¿Será un ídolo?

El más grande reto para Rosendo Álvarez Edgard Tijerino M. [email protected] De pronto, todos queremos un pedazo de Rosendo Álvarez ¿Se trata sólo del reconocimiento a una actuación boxística descollante?… ¿De la admiración desbordada frente a su fiereza, determinación y grandeza boxística?… ¿Una vez más algo fugaz?… ¿O es que por fin estamos tratando de […]

  • El más grande reto para Rosendo Álvarez

Edgard Tijerino M. [email protected]

De pronto, todos queremos un pedazo de Rosendo Álvarez ¿Se trata sólo del reconocimiento a una actuación boxística descollante?… ¿De la admiración desbordada frente a su fiereza, determinación y grandeza boxística?… ¿Una vez más algo fugaz?… ¿O es que por fin estamos tratando de aproximarnos al ser humano capaz de ser un captador de simpatías con el enderezamiento de su comportamiento y la elevación de su rendimiento?

Esto último lo logró siempre Alexis Argüello. Nicaragua entera sangró por sus cuatro costados cuando Alexis perdió con el panameño Ernesto “Ñato” Marcel, y luego, nuestros corazones se estuvieron derritiendo por 12 asaltos cuando retó al mexicano Rubén Olivares. Cuando el flaco hizo explosión en el round trece, el país se crispó. En ese momento, Nicaragua fue más grande, como si hubiéramos recuperado el Guanacaste y el territorio que se mantuvo en litigio con Honduras.

Cuando Aaron Pryor, cada golpe que recibía Argüello, lo sentíamos todos, y cuando cayó, fue como si nos sacudiera un sismo. Ah, esa idolatría que siempre sentimos por Argüello. Esa relación público-atleta, sólo lograda cuando se trasciende hasta llegar a una plena identificación, algo que desgraciadamente, ha estado distante de Rosendo Álvarez.

Él se fue sigilosamente a Bangkok, Tailandia, en aquel diciembre de 1995 y nos emocionó derrotando a Chana Porpaoin, pero de haber sido derrotado, ningún drama nos hubiera rodeado.

Es decir, que mientras Argüello fue un ídolo prematuro, desde mucho antes de coronarse, Rosendo está tratando de serlo entrando a su mayoría de edad como atleta… Esa ha sido, una gran diferencia.

Por Dios, ¿Qué nos pasa?… ¿Acaso no es Rosendo el mejor atleta que tenemos onza por onza en el repaso de todos los deportes? Se trata de un púgil que puede llegar a obtener tres coronas mundiales pese al tiempo que ha perdido lamentablemente, sumergido en controversias, incertidumbres y mal manejo… La demostración que ofreció el sábado, fue tan impresionante, que nos caló muy profundo y volcamos encima de él, toda la admiración imaginable.

Es difícil convertirse en ídolo. Y es que ese estatus no se fabrica, se obtiene de una forma espontánea consecuencia de una extraordinaria conexión con el público con mucho de espiritualidad.

En el cierre de los 60, Eduardo “Ratón” Mojica se desvaneció después de haber sido un ídolo por encima de sus imperfecciones… En los 70 no terminaron de construirse “Yambito” Blanco, el “Toro” Coronado y Hermógenes Prado… En los 80, por descarte del profesionalismo, lo máximo que tuvimos fue Gustavo Herrera, y en los 90, apareció este Rosendo dueño de una fortaleza exuberante y grandes proyecciones… Vamos, alguien con las características para llegar a ser idolatrado.

UN BATALLADOR

Rosendo fue siempre, un batallador de raza, un chavalo que atravesó por el Servicio Militar hasta desembocar en boxeador, con una dureza que le permitiría creerse capaz de derribar montañas, pero no pudo evitar caer en desviaciones.

Su comportamiento fuera del ring se convirtió en un explosivo “cocktail” informativo para el periodismo y comenzó un antagonismo peligroso, que él y su equipo de trabajo, no supieron manejar por la soberbia… Hoy, las perspectivas parecen haberse modificado, y uno se pregunta más allá del tiempo perdido: ¿Podrá Rosendo Álvarez convertirse en un ídolo? Ése es su más grande reto.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí