- Diego Ráudez evoca con orgullo una carrera plagada de impactos
Edgard Rodríguez C. [email protected]
La noche del 2 de diciembre de 1982, Diego Ráudez elevó su pitcheo a niveles distantes de cualquier pretensión. Frente al brioso y agresivo equipo de la Costa Atlántica, el experto en pitcheos submarinos coleccionó la friolera de 20 ponches, para implantar un récord que muestra firmeza pese a los días.
Pero esa jornada fue quizá sólo la parte más empinada en una sólida trayectoria que se caracterizó por la constancia y consistencia, las agallas y el coraje, mientras se delineaba una ruta que no ha tenido más caminantes. Ahora Diego está entre los espectadores, pero con su perdurabilidad asegurada.
“No voy a negar que siento mucho orgullo de mi carrera. Fui un pitcher bravo, no andaba con rodeos a la hora de lanzar, y eso me permitió sentir el respeto de los aficionados”, señala Ráudez, en medio de la emoción que le causó el aplauso del público durante la jornada inaugural el viernes en Granada.
A través de su carrera iniciada en Matagalpa, pero con su etapa de esplendor en la Gran Sultana, Diego fue la cabeza visible de los staffs con que contaron los Tiburones durante una larga época. Se le llegó a conocer como el “Rey del Ponche” y “Chocolate” lo llamaba el estelarísimo Diego Ráudez.
“Fue una etapa muy emocionante para mí. La gente me hablaba del partido de la noche anterior en las calles y confiaban en mí. Pienso que la gente apreciaba además de mis condiciones, mi valentía. Eso le gusta a los fanáticos, que te partás la vida en el terreno”, señala el otrora “as” sultaneco.
Pero no todo fue miel sobre hojuelas para este carabinero, que también se caracterizó por expresiones controversiales en las entrevistas, y que en 1983, fue devuelto por razones disciplinarias desde Caracas, Venezuela, durante los IX Juegos Panamericanos, que produjeron la medalla de plata.
“Son cosas que a uno le suceden, son experiencias”, dice lacónicamente, el tirador que se agenció las únicas 3 victorias que logró Nicaragua en 1986 en los Centroamericanos y del Caribe en Dominicana, y que en más de una ocasión se fajó de “tú a tú” con los cubanos en la época de Mesa, Casanova, Gurriell, Urrutia y Urquiola.
Quizá entre las cosas más polémicas de Ráudez, destaca la ocasión en que el periodismo creó una gran expectativa sobre duelo contra el enrrachado bateador de los Industriales Apolinar Cruz, quien salió mejor parado al conectar par de cañonazos, entre ellos un jonrón… y la racha continuó.
“Lo que pasa es que se me durmieron dos dedos cuando le lancé a Polín”, dijo Diego en aquel instante. Pero aun con eso, su calidad nunca estuvo en discusión, y menos aún su bravura, ese factor que por lo general no se capta tan a menudo entre nuestros monticulistas del béisbol actual.
EL ESTELARISIMO
Además de los 20 ponches ante la Costa Atlántica, Ráudez le metió 15 al UNAG el 26 de febrero de 1983. Ese año acumuló 220 abanicados, que constituyen el récord nacional.
Fue líder en ponches tres veces: en 1983 con los 220, que dejaron a tras la marca de Andrés Torres (203), en 1985 con 102 y en 1986 con 95.
Su máximo total de triunfos fueron los 18 de 1983… El 13 de enero de ese mismo año lanzó 16.1 ante los Dantos y Luis Cano, quien tiró 17 episodios.