-2.

Ésta fue en síntesis, la fulgurante trayectoria de un sorprendente equipo que clasificó casi clandestinamente en cuarto lugar, y luego arrasó con la oposición en las series decisivas hasta coronarse Campeón del Caribe.  

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