Amalia Morales [email protected]
Los inodoros se cambian. Las paredes de algunas aulas se pintan en blanco, y de la huesera de pupitres cada día se saca algún cadáver para repararlo.
Todo eso ocurre en el Instituto Autónomo “Benjamín Zeledón”, de Managua, mientras los estudiantes llegan a matricularse y a reparar las clases que no aprobaron el año pasado.
Las actividades paralelas de reparación y pintura que se ven, se hacen con el aporte voluntario de los padres de familia. “Sin contribución no se haría nada”, afirma Vicente López, representante de los padres de familia en el consejo directivo escolar.
En muchos centros que están bajo el régimen de autonomía escolar, los fondos de aportes se usan también para comprar papelería, material didáctico que el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) no presupuesta.
De esas mismas contribuciones se saca plata para darle un incentivo económico a los docentes.
“Aquí la mayoría de los padres de familia coopera porque saben que el MECD no da todito”, dijo López, obrero de la construcción con dos hijos en el Instituto “Benjamín Zeledón”.
Gladis González, directora del Instituto “Modesto Armijo”, otro centro capitalino, coincide con López. En el Armijo se han invertido cerca de 8,000 córdobas en la reparación de pupitres.
La reparación y adquisición de asientos escolares es un gasto de todos los años para la mayoría de centros de enseñanza.
En el Benjamín Zeledón han reparado 300 pupitres, lo que implicó una inversión de más de 14,000 córdobas. López explicó que dar a componer un asiento cuesta en promedio 60 córdobas.
La reparación y adquisición de nuevos pupitres es también un gasto pendiente en el Colegio “Presbítero Azarías H. Pallais”. Milena Ordóñez, directora del centro, dice que están en buen estado unos 400 pupitres, de un total de más de 2,000, que ahí necesita la población estudiantil.
Ordóñez manifestó que el MECD donó 100 asientos, los cuales fueron puestos en el auditorio donde se realizó la última promoción de bachillerato.
Comprar pupitres o dar a reparar las decenas de esqueletos que se amontonan en el colegio requiere una inversión de miles, reconoce la directora.
Por el momento, lo visible en el Azarías H. Pallais es la fresca pintura de la planta baja en el auditorio, área administrativa, docente y la biblioteca.
Mientras que en el centro Benjamín Zeledón se cambian los inodoros que han mal funcionado en los últimos cinco años. López contó que el cambio de cada inodoro ya instalado anda por los 800 córdobas.
Pero así, como los servicios higiénicos mejoran, también se remozan con pintura las aulas de preescolar.
Para López, la cooperación vale la pena siempre y cuando se vean los cambios en el centro educativo.