- Otra vez la maldita pesa marcó más
Edgard Tijerino M.Enviado de LA PRENSA a [email protected]
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo… Cierto Rubén, cierto, y más la piedra dura porque esa ya no siente… Qué terrible fue la angustia por la que atravesamos ayer mientras Rosendo Álvarez batallaba por más de seis horas por evitar volver a perder el título en la báscula.
Menos mal que lo logró. Así que la primera batalla fue ganada dramáticamente contrarreloj, en medio del natural suspenso.
El fantasma del Hotel Hilton en Las Vegas aquella tarde de noviembre de 1998, apareció nuevamente en escena y alteró los nervios de todos nosotros en el Salón Court View del Jai Alai, cuando Rosendo Álvarez registró 108 libras y media.
El temor comenzó a crecer al mediodía, cuando Rosendo se encontraba con una libra encima del límite. En el campamento del colombiano Ener Julio, la situación era más complicada, porque en horas de la mañana había marcado un excedente de cuatro libras… Sin embargo, en un operativo intenso de reducción que incluyó baños con alcohol y otros trucos, Julio superó la dificultad.
De Siriwat, se dijo que también enfrentaba serios problemas de peso, y que ni siquiera podía sudar, pero el tailandés se burló de los temores.
En el programa Doble Play, el supervisor del entrenamiento de Rosendo, Héctor Pérez, su esposa Anita y Luis Spada, aseguraron que el excedente de peso era de sólo tres cuartos de libra, y que descartaban cualquier tropiezo.
Según ellos, Rosendo sólo fue capaz de rebajar un cuarto de libra entre las doce del día y las cinco de la tarde, hora en que se realizó el pesaje oficial.
“Ya, ya pasó todo. Fue sólo un inconveniente inesperado. Ahora a comer y dormir para pelear mañana con toda la furia imaginable. Espero que esta incomodidad convierta en más fiero a Rosendo”, dijo Héctor Pérez.
Después de dar el peso 40 minutos después del primer intento, en el margen de las dos horas disponibles, Rosendo cayó en una butaca, se tomó casi tres cuartos de litro de refresco y me dijo: “Por favor, hablemos cuando llegue al hotel. Estoy tranquilo, me siento fuerte, mañana hablarán mis puños”.
Pensé, dichoso el árbol que es apenas sensitivo. Cierto, Rubén, cierto.