El legendario Roberto “Mano de Piedra” Durán, durante una sesión de entrenamientos, seguramente la última.

Ahora si, “no más”

Edgard Tijerino M. [email protected] Ciertamente, fue algo formidable que vio la vieja raza. Un púgil salvaje y aguerrido, con algo de Hércules y mucho de Sansón. Roberto Durán es un símbolo en el boxeo mundial, un ídolo para los aficionados latinoamericanos, y un mito en Panamá…¿Quién no se sintió atrapado por sus peleas tan electrizantes […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Ciertamente, fue algo formidable que vio la vieja raza. Un púgil salvaje y aguerrido, con algo de Hércules y mucho de Sansón.

Roberto Durán es un símbolo en el boxeo mundial, un ídolo para los aficionados latinoamericanos, y un mito en Panamá…¿Quién no se sintió atrapado por sus peleas tan electrizantes como espectaculares? Un auténtico generador de emociones mientras fabricaba sus nocáuts a base de arremetidas destructivas, Durán fue por largo rato, una gran atracción taquillera.

Por cumplir 51 años el 16 de junio y después de sufrir un aparatoso accidente automovilístico en Argentina hace unos meses, el púgil que se caracterizó por su ferocidad en el ring y sus manos de piedra, ha decidido desconectarse de su peligrosa terquedad y decirle “no más” al boxeo.

En 1972, Durán provocó un gran impacto aniquilando al escocés Ken Buchanan en el Garden de Nueva York. Se convirtió en Campeón Mundial Ligero de la AMB, y su furia impresionó a los expertos. “Tiene fuego en la sangre, agresividad sin pausas y un par de puños paralizantes. Ciertamente, sus manos parecen estar construidas de piedra”, se escribió de él.

Fue ese el inicio de una historia exuberante en hazañas. Exageradamente despreocupado, manejando un alarde de confianza en forma abrumadora, transformando en escombros a sus oponentes, Durán avanzó hacia el Valle de las Leyendas.

Sólo una piedra encontró en su camino antes de obtener su segunda corona derrotando en Montreal, aquel 20 de junio de 1980, al fenomenal Ray “Sugar” Leonard en una batalla de ribetes dramáticos por el cinturón Welter del CMB.

La piedra en el camino fue Esteban De Jesús, el temerario púgil boricua que le arrebató el invicto durante una pelea a 10 asaltos antes de cerrarse 1972…No estaba a riesgo su título recién capturado, pero si expuso su reputación de “matador”.

La revancha quedó trazada como era obvio…En 1974 en Panamá y en 1978 en Las Vegas, Durán agredió como león hambriento a De Jesús, y logró congelar su acometidad y derretir su resistencia, estableciendo una aplastante superioridad a través de dos triunfos resonantes.

Después de vencer a Leonard en Montreal, Durán alcanzó el más alto nivel de notoriedad en el boxeo mundial, sólo detrás de los pesos pesados, pero, cuando dio la espalda a “Sugar” en Nueva Orleans en el mismo 1980, víctima de la impotencia, y dijo “no más”, su gigantesco ego se deslizó hacia los cuestionamientos más implacables.

Una tercera pelea con Leonard en el 89, terminó con cualquier tipo de discusiones. Sugar, en ese tiempo, todavía flexible como una serpiente, veloz como un signo de taquigrafía, y preciso como los trazos salidos del pincel de Picasso, demostró que calibrando su temperamento, disponía de la cuota de astucia y los recursos boxísticos para neutralizar al “Toro”.

En enero del 82 Durán falló ante Wilfredo Benítez en su intento de una tercera corona, pero en junio del 83, derrotó a Davey Moore en combate por el cinturón Medio Junior de la AMB…Su cuarta corona, fue posible en Febrero del 89 superando en 12 asaltos a Iran Barkley…Eso ocurrió, justamente antes de su tercer enfrentamiento con Leonard, a quién le entregó el botín.

TODOS SE ACABAN

Mientras envejecía y se quedaba sin piedras y sin posibilidad de ofrecer un buen show, ¿Cuántas veces se le recomendó que no siguiera?…No sé, pero nunca entendió. Siempre respondió: “pelearé mientras mis músculos puedan responder”…Lento de movimientos, con sus reflejos adormecidos, su poder desvanecido y su confianza carcomida, Durán estuvo aferrándose a débiles esperanzas, desembocando en frustraciones.

A lo largo de 120 batallas, con balance de 116 victorias y 14 derrotas, incluyendo 70 nocáuts, Durán se veía tan desgastado como Napoleón en Santa Elena, revisando su grandeza, pero atravesando sus últimos días.

“Sorprenderé al mundo”, dijo reiterada e inútilmente. Era un sueño, y también una señal de que sólo en ring, cambiando metralla, se sentía con significado…¿Acaso no nació para ser un guerrero del ring?…¿No es así como lo vamos a recordar por siempre?  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí