- Gruesa carrocería detuvo tres balas y frenó otra
- Doble milagro se cumplió porque hija no viajó y las otras dos balas no tocaron al conductor
Iván Olivares B. [email protected]
Don Juan José Jarquín siente que él y su hija Marjourie recibieron una nueva oportunidad, luego que por distintas circunstancias ambos escaparan con vida a un intento de asalto en el que la vieja, pero fiel camioneta Mazda que él maneja, le salvara la vida gracias a su motor y su carrocería la mañana de este lunes.
Ese día, don Juan prefirió dejar a su hija quinceañera en casa, para que buscara atención médica por una dolencia que la aquejaba, y se fue solo al Mercado Oriental, donde tiene un negocio, acortando camino como todos los días, por el cauce de Maselí.
Cuando se acercaba al lugar, vio que dos individuos armados de revólveres le ordenaban detenerse, pero él aceleró a fondo su Mazda modelo 1984, y pasó en medio de los dos delincuentes, que al comprender su intención comenzaron a dispararle.
NINGUNA ERA DE MUERTE
Según la trayectoria de las cinco balas que perforaron la carrocería de la camioneta, el asaltante de la derecha fue el más rabioso de los dos: le disparó cuatro proyectiles, de los que dos entraron por el vidrio derecho, uno pegó en la tapa trasera de la tina, y otro en la pared trasera de la cabina.
La quinta bala, disparada por el delincuente de la izquierda, pegó en el paral izquierdo del vidrio delantero, que la detuvo.
Don Juan José —a quien el ataque le recuerda las tácticas aprendidas durante la guerra en la década de los 80 de disparar primero al conductor para evitar que el enemigo escapara— sabe que si Marjourie lo hubiera acompañado el lunes, como todos los días, ahora estaría llorando la muerte de su hija, y sólo espera que la Policía de Ciudad Sandino, pueda sacar pronto de circulación a sus agresores.
FUE UN MILAGRO
Don Juan José Jarquín agradece a Dios y a su camioneta estar vivo.
Atribuye el milagro a Dios, en primer lugar, porque las balas que entraron por el vidrio derecho debieron haber impactado su cuerpo, pero una de ellas pasó a unos centímetros de su abdomen y la otra cayó dentro de la cabina. Ninguna lo tocó, en lo que le parece un milagro evidente.
La dureza del metal de la carrocería del vehículo detuvo la bala, que pegó en la tapa de la tina y la del paral del vidrio. La quinta pegó en la parte trasera de la cabina, que la detuvo lo suficiente como para hacerle sólo una pequeña herida en el codo derecho.