De inversionistas e inversiones

Jorge Salaverry*

La siguiente cita apareció en un artículo publicado recientemente en la prestigiosa revista inglesa, The Economist: “Han pasado más de 200 años desde que Adam Smith observó que la gente disfruta de su pan de cada día, no gracias a la benevolencia del panadero, sino gracias a la egoísta búsqueda de utilidades de éste. En esa observación y en sus implicaciones, descansa el caso del capitalismo de mercado. En sus vidas económicas, las personas actúan como si no les importara el bien público. El resultado, sin embargo, es que, gracias a la operación de la mano invisible, sirven el bien público mejor de lo que cualquier planificador social pudiera hacerlo alguna vez. En la actualidad, el triunfo del mercado se da por sentado. Pero esa victoria está lejos de ser completa debido a que la observación de Smith, aún ahora, no es ampliamente creída”.

La cita anterior está estrechamente relacionada con una afirmación que el peruano, Hernando De Soto, autor del famoso libro, “El otro sendero”, hizo también recientemente. De Soto está convencido de que a principios de la última década del Siglo XX, no triunfó el capitalismo, sino que fracasó el socialismo, y es de la opinión de que para que se pueda hablar de un verdadero triunfo del capitalismo es necesario primero que la gente entienda bien que es el sistema que mejor la puede beneficiar.

No creo que pudiera estar más de acuerdo con las opiniones de The Economist y de Hernando De Soto, y por eso me pareció oportuno traer este tema a colación, especialmente en estos momentos en que hemos recibido la visita de cientos de hombres de negocios de Estados Unidos y de Asia, principalmente, que vinieron invitados por el presidente Enrique Bolaños a participar en el Foro de Inversiones que tuvo lugar el día siguiente de su inauguración como Presidente de la República.

Creo que es importante estar claros de la significación de ese evento para que, a través de él, logremos una mejor comprensión y aceptación del sistema capitalista o de economía de mercado —o neoliberal—, como prefieren llamarlo sus más furibundos detractores. Hablemos claro: los inversionistas que nos visitaron son hombres y mujeres de negocios en búsqueda de oportunidades de inversión, o sea, en búsqueda de utilidades. ¿Hay algo de malo en eso? Por supuesto que no, salvo para aquellos que en el fondo de sus corazones odian el sistema capitalista porque “no buscan el bienestar público sino el interés personal”. Estos son los que idolatran al Estado y quisieran que éste resolviera todas las necesidades de la gente para que no existieran los “egoístas empresarios”.

Aún así, resulta casi imposible encontrar a alguien que honesta y abiertamente exprese su desprecio por el libre mercado. Lo más probable es que quienes detestan el sistema capitalista digan que están a favor de que vengan inversionistas y de que haya inversiones extranjeras, siempre y cuando, agregan, que ellas “beneficien a la sociedad” o que “sirvan al bien común”. Quienes así se expresan no han logrado entender por qué el capitalismo funciona y es eficaz para crear riqueza y para hacer que los países y las personas hagan la transición de pobres a ricos.

Qué bueno sería si tuviésemos la capacidad de observación que tenía Adam Smith. La verdad es que los inversionistas no vienen a ver cómo sirven al bien común o al bien público, y si lo dicen, mienten. Vienen a buscar utilidades, y está bien, porque, como bien lo entendió Smith en aquel entonces, y The Economist y De Soto ahora, es precisamente a través de esa búsqueda de utilidades que los inversionistas, sin desearlo ni intentarlo, sirven al bien común.

Lamentablemente, son muchas las personas que en Nicaragua y en toda América Latina no se han percatado de eso, y mientras eso no suceda, habrá siempre un velado rechazo al sistema capitalista, el cual seguirá siendo visto, exclusivamente, como un sistema egoísta, y no como el sistema más efectivo y eficiente para crear riqueza y para mejorar la condición de vida de la gente que ha existido en toda la historia de la humanidad. A la perpetuación de la visión deformada del efecto benéfico de la economía de mercado contribuye un buen número de individuos que, al mejor estilo del deschavetado de Chávez en Venezuela, despotrican a diario en sus escritos periodísticos en contra del “neoliberalismo”. Pero, por de pronto, bienvenidos sean los inversionistas.

*El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More.
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