Hacia una reducción más rápida de la pobreza

Joaquín Hamack yUlrich Lächler* Durante enero 14-16 el Banco Mundial y FMI reunieron en Washington funcionarios de los países beneficiarios del HIPC, administradores de los organismos donantes y representantes de grupos de la sociedad civil de los hemisferios norte y sur. El propósito de la reunión era de tomar conocimiento de las opiniones de quienes […]

Joaquín Hamack yUlrich Lächler*

Durante enero 14-16 el Banco Mundial y FMI reunieron en Washington funcionarios de los países beneficiarios del HIPC, administradores de los organismos donantes y representantes de grupos de la sociedad civil de los hemisferios norte y sur. El propósito de la reunión era de tomar conocimiento de las opiniones de quienes participaron en la formulación de los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza (PRSP) que apoyan el proceso HIPC. En muchos casos los pobres mismos han quedado excluidos de decisiones vitales sobre políticas que afectan a su propio futuro y esta conferencia sirvió de base para escuchar de representantes de todas las ramas de la sociedad las opiniones sobre el proceso de la elaboración de los PRSP.

En los últimos años, la comunidad Internacional se ha mostrado cada vez más decidida a hacer frente al desafío de la pobreza, uno de los problemas más fundamentales a los que se enfrenta el mundo actual. La rápida desaceleración del crecimiento económico mundial en el 2001 y proyecciones pesimistas para el 2002 han infundido una nueva urgencia a la cooperación internacional en contra de la pobreza y en pro del fomento de un crecimiento económico duradero que beneficie a los pobres.

Nuestras instituciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, consisten de 183 países conscientes del importante papel que pueden desempeñar para reducir la pobreza. Nuestros países miembros tienen un promedio de ingresos per cápita inferior a los US$1,000 anuales, y por lo tanto ambas instituciones siguen brindando asistencia sustancial a los países pobres mediante el asesoramiento en política económica, misiones técnicas y préstamos altamente concesionales.

Muchos de los países más pobres soportan la carga de una deuda externa que no han podido pagar. Esa es la razón que llevó al Banco Mundial y al FMI a estrechar los lazos de colaboración y adoptar a fines de 1999 un nuevo enfoque para dar asistencia a los países en la lucha contra la pobreza: la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (HIPC). Junto con otros programas de alivio de la deuda, se espera poder reducir la deuda en unos US$35,000 millones. Esa suma equivale a alrededor de dos tercios de la deuda total de 24 países —principalmente africanos— que ya se cuentan entre los beneficiarios. Los recursos que se están liberando están siendo aprovechados para combatir la pobreza.

La nueva iniciativa HIPC presenta una serie de facetas novedosas:

En primer lugar, tiene concretamente por objeto reducir la pobreza extrema, y sobre todo mejorar la suerte de quienes luchan por subsistir con menos de un dólar al día.

En segundo lugar, está concebido para crear en cada país un consenso nacional sobre la mejor manera de atacar los problemas de la pobreza y obtener respaldo interno para las reformas. Los países de bajo ingreso que solicitan alivio de la deuda o nuevos préstamos concesionales al FMI y al Banco Mundial tienen que preparar sus propias estrategias (PRSP) en base a amplias consultas dentro de la sociedad en las que participen los pobres mismos. De esta manera será más fácil cerciorarse de que los problemas estén claros y que las medidas correctivas, en lo posible, se adopten de común acuerdo. El objetivo ideal es que abarquen nuevas prioridades para el gasto público para reencauzar los recursos escasos hacia el alivio de la pobreza.

En tercer lugar, el nuevo sistema se inspira en un nuevo concepto de unir esfuerzos entre los países de bajo ingreso y sus socios externos. Los PRSPs sirven de base para que los donantes externos puedan coordinar su labor y ofrecen a los países una herramienta para canalizar la asistencia recibida hacia quienes más la necesitan.

En Nicaragua, el PRSP fue elaborado bajo los auspicios de la SETEC, con amplia participación del CONPES, que incluye organismos no gubernamentales (ONG), partidos políticos, sindicatos, empresarios, movimientos comunitarios y representantes del gobierno. Se llevaron a cabo contactos en el interior del país con comunidades y líderes cívicos locales, inclusive en la Costa Atlántica, lo que enriqueció el proceso de formulación del PRSP. Sin embargo, aunque el PRSP fue bien recibido, mucho queda por hacer para que más sectores de la sociedad civil queden satisfechos que sus puntos de vista estén debidamente reflejados. Y no sólo eso: hay que fortalecer la cooperación y coordinación del gobierno con la sociedad civil para que las acciones de ambos sean óptimas para el país. Cabe notar que el PRSP es un documento vivo que se va a seguir refinando y actualizando.

El FMI y el Banco Mundial han realizado grandes esfuerzos, junto con los países miembros, para poner en el pleno funcionamiento este nuevo enfoque, pero no siempre con total éxito. En todo proceso nuevo hay una etapa de aprendizaje, y son muchas las experiencias que tendrán que absorber los funcionarios de los países pobres, del FMI y del Banco Mundial. En este momento, estamos haciendo un balance exhaustivo de lo logrado, invitando al público a que nos ayude a comprender mejor lo que sirvió y lo que no sirvió, y pensando en la manera de hacer funcionar mejor el sistema.

Cuando los directorios ejecutivos de las dos instituciones de Bretton Woods se reunirán en marzo para evaluar lo escuchado durante esta conferencia e incorporarlo para hacer modificaciones al procedimiento de preparación de los PRSP, habrá una serie de planteamientos fundamentales que abordar. Por ejemplo, ¿han alcanzado sus metas los procesos participativos establecidos por los gobiernos nacionales? ¿Está bien orientado el nuevo enfoque de lucha contra la pobreza y están bien definidas las metas? ¿Hará realmente que cambie la modalidad de interacción entre los países pobres y los donantes, incluidos el Banco Mundial y el FMI?

En última instancia, cada uno de los países pobres debe llevar la voz principal en la concepción y la aplicación de su estrategia de alivio de la pobreza. Las buenas políticas empiezan por casa y tienen que incluir un intento serio por abordar los aspectos vinculados a la gestión de gobierno. Aún así, las estrategias nacionales no son más que un elemento del esfuerzo total.

La conferencia de enero demostró a los países ricos cuánto les queda por hacer. Hay una campaña de presión cada vez más vigorosa, respaldada por James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, y Horst Köhler, Director Gerente del FMI, para que los países industriales abran sus mercados a las exportaciones de los países pobres y aumenten la asistencia externa a niveles muy superiores a los actuales. La lucha contra la pobreza debe formar parte del núcleo de todas las políticas. La cooperación internacional es lo único que nos permitirá hacer frente a este problema crucial. Sin perspectivas brillantes para los pobres, aguarda al resto del mundo un futuro lleno de sombras.

* Los autores son los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, en Nicaragua respectivamente.  

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