Éxodo campesino en Minas

47 familias de Unawasito abandonaron sus fincas por temor a represalias de los armados y del Ejército Heberto Jarquín M.CORRESPONSAL/TRIÁNGULO [email protected] El eterno drama de los campesinos del Triángulo Minero que sufren las consecuencias de las acciones bélicas parece no tener fin. Leocadio Dávila, Presidente de la Junta Comunitaria de Unawasito, ubicado a unos 35 […]

  • 47 familias de Unawasito abandonaron sus fincas por temor a represalias de los armados y del Ejército

Heberto Jarquín M.CORRESPONSAL/TRIÁNGULO [email protected]

El eterno drama de los campesinos del Triángulo Minero que sufren las consecuencias de las acciones bélicas parece no tener fin.

Leocadio Dávila, Presidente de la Junta Comunitaria de Unawasito, ubicado a unos 35 kilómetros al noroeste de Rosita, informó que 47 familias integradas por unas 280 personas, abandonaron esa comarca por temor a represalias de las bandas de remanentes del FUAC y de las mismas autoridades militares.

Clemente González, uno de los campesinos de Unawasito, dijo a LA PRENSA: “Me da tristeza dejar botada mi finca, pero no quiero caer en un fuego cruzado ni sufrir represalias de cualquier bando”.

Según González, el Ejército acusa a la gente de la zona de ser colaboradores de la banda de Domingo Quintero “Tinieblas”, que usa como área de refrescamiento la comarca de Unawasito y otras comunidades aledañas al Río Kukalaya. “La Policía nos considera delincuentes”, se quejó.

COLABORAN POR MIEDO

Añadió que “nadie le da un plato de comida a los hombres de “Tinieblas” voluntariamente, simplemente ellos andan un arma y te obligan a que les des de comer.

Pedro Ochoa Salgado, otro de los perjudicados sostiene que “los campesinos estamos obligados a dar lo que nos pidan las bandas armadas, pero eso no es colaboración voluntaria, es tu vida la que corre peligro”.

El campesino puso como ejemplo al señor Eduvigio Jarquín, un anciano asesinado por “Tinieblas” para intimidar a la gente que se negaba a colaborar con los bandidos. “No queremos problemas con el Ejército ni la Policía, y mucho menos con los armados, por eso abandonamos nuestros ranchos, cultivos y animales domésticos”, relató.

¿ADÓNDE IR?

La señora Juana Sánchez Vivas dijo sentirse amargada. “Estamos a la orilla de la carretera (Rosita-Puerto Cabezas), no tenemos que darles de comer a nuestros hijos y tampoco sabemos adónde ir”, expuso esta campesina que participa en el éxodo.

El dirigente campesino de Unawasito, Leocadio Dávila, dijo a LA PRENSA que “unas cinco familias buscaban la manera de trasladarse a Bonanza, pero la mayoría no quiere ir a los centros urbanos porque no hay trabajo”.

INSENSIBILIDAD Y HAMBRE

La activista de Derechos Humanos, Paula Rugama Navarrete, se quejó de la insensibilidad social e institucional ante el drama de los campesinos de Unawasito. “Los gobiernos regional y central los tienen abandonados, la gente no se percata del hambre que oprime el estómago de mujeres, ancianos y niños que huyen de la violencia”, concluyó.  

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