- Se estima que en Rivas hay unos ocho trapiches, entre éstos resalta el trapiche de Méndez, que lleva aproximadamente cincuenta años en la preparación del atado de dulce de rapadura. Un proyecto en vías de aprobación podría cambiar la tradicional forma de su elaboración
Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL/ [email protected]
La aprobación de un proyecto presentado por “Agrofuturo” al fondo de pequeños proyectos del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (Marena) y que se espera financie Dinamarca, podría cambiar la forma de trabajo de los ocho trapiches en el departamento de Rivas que se dedican a hacer el llamado dulce de rapadura.
Aunque en menor escala y a diferencia de años anteriores, los trapicheros utilizan llantas como parte del combustible para la “cocida” (para al final obtener el dulce); con este proyecto se espera reducir el uso de las mismas para contrarrestar los serios trastornos que ocasionan al medio ambiente y a la salud humana.
Las llantas han sido utilizadas en los trapiches por mucho tiempo; puesto que según los trapicheros, “es una forma rápida de combustión”, más que la misma leña.
PROPUESTAS
En vista de esta situación y como propuesta relevante, el proyecto plantea el tratamiento de aguas residuales y desechos sólidos, también que las llantas sean sustituidas por otro combustible que no cause daños ni al medio ambiente ni a la salud humana.
El delegado del Marena en el departamento de Rivas, ingeniero Luis Quintana, dijo que el proyecto contempla primero la aplicación de todas las propuestas a un trapiche modelo y luego en dependencia de los resultados se extenderían a los otros trapiches del departamento.
Se contempla, según Quintana, que se pueda utilizar la cascarilla del arroz para compactarla y luego ocuparla como combustible, en vez de las llantas; previendo que tampoco se puede abusar de la leña, en caso de sustituir totalmente la llanta. También se propuso que los trapicheros siembren especies de rápido crecimiento para que se autoabastezcan.
UN TRAPICHE CON TRADICIÓN
En Rivas no se puede hablar de trapiches sin recordar al trapiche de Méndez, que ha realizado un trabajo de aproximadamente cincuenta años elaborando dulce de rapadura.
Luego de más de cinco décadas, esta actividad dejó de ser rentable económicamente. Ahora es una tradición que se niega a morir y que vive entre los familiares del señor Hernán Méndez (q.e.p.d.), fundador de este trapiche, según sus descendientes.
Conocer la historia de este trapiche es un tema que aún emociona; sobre todo si se llega hasta el lugar que nos puede dar una idea de cómo don Hernán hacía su trabajo, pues aún gran parte de la estructura, desgastada por los años, se conserva.
Héctor Méndez, hijo del señor Hernán, no pudo negar una sonrisa cuando a su mente llegaron buenos recuerdos de esta actividad que se comparaba en los años ochenta como la venta de pan caliente, por la rapidez con que se vendían los atados de dulce.
Recordó que su padre inició en el trapiche utilizando bueyes, que pasaban en grupos de dos dando vueltas al trapiche mientras duraba la actividad, para poder obtener el jugo de la caña; en la actualidad este mismo proceso se realiza con motor eléctrico o con diesel.
Héctor comentó que aunque se ha desligado un poco del negocio, tiene la convicción de que continuará con la tarea de llevar dulce a muchas personas, aunque combinando esto con otras actividades de cultivo, como la siembra de plátanos.
En el mercado capitalino, identificado como uno de los más fuertes para su negocio, el dulce de los Méndez es conocido simplemente por el atado de la “M”, porque en el fondo de los moldes de madera hay una “M” que queda incrustada en los atados de dulce. Ese es un sello que los distingue de los demás, según Héctor Méndez.
<B. LA PREPARACIÓN
Elaborar los atados de dulce puede llevar aproximadamente unas dos horas, en dependencia de la demanda de los mismos. En el trapiche de Méndez hay unos 30 trabajadores.
El proceso comienza con la molida de la caña para extraer el jugo, esto es movido por un motor eléctrico o de diesel. Luego este jugo se traslada a las calderas, donde se le añade una mínima porción de cal “para contrarrestar la descomposición de la caña”, asegura Méndez.
El próximo paso es limpiar el jugo y para ello se utiliza la cáscara del guásimo, esto hace que la suciedad suba a la superficie, para sacarla.
Después, el “guarapo cocido” pasa a otra caldera donde se elabora una miel hasta un punto determinado, que luego pasa a un recipiente donde se produce un proceso de enfriamiento manual (con pala de madera).
Y por último, se pasan a los moldes de madera para que se haga sólido y ahí se termina de enfriar, este proceso dura entre 30 y 45 minutos.