Doña Micaela del Socorro Duarte Lacayo, madre del soldado del Ejército vivió varios meses de angustia, pero jamás acpetó que su hijo estaba muerto.

Sobreviviendo al FUAC

Aflicción y temor, maltrato y humillaciones verbales fueron la constante en el trato que los rearmados del Frente Unido Andrés Castro (FUAC), dieron al soldado José Inocente Mercado Lacayo, que pasó dos navidades, dos fiestas de año nuevo, dos elecciones y dos cumpleaños secuestrado por los hombres de José Luis Marenco, el desaparecido líder de […]

  • Aflicción y temor, maltrato y humillaciones verbales fueron la constante en el trato que los rearmados del Frente Unido Andrés Castro (FUAC), dieron al soldado José Inocente Mercado Lacayo, que pasó dos navidades, dos fiestas de año nuevo, dos elecciones y dos cumpleaños secuestrado por los hombres de José Luis Marenco, el desaparecido líder de la citada tropa irregular

Iván Olivares B. [email protected]

José Inocente tuvo dos razones para ingresar al Ejército de Nicaragua: una, es que un amigo le dio cuerda y él se la aceptó. La segunda, la necesidad de los 900 córdobas que le pagarían cada mes.

Se enlistó a finales de 1999, y partió hacia Condega en enero de 2000, donde hizo el Octavo Curso de Infantería. Una vez concluido, fue asignado al Cuarto Comando Militar, con sede en Granada, su ciudad.

La vida en la unidad militar era fácil para alguien cuya vida siempre fue difícil, hasta que lo escogieron para cumplir una misión en Puerto Cabezas.

El tiempo transcurrió, y cuando ya sólo faltaban ocho días para regresar a Granada, un capitán llegó pidiendo siete soldados, escogiéndolo a él primero entre todos. Salieron en un camión con el resto de la tropa, y al pasar por Sumubila, comenzó a notar que el chofer aceleraba cada vez más, hecho que pareció pasar inadvetido para el resto de sus compañeros, hasta que se dio cuenta que estaba cometiendo un error.

¡EMBOSCADA!

El error era que todos estaban juntos, lo que los hacía un blanco fácil de eliminar con una sola ráfaga, por lo que se apartó de los demás hasta que las ametralladoras hablaron dejando oír un mortífero “pa-la-la-la, pa-la-la-la, pa-la-la-la”, que confirmó el peor de sus temores: habían sido emboscados.

Siguieron momentos de extrema tensión en que las balas y dos granadas de M-79 pasaron cerca de él, sin herirlo. A como pudo saltó del camión y comenzó a contestar el fuego, esperando que sus compañeros lo secundaran, hasta que el sonido de un arma manipulada a sus espaldas, le indicó que el combate había terminado para él.

Vendrían entonces interminables días de caminata con los hombres de Marenco, en los que lo usaban para llevar las cargas más pesadas, cocinar, traer agua, lavar trastes y en algunas ocasiones, lavar ropa.

¿Escapar? Pensó mil veces en escapar, pero siempre supo que estaba siendo vigilado cuando iba a traer agua, y temía perderse en las montañas, de modo que se contentó con mantenerse con vida, aunque no pudiera ver a las personas que amaba, la mayoría de los cuales lo daban por muerto en Granada.

MENÚ DE GUERRA

Como saben quienes han combatido en la montaña, el menú del grupo no pasaba de mono, danto o pava asados o cocidos con sal, y a veces, cuando había suerte, algo de arroz o frijoles.

Para su fortuna, los ilegales nunca lo torturaron físicamente ni amenazaron con matarlo, pero se sentía mal porque lo humillaban de palabra, y porque hubo veces en que debían retomar el camino aunque él tuviera malaria, diarrea o dolor de cabeza.

José Inocente, que fue apodado “El Pelón” y “El Nacional”, dice que sus captores le hablaron varias veces acerca de las razones de “su lucha”, explicándole que estaban contra la pobreza, aunque no pudo decir si los rearmados se identificaban con algún partido político, o de dónde obtenían sus armas y uniformes.

MARENCO ESTÁ MUERTO

“El Nacional” recuerda que los siete u ocho combates que sostuvieron sus secuestradores, los pasó en la cocina preparando la comida para los que sobrevivieran, hasta que un día Marenco no volvió. Dice que no lo vio muerto, pero supo de su deceso porque no volvió a verlo (después de un tiempo, notó que “Tinieblas” también había desaparecido), y porque desde entonces pasó a servir bajo las órdenes de “Tyson”.

Después de un tiempo, el jefe irregular —que sólo le daba órdenes por medio de terceras personas— decidió dejarlo en la casa de una familia campesina evangélica, que lo llevó a la casa del pastor, donde se quedó a vivir y trabajar por unos días.

SALVANDO AL SOLDADO MERCADO

Una tarde, 597 días después de haber sido secuestrado, la voz del teniente Nelson Aragón le anunció su libertad cuando llegó hasta él, y le preguntó: “¡José Inocente Mercado! “¿Es usted José Inocente Mercado?”. El “sí” que emitió su garganta conjugaba en un sólo monosílabo la llama de la esperanza que permaneció encendida en su corazón durante casi 20 meses, junto con el temor de que lo confundieran con un rearmado y tomaran alguna represalia contra él.

Para evitarle problemas, el pastor le hizo una carta en la que pidió expresamente a las autoridades militares no hacer daño alguno al recién liberado reo, carta que causó risa al teniente coronel Barahona, ante quien José Inocencio fue presentado cuando por fin llegó a Siuna, después de unas nueve horas de caminata desde donde estaba, hasta la carretera.

“¿Por qué íbamos a hacerle daño?”, preguntó el jefe militar.

A partir de entonces, las cosas ocurrirían vertiginosamente: la entrevista con los oficiales acantonados en la ciudad, la compra de ropa y un boleto para que volara hacia Managua, la coordinación con las autoridades capitalinas para que lo reconocieran en el aeropuerto, y su traslado al Hospital Militar donde lo chequearon física y sicológicamente para determinar su estado, hasta que lo entregaron a sus parientes el pasado viernes.

Ya de regreso en casa, José dejó el alcohol, se hizo evangélico (abrazó la religión en la casa del pastor en la montaña), pese a que su familia es católica, y por ahora está más preocupado por su estatus en el Ejército (teme que le den de baja definitiva o que dejen de pagarle los 900 córdobas mensuales que su familia pudo cobrar durante su cautiverio ahora que está libre), por lo que no ha tenido tiempo para enamorarse otra vez.

Una vez concluida la entrevista, y confirmando que no fue torturado de ninguna forma, José respondió dos preguntas más:

¿Tuviste algún encuentro amoroso durante tu secuestro?

No, ninguno. Ahí no había mujeres.

Al estar tanto tiempo entre hombres, ¿nunca intentó nadie seducirte o abusarte?

No… definitivamente no.

“¡ALÍSTESE!”

María Sodelba Mercado es la cumiche entre las mujeres de la familia. José Inocente es el cumiche de los varones. Estudió hasta el quinto grado.

Nacido el 28 de diciembre de 1973, José Inocente, al igual que sus nueve hermanos vivos y los otros cuatro que murieron, son hijos de la fructífera unión de don Máximo Agustín Mercado y doña Micaela del Socorro Duarte Lacayo.

Aunque María prefería no hablar de ello, estaba segura de que su hermano estaba muerto, y trataba de que su madre aceptara lo que para ella era una realidad. Tal vez por eso quiso el destino que ella, la incrédula, fuera quien recibiera la visita de un mayor del Ejército durante la primera semana de este año.

“Cuando lo vi temí que trajera malas noticias, pero me confundió porque traía la cara sonriente”, recuerda. “Preguntó por mi papá y mi mamá, pero como no estaban, le dije que aquí estaba yo. Que me dijera lo que tuviera que decir”, añade, asegurando que no permitiría que les entregaran un ataúd lleno de chagüites, “como en la época de los sandinistas”.

El mayor le dijo: “Alístese, que vamos a ver a su hermano. Él está vivo”. “¿Cómo… que está vivo?”, preguntó mientras las palabras y los sentimientos se atropellaban en su garganta y su corazón.

Lo demás fue visitar al hermano, preparar la casa para su retorno, ayudarle a sobrepasar el susto cuando llegó a la casa y encontró que ahora tenían un perro llamado “Tyson”, como su captor, y prepararle la sopa de pescado con leche, que fue el primer plato especial que pidió cuando regresó a la bendición del hogar y el disfrute de la libertad.  

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