Eduardo Enríquezeduardoenrí[email protected]
Dicen que durante aquellos días de campaña y precampaña, cuando se presionaba a don Enrique Bolaños para que marcara distancia de Arnoldo Alemán, de los desmanes de su Administración y del Pacto, él respondía pidiéndole calma al que lo presionaba, y a manera de explicación le decía que “a veces, hay que navegar con bandera de pendejo”, o sea, con bandera de tonto, según dice el diccionario.
A mí no me consta que esas hayan sido las palabras del actual presidente, pero a todos nos consta que, en efecto, tuvo que hacerse el desentendido en muchas cosas que hicieron Alemán y sus funcionarios para poder llegar a donde está ahora y no quedarse en el camino como muchos otros. Pero eso ya está en el pasado y es hora de cambiar de bandera.
Digo esto por la reciente derrota que sufrió el candidato de Bolaños en la Asamblea Nacional. Me pareció que el nuevo presidente y sus políticos hicieron gala de una gran incapacidad al no poder conquistar seis votos de una bancada liberal de 52.
Sí, la palabra es incapacidad, tomando en cuenta que ya don Enrique contaba con el enorme poder de convencimiento —por llamarlo de alguna manera— que le da ser Presidente de la República.
Ahora quedan dos caminos. Uno, esperar que Arnoldo Alemán se quede satisfecho con ser nombrado presidente de la Asamblea en los próximos días y que sorprenda a todos impulsando con vigor las iniciativas de ley de don Enrique, incluyendo las que directa o indirectamente le perjudican, o dos, en realidad tratar de conquistar hacia la cancha del nuevo Ejecutivo a la mayor cantidad posible de diputados liberales.
La primera posibilidad es casi nula, conociendo al ex presidente, su objetivo es garantizarse la reelección en el 2006, y para eso necesita que los poderes sigan partidizados, que el Consejo Supremo Electoral continúe trabajando con una ley y unos magistrados que se encargarán de librarlo de cuanto molesto precandidato pueda hacerle sombra; esto para no hablar de las leyes que promoverán la transparencia en el manejo de la cosa pública y la institucionalidad del país.
Entonces queda la segunda opción, pero para eso hay que conocer al público al que tiene que conquistar el nuevo Ejecutivo. Ellos, los diputados, están ahí porque fueron escogidos por el propio Alemán, por su fidelidad hacia él y sus intereses. Pero todo el que profesa ese tipo de fidelidad, al final es más fiel a sus propios intereses que a los de su jefe. Los llamados al patriotismo, la dignidad y la conciencia son pérdida de tiempo, ellos no entienden de eso. No es con clases de Moral y Cívica con las que don Enrique va a conquistar esos votos.
Él y su equipo tienen que convertirse en estrategas sagaces, arteros, astutos, avispados. En buen nica, “bandidos”, y ganarle la partida al otro, que ha hecho un arte de la conquista de conciencias.
La despartidización de los poderes, la aprobación de leyes que garanticen la transparencia y la reforma de la Ley Electoral van a ser la joya de la Administración Bolaños, pero esa joya está en el fondo de la pocilga, para sacarla va a tener que enlodarse. O puede seguir haciéndose el desentendido.