Felipe Noguera.

Felipe Noguera: “Si el poder no se ejerce, se pierde”

¿Cómo ejercer el poder en una “nueva era”? Esa parece ser la principal pregunta del presidente Enrique Bolaños, comprometido en su discurso de apertura a “romper con el pasado”. La forma perversa en que el poder se ha ejercido hasta hoy asusta a los discretos operadores políticos del mandatario que se mueven entre la timidez […]

  • ¿Cómo ejercer el poder en una “nueva era”? Esa parece ser la principal pregunta del presidente Enrique Bolaños, comprometido en su discurso de apertura a “romper con el pasado”. La forma perversa en que el poder se ha ejercido hasta hoy asusta a los discretos operadores políticos del mandatario que se mueven entre la timidez y la obsolescencia.
    La situación de Bolaños no parece ser única en América Latina. Después de la caída del presidente Fernando de la Rúa, en Argentina, las democracias latinas muestran su fragilidad frente a un viejo estilo de ejercer el poder que se resiste a morir. Mientras hay una respuesta, ¿cuántos De la Rúa deberán renunciar?
  • “Consultor político argentino considera que el “autismo político” no permite las reformas democráticas que América Latina demanda

Xiomara [email protected]

El consultor político, Felipe Noguera, está convencido de que los problemas que aquejan a su país, Argentina, no son de origen económico, sino político, y que es importante conocer este episodio de violencia y crisis que ha vivido ese país, para intentar evitar que se cometan los mismos errores en países con dificultades similares.

Noguera considera que mucho del proceso democrático que ha vivido América Latina en los últimos 20 años, como la apertura económica, el fortalecimiento de los derechos civiles y Derechos Humanos, han sido aspectos muy positivos, y ese también ha sido el caso de Argentina.

“Podemos decir que la política argentina fue eficiente en democratizar muchos cambios y hacerlos más estables, pero podemos decir también que cuando llegó el momento de cambiar la política, se fracasó. La reforma política que Argentina necesita, los mismos políticos no fueron capaces de hacerla, y creo que esta reforma política que en Argentina se plantea como una necesidad crítica, de una u otra manera va a ser necesaria en casi todos los países de América Latina. Es muy común, viendo distintos países, que el sistema que fue bueno para la transición, para pasar de las dictaduras a las democracias, para integrar Latinoamérica al mundo, de una u otra manera en estos países tuvo su eficiencia, es un ciclo que se ha cumplido, estamos como cumpliendo un ciclo, como mirando a algo nuevo, y en ese mirar hacia algo nuevo la pregunta es si seremos capaces o no de reformar la política”, plantea Noguera.

EL CASO ARGENTINO: UN CASO DE AUTISMO POLÍTICO

Noguera explica que en Argentina tienen tres grandes problemas políticos concretos que tienen que ver, uno con el federalismo y la relación entre el estado federal y las provincias, que hace que no se puedan cerrar presupuestos “porque gasta uno y le pasa la cuenta al otro”. Otro problema grande de gobernabilidad es el desencuentro existente entre el Ejecutivo y el Legislativo frente a una población que, según Noguera, tiene una vocación presidencialista, que le gusta tener un presidente fuerte, pero que en la realidad ese Ejecutivo se enfrenta a un Legislativo dividido que no apoya al presidente. El tercer problema político que Noguera observa es una “línea gris” entre la política y lo judicial, donde los problemas que no pueden resolver los políticos se los pasan a la justicia, y ésta a su vez los regresa.

“Son problemas políticos a los que se les ha tratado de dar una solución económica, sin embargo, en vez de ver qué tipo de reformas políticas hacemos para que entre el Estado federado y las provincias existan presupuestos que cierren, lo que hemos hecho es aumentar el gasto público, endeudarnos y buscamos soluciones económicas con la convertibilidad, la competitividad, etc., con ministros de economía muy creativos, pero tratando de solucionar el problema equivocado, porque mientras siga el problema de fondo que es el político, la crisis económica sólo es una manifestación”, señala Noguera.

“Creo que en Argentina estamos viviendo el fin de un ciclo político, y lo que no sabemos, y lo que nos da miedo, es si realmente nos hemos dado cuenta de la necesidad de generar una nueva política o si vamos a ser tan autistas de seguir insistiendo con lo mismo”, agrega.

DE LA RÚA, UN PRESIDENTE QUE NO EJERCIÓ EL PODER

La caída del presidente De la Rúa, la sucesión de cinco presidentes, los distintos tipos de violencia que se dieron en torno a la caída de De la Rúa, son todos ejemplos de los que hay que aprender, dice Noguera.

El consultor compara ese episodio con la imagen de la segunda Torre Gemela al desplomarse piso a piso sobre su mismo eje.

“Eso mismo ocurrió en Argentina, donde una serie de escenarios imaginables, en algunos casos como la sucesión presidencial que estaba establecida en la Constitución, pero que uno piensa que pueden llevar algún tiempo, una vez que se producen se producen muy rápido cuando se junta mucha tensión”, indica.

Noguera explica que la violencia en Argentina empezó con saqueos de gente relativamente hambreada que pedía alimentos, y a los cuales la Policía y los dueños de supermercados les permitieron tomar los alimentos.

“Rápidamente ingresa una segunda violencia que es cuando los delincuentes comunes, el crimen organizado, las barras de los equipos de fútbol (las barras bravas) y algunos grupos identificados con algunos partidos políticos, aprovechan esta situación y se genera una violencia, ya no de robar alimentos, sino televisores, romper bancos, asaltar”.

“Frente a esto el presidente De la Rúa reacciona de una manera autista, como diciendo aquí no pasa nada, pero voy a declarar el estado de sitio, y no hace cambios en lo que están pidiendo que cambien, entonces aparece una forma de tercera violencia, una demostración, que es cuando la clase media, especialmente de Buenos Aires, sale a los balcones de sus apartamentos, sale a las calles, se va hasta la Plaza de Mayo golpeando las cacerolas, haciendo una bulla fenomenal, y es el electorado de De la Rúa”.

“Al otro día de declarado el estado de sitio, rápidamente la izquierda organizada va a la Plaza de Mayo, busca a la Policía, la provoca, se producen incidentes, hay muertos, nadie sabe qué pasa, y para la noche hay una quinta forma de violencia que es la formación de grupos de vecinos que se cuidan y tratan de disparar a los saqueadores tomándose la ley en sus manos… fueron cinco formas de violencia que se dieron rápidamente, esto nos dice que si bien esa secuencia es lógica, es esperable, lo cierto es que una vez que comienza a suceder se hace rápidamente como la caída de la segunda Torre”, cuenta Noguera.

SE LICUÓ LA VIEJA POLÍTICA

Noguera considera que la sucesión de presidentes en Argentina, paralela a la violencia que se desató, se desarrolló de manera similar a las fases de la violencia: “Renuncia De la Rúa, lo reemplaza el presidente del Senado, llama a una elección, ponen equivocadamente a un presidente interino que llame a elecciones, obviamente un presidente interino en medio de una crisis, cuyo mandato sea llamar a elecciones, no tiene ningún poder, por lo tanto renuncia, entonces el presidente del Senado que debería retomar dice: ‘Yo ya fracasé’, se la pasa al presidente de los diputados que llama a una segunda asamblea que elige a Eduardo Duhalde, ahora para completar los dos años”.

Noguera destaca que toda esta sucesión presidencial se realizó siguiendo la institucionalidad, respetando todas las reglas del juego. “O sea la democracia, podemos decir, que está afianzada al menos en lo institucional, no interviene el Ejército como cuando cayó Abdalah Bucaram en Ecuador, sino de acuerdo con la Constitución, y es legítimo desde ese punto de vista. Ahora, a través de este proceso, ¿qué hay detrás de la caída de todos estos presidentes?”

“La caída de De la Rúa significa no solamente la muerte de la alianza, sino que será muy difícil que cualquiera de la Unión Cívica Radical, del FREPASO, pueda volver a gobernar, como que una parte del sistema político ya se licuó. El presidente que es electo por la primera asamblea, Rodríguez, representa al gobierno de peronismo, del otro partido, su fracaso para gobernar creo que también licua en gran medida la capacidad de gobierno del peronismo, y hoy Eduardo Duhalde es presidente porque lo han apoyado todos y también porque no hay otro, entonces, hoy en Argentina lo que tenemos es que la vieja política se ha licuado, pero todavía no está lista la nueva, ahora los viejos políticos están haciendo un esfuerzo, pero la gente está cansada de eso. ¿Y después qué viene?, hay como un espacio vacío”, señala el consultor.

EL PODER COMO VERBO

Noguera manifiesta que De la Rúa fue electo para continuar con lo bueno de Menem, pero para acabar con lo malo que significó esa Administración, ya que la gente estaba cansada del largo período de diez años de Menem, en el cual demostró una gran capacidad de ejercicio del poder, pero el pueblo lo sentía prepotente y sin sensibilidad social. La población admitía sus logros, pero estaban cansados de su estilo.

“¿Qué sucede?, que De la Rúa actúa más como jefe de Estado que como jefe de gobierno, está en lo formal, él ve la Presidencia como un lugar que se ocupa, no como una función que se ejerce, lo ve más como sustantivo: Yo soy el presidente, y no como el verbo: Yo ejerzo la Presidencia, y esto es fundamental para entender lo que pasó en Argentina”.

“Si el poder no se ejerce se pierde, acá, en la China, en Estados Unidos, en todas partes. Me parece que el presidente De la Rúa actuó de esa manera y ni siquiera tuvo el apoyo de su partido, el Frepaso actuó como oposición, exigiéndole cosas, criticándolo, y él tampoco se acercaba a ellos, entonces no es cuestión de echar culpas, pero es que la cosa así no funciona, un presidente tiene que actuar, entonces a través del tiempo se fue percibiendo al presidente De la Rúa como un autista, como alguien que no entendía lo que sucedía y ese fue el centro de su caída”.

“Hoy no se puede gobernar sin estar bien comunicado con la ciudadanía, sin saber lo que sucede, es fundamental en esta nueva política donde la comunicación es esencial, no tanto la comunicación de hablar, de qué nos dice el presidente o qué nos dice el líder, sino la comunicación del escuchar, y me parece que eso es algo que se perdió en Argentina, el presidente De la Rúa decía: ‘Yo soy el presidente, no se preocupen, el presidente soy yo’, y eso a nadie le importaba, lo que les importaba era qué hacía como presidente”, dice Noguera.

JUNTANDO LOS PEDAZOS

El consultor asegura que la caída de De la Rúa no significa que Argentina quiera volver a Menem, porque si bien Menem es visto como un hombre que sí sabe ejercer el poder, el resentimiento popular contra la corrupción, la prepotencia, son cosas que han calado hondo, por lo que no se trata de dar pasos atrás.

“La gente está mirando hacia delante y ahí está la Argentina de hoy: con los pedacitos que quedaron del viejo sistema político, armar algo que nos sirva para llegar hasta el año 2003 en la próxima elección, pero en el ínterin tenemos la necesidad de construir una nueva forma de hacer política, estamos bajo una nueva Administración que sigue siendo autista porque sigue buscando respuestas económicas a los problemas, piensan que con medidas económicas se resuelve. Es interesante que ya ha comenzado un diálogo que busca cómo desafiarse a sí mismo con sectores emergentes, donde, no necesariamente, participen siempre los mismos personajes bajo el riesgo de caer en las mismas conclusiones. En eso vemos lecciones de la que pueden aprender muchos países”, explica Noguera.

HAY QUE SANEAR LOS PARTIDOS

El investigador Javier Corrales, catedrático de Ciencias Políticas en el Amherst College de Massachussets, en Estados Unidos, considera que es tan importante preocuparse por la democratización interna de los partidos como del funcionamiento correcto de las instituciones en una democracia sana.

-En un estudio publicado en la revista Foreign Affairs, en español, bajo el título “Bono Electoral”, Corrales analiza este asunto y su incidencia en la bienandanza de cualquier gobierno democráticamente electo.

-La llegada del presidente Enrique Bolaños al gobierno, estuvo precedida de tensos episodios internos en el PLC, en el que la “dedocracia” selló el destino de la actual Asamblea Nacional, dominada por un partido que genera muchas dudas respecto al respaldo necesario que debería brindarle al Ejecutivo.

-Para aportar en esta discusión tan actual en Nicaragua, reproducimos algunos fragmentos del estudio citado:

-Una de las transformaciones políticas más profundas que ocurre al surgir la democracia es que los partidos políticos pasan a ocupar un papel protagónico en el manejo de las economías.

-Los dictadores, cuando negocian con la sociedad, lo hacen con grupos de interés, no con partidos. Esto cambia con la democracia. Los presidentes elegidos democráticamente tienen que negociar con los partidos para seleccionar a los miembros del gabinete, conseguir la aprobación de leyes en el Congreso e interactuar con las autoridades subnacionales.

-No sólo es necesario relacionarse con los partidos de oposición, sino también con los demás integrantes del propio partido de gobierno, muchos de los cuales tienen aspiraciones políticas propias o, inclusive, compiten políticamente contra el presidente. Un reto fundamental de todo presidente electo por vías democráticas es obtener la cooperación de los partidos políticos.

-Si los partidos políticos o el sistema partidista sufre problemas, la posibilidad de conseguir dicha cooperación y, por ende, de manejar la economía, se ve perjudicada. Existen dos enfermedades típicas. La primera y más conocida es la alta fragmentación en el sistema de partidos. En un sistema de muchos partidos, con bases electorales estrechas, cada uno de ellos va a defender tercamente sus intereses, generalmente estrechos, sin sentir la necesidad de negociar en pro del bien nacional.

-Ello hace que el Ejecutivo tenga menos posibilidades de intercambiar concesiones con los partidos y que, así, aumenten los costos de negociación.

-La segunda enfermedad, menos estudiada pero no por ello menos atrofiante, ocurre cuando los presidentes carecen de apoyo por parte del partido que los llevó al poder. Esto naturalmente se da en sistemas de partidos fragmentados (ya que ninguno de ellos es lo suficientemente fuerte para dar respaldo amplio), pero también en países donde los partidos son fuertes. Todo depende de la propensión del partido de gobierno a resistir el cambio.

-Los procesos de reforma económica han demostrado ser causantes de divisiones serias dentro de los partidos de gobierno entre los sectores reformistas, por un lado, y los tradicionalistas que se oponen al cambio, por el otro. Es preciso que todo presidente maneje esta división, evitando idóneamente que los tradicionalistas tomen las riendas del partido. De perder el control del partido, la capacidad del Ejecutivo para gobernar desaparece por completo.

-Un Ejecutivo sin apoyo de su propio partido político es un Ejecutivo al desnudo. No tiene una institución que lo respalde contra las resistencias de la sociedad, y, por lo tanto, pierde credibilidad ante los agentes económicos. El Ejecutivo no puede ofrecer garantías de que sus medidas serán aprobadas. Los inversionistas comienzan a dudar de la capacidad del gobierno de impulsar sus medidas. Este problema ha afectado seriamente a muchos gobiernos latinoamericanos en la década de 1990.

CONCLUSIÓN

-Las democracias cuentan con la capacidad de encarar con éxito graves problemas económicos, siempre y cuando los partidos políticos se encuentren en buen estado de salud. Los regímenes democráticos cuyos sistemas de partidos son cohesivos (es decir, no fragmentados), y cuyos presidentes logran el respaldo del partido en el gobierno, tienen una gran ventaja. Son menos susceptibles a los deseos superfluos de los grupos de interés y más capacitados para limitar la incertidumbre. En cambio, las democracias que padecen por la existencia de partidos fragmentados e insubordinados enfrentan serios problemas.

-El punto central es que los partidos políticos desempeñan un papel decisivo en el manejo de la economía. Tanto o más que la ideología del partido, lo que importa es la fortaleza institucional de los mismos y su capacidad de adaptación. Lamentablemente, vivimos en una época en la que tanto los ciudadanos de América Latina como los técnicos que impulsan las reformas desde Washington tienden a desestimar la importancia de los partidos. Reconocen que los partidos sufren graves problemas, pero pocos están dispuestos a dedicar energías para sanearlos. A veces, inclusive, tanto los ciudadanos como los técnicos prefieren sencillamente pasar por encima de los partidos.

-Entre los técnicos, en Washington está de moda recomendar que se hagan todo tipo de reformas institucionales en las burocracias, en las cortes y los órganos del Estado, pero pocos hablan de la necesidad de hacer reformas en los partidos. Hasta tanto persista esa falta de interés en sanear los partidos, la gestión económica de las democracias latinoamericanas seguirá por debajo de su potencial.

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