José Adán Silva [email protected]
La escena fue la misma de muchas veces atrás, y sería, por mucho tiempo más, la misma. La periodista de televisión se acercó, temerosa, donde Alemán se encontraba rodeada de sus escoltas. En el ambiente político se manejaba la noticia de que el mandatario había adquirido a precio de guate mojado una hacienda donde vehículos y maquinaria del Estado trasladaban materiales y hacían mejoras.
La joven le preguntó por qué en una finca privada había recursos del Estado… Y no terminó de hablar. Un Alemán feroz y agresivo la interrumpió con una larga y dura verborrea que terminó en “envidiosa, tiñosa”.
La joven, un poco aturdida, tuvo aún fuerzas para intentar preguntar, pero ya Alemán había dado la vuelta rápidamente, mientras la joven era casi arrastrada por la corte de seguidores del presidente. Un periodista de una radio oficialista comentó que la joven tenía culpa por “molestar al hombre”. Todo lo anterior fue una constante durante cinco años de gobierno, no en balde, Alemán durante su discurso final pidió disculpas a los medios y sus periodistas.
Para el periodista Guillermo Cortés, director de la revista Medios y Mensajes, no todo en la Administración Alemán, en su relación con los medios, fue tan negativo.
“Hay un punto positivo, increíblemente, como el hecho de que se haya mantenido la libertad de expresión, ésta es una conquista importantísima no sólo para los periodistas, sino también para toda la población en general”, dice Cortés, quien sin embargo, reconoce la dureza del trato de Alemán hacia los medios.
“Ciertamente hubo restricciones a la libertad de expresión, pero el balance global en ese sentido, es totalmente positivo. Si alguien quisiera acusar a Alemán de haber impedido la libertad de expresión, no creo que sea cierto, se mantuvo, pese a los diversos atropellos que han sucedido contra los medios y los periodistas. No hubo ninguna ley que restringiera estos derechos de la población, y las acciones que hubo en la práctica, de carácter restrictivo, no tuvieron una relevancia para erosionar esa libertad, de modo que en este aspecto global, podemos hablar de un aspecto positivo”, dice.
No obstante, señala que peores relaciones entre los medios y el gobierno de Alemán, no pueden haber existido. “Ciertamente estoy diciendo que prevaleció la libertad de expresión, pero esto no significa que es un mérito de la administración del doctor Alemán, sino más bien una actitud destacada de los periodistas”, dice, para enseguida apuntar que, en cierto momento, Alemán parecía intimidar a los medios con su poder.
“Es cierto que al final no pudo tomar medidas jurídicas contra los medios, sin embargo, atacó, amenazó, encubrió, insultó… tantas veces, a tantos periodistas, que parecía que estaba tratando de crear condiciones para que los periodistas nos intimidáramos y nos autocensuráramos”, señala.
“La de Alemán fue una política de confrontación abierta y total contra los periodistas. Los casos contra Gustavo Ortega, Eloísa Ibarra y William Roiz, no fueron hechos aislados. Él aprovechó su tribuna pública, sus conferencias de prensa, sus discursos a la nación, sus comunicados, su Secretaría de Comunicación, su programa, para atacar una y otra vez al periodismo nacional”, anota.
Según el especialista en medios, Alemán atacó más a los periodistas que a los propios medios o sus dueños, ¿y qué ocurrió? “Que los periodistas no se amilanaron, y ahí nomás tenés que los periodistas que te he mencionado no echaron pie atrás, no cambiaron su punto de vista, su enfoque noticioso. Eso significa que hubo una resistencia del periodismo nacional”.
MALA RELACIÓN FUE CUESTIÓN DE PERSONALIDAD
Según Cortés, fue la denuncia de los casos de corrupción lo que encendió más los ya excesivos ataques de Alemán que, de acuerdo con su juicio, nacen más de la propia personalidad conflictiva del ex mandatario, que de denuncias.
“Los hechos de corrupción denunciados, con pruebas y todo, fueron quizás una de las principales motivaciones para que Alemán actuara así, aunque creo que si Alemán actuó así fue por su propia personalidad, que es la de un hombre obsesivo que todo lo personaliza, autoritario y conflictivo”, dice.
Para el director de la revista Medios y Mensajes, este diez de enero se llegó al final de una “dura administración de cinco años de hostilidad, agresión y humillaciones al periodismo nacional y de ataques y boicot a medios de comunicación social, de parte del presidente Arnoldo Alemán Lacayo”.
“Alemán no deja de ser un caso único, ya que es paradójico que siendo un gran comunicador con la población, sea lo contrario con los medios”, dice, mientras señala un editorial de su revista donde argumenta sus palabras: “Alemán es «popular», dicharachero y bromista, campechano y refranero, igual abraza a un anciano que a una señora, un niño o una joven, y es capaz de sonreír ampliamente; se comunica rápido con la gente porque crea una atmósfera de confianza, acercamiento e intimidad”.
“Pero a los periodistas el presidente Alemán no los puede ver ni en pintura, a menos que sean incondicionales suyos, castrados moral y profesionalmente, incapaces de situarse críticamente frente a la gestión gubernamental, aduladores y propagandistas atrincherados en la descalificación y la falta de ética, que se hacen de la vista gorda de la corrupción oficial, de la pedantería, el autoritarismo, la chabacanería y la vulgaridad”, expresa.