- A 135 años de celebrarse el nacimiento del gran poeta nicaragüense, Rubén Darío, jóvenes desconocen incluso hasta esta fecha
Arquímedes González [email protected]
Le llaman “poeta” pero no lo es. Se llama “Rubén”, pero tampoco es el gran bardo que revolucionó la poesía y de cuyo natalicio hoy se cumplen 135 años. Es Rubén Benito Darío Salgado, de 59 años, el nieto, el abogado, el padre de familia, el trabajador.
Nos recibe en una oficina demacrada en el edificio del Ministerio del Trabajo. Acercamos dos asientos con grandes grietas y cicatrices de maltrato hacia su escritorio roído por el sarro, mientras atrás, una muralla de archivadoras divide el espacio con otra oficina, como el paso del tiempo separa los ojos del nieto de los del gran Rubén.
El poeta Félix Rubén García Sarmiento, hijo de don Manuel García (o Manuel Darío) y doña Rosa Sarmiento, nació en la ciudad conocida entonces como Chocoyos (o Metapa, hoy ciudad Darío), el 18 de enero de 1867.
Fue bautizado en León de Nicaragua el 3 de marzo de ese mismo año, y durante casi toda la infancia acompañó a su madre en interminables idas y venidas de Honduras a Nicaragua, para después terminar en León, donde fue criado por sus tíos-abuelos maternos, don Félix Ramírez y doña Bernarda Sarmiento.
QUISO ESCRIBIR
Las pupilas cansadas del nieto de Darío, nos ven fijamente. Nos cuenta que es “nieto directo” de Rubén Darío, su padre Rubén Darío Sánchez, fue el hijo de Francisca Sánchez, o sea, descendiente de la “rama española”. Mientras su progenitora es Cecilia Salgado Dubón, de sangre leonesa, aunque afirma que vinieron a Managua antes del terremoto de 1972.
Las primeras poesías de Darío aparecieron en la prensa de esa localidad y también en Rivas en junio de 1880. Al año siguiente se trasladó a Managua, se convirtió en periodista antes de cumplir los quince años, y comenzó a escribir hasta poco antes de su muerte.
El bochorno de la tarde se siente en la dependencia donde se dirimen acciones de demandas que organismos de trabajadores denuncian a otras entidades internacionales. Todos están tranquilos en sus escritorios, de cuando en cuando, nos ven. El nieto cuenta que cuando joven tuvo un período en el que practicó la poesía, pero lo dejó por la gran “sombra” que lo seguía.
“Cuando presentaba mis poemas, me los comparaban con los de Rubén y me resultaba odioso, así que decidí guardarlos para que quedaran tranquilos”, dijo jugando con sus anteojos.
Recordó que estudió en La Salle, y recibía clases en el convento de los Hermanos de Cristo porque aspiraba a ser cura. “Me imaginaba recorriendo varios lugares salvando a los infieles”, dice, mientras la Santa Biblia descansa debajo de otros papeles de importancia para los meros mortales.
NO SE HAN RESPETADO LOS DERECHOS DE AUTOR
Luego quiso estudiar medicina, pero al final se apuntó a la abogacía. Durante su juventud recibió remesas de dinero de editoriales europeas y españolas por la publicación de los libros de Darío, pero eso acabó. “Un día recibí una carta en la que liquidaban las remesas porque decían que su obra ya era del dominio universal porque ya tenía más de 90 años de fallecido”.
Reconoció que en el extranjero le respetaron esos derechos de autor, aunque lamentó que en Nicaragua “es donde menos se han respetado”. A su derecha lo acompaña la pintura borrosa de una niña –—Margarita?— y más adelante la única referencia de su abuelo: la foto de la estatua que está en las cercanías del Teatro Nacional que lleva su mismo nombre.
Actualmente tiene dos hijas y una nieta. O sea, que Darío es tatarabuelo de una niña de seis años llamada Cecilia Alejandra.
“Rubén pasa” —¿la caravana pasa?— “pero su obra es un monumento inmortal”, afirma, mientras se acomoda en la silla que reclama con pequeños chillidos.
EL IGNORADO
Afuera, junto a un grifo abierto del que sale el chorro de una fuente de agua clara, se oye el rumor de las hojas que dicen o ¿no?: “Si oyes los rumores de la ignorada arpa mía… oirás ecos de dolores… mas sabe que tengo flores también… de dulce alegría”.
Y un poco más allá, protegido por la sombra, descansa Oscar Córdoba, de 17 años. ¿Qué se celebra mañana (hoy)? “Mañana es viernes… ehhh 17 ¿verdad?”. ¿Sabés quién es Rubén Darío? “Un poeta”. ¿Qué recordás de él? “Eee… que era un poeta”. ¿Y qué más? “Es que eso me lo enseñaron hace años…. Ve, la verdad estás perdiendo el tiempo. No sé nada de ese tipo”.
Prosigue, “triste poeta” se oye decir más allá, “llorando tus dolencias”… “las hojas de los árboles se espantan ¿Será un grito? ¿Será un reclamo?”. Una señora de mirada afable, camina bajo el abrasante sol. “¡Miseria de no ser más… que continuación errante… de los que van adelante… y los que vienen atrás!” Su nombre es Adela Valle. “¿Mañana? Es 18 de enero” ¿Sabe que un 18 de enero nació Darío? “No sabía. La verdad, solamente sé que fue un buen poeta”.
Y el viento me aleja el rumor de su voz: “Desde que soy… desde que existo… mi alma está triste hasta la muerte”, dijo el poeta. Darío murió en León, el 6 de febrero de 1916.