- César Augusto Herrera en
sorprendente retorno al fútbol de Primera División
Ramón Mendoza H./Especial LA [email protected]
César Augusto Herrera no olvidará jamás aquella calurosa tarde del mes de abril de 1981, cuando aún siendo un chavalo debutó en el fútbol de Primera División nada menos que con el Real Estelí frente al Bautista para convertirse en el primer somoteño en jugar en esa categoría.
La dirigencia estiliana tenía buenas referencias de Herrera y en el primer juego que lo tuvieron disponible lo “soltaron” como titular.
El resultado no pudo ser mejor: el muchacho al recibir un balón habilitado desde el medio campo por el hondureño Vanny Mejía, con su proverbial habilidad y rigidez, se desembarazó de la marcación para depositar el balón al fondo del chinchorro, allí justamente donde los peces se convierten en pescado.
La fulgurante ejecución cegó con su resplandor al entonces brillante prospecto de la portería Danny “La Pantera” Téllez.
Fue el inicio de un brillante y corta participación en el fútbol de Primera División, pues Herrera en ese breve trayecto dejó fehaciente testimonio de su extraordinaria talento futbolístico, que lo convirtió en una de las figuras relevantes de aquel equipo que incluía en sus filas a jugadores como Otoniel y Samuel Olivas, Johnny Molina, Silvio Cortes y los hondureños Vanny Mejía y Adán Amador.
Este domingo César Herrera buscó un reencuentro que tuvo un punto de convergencia con el de aquella lejana tarde de abril en que debutó por primera vez en Primera División, al demostrar que aún dispone de herramientas para apoyar el trabajo de su club, el reiniciar su carrera deportiva contra el Real Estelí cuya afición la tributó múltiples ovaciones en aquellos inolvidables días.
Insertado en un plantel donde predomina el talento joven, como el del Real Madriz, Herrera se han entregado de lleno a los exigentes entrenamientos con el entusiasmo de siempre, dispuesto a ratificar la calidad de antaño y ha demostrar que no desentona en ese contexto.
Al retirarse del fútbol de Primera Herrera siguió jugando en los campeonatos de segunda división con el entonces Real Somoto y logró incluso conquistar lideratos de goles en esos torneos, pero lamentablemente el equipo no pudo en esa época conseguir el deseado ascenso.
Por razones reglamentarias —su edad— no tuvo acción con el Real Madriz que logró su multimerecido ascenso a Primera División, el coronarse campeón de Tercera y Segunda División y liquidar en insólito repechaje al Bautista en 1999.
Hoy César Augusto Herrera que lleva la casaca madricense no solo sobre su piel, sino encarnada en su corazón, deberá demostrar que es cierto el dicho: “Donde hubo fuego cenizas quedan” y aferrado al mismo pretende ser como el Ave Fénix para resurgir de ello.
Sabe que el implacable tiempo le ha robado la velocidad y flexibilidad de antaño, pero en cambio le ha otorgado valiosa experiencia y lo que es esencial: su corazón de inclaudicable guerrero en la cancha está intacto.