Vocación por la democracia

Carlos A. Briceño Lovo

Este 4 de noviembre, los nicaragüenses votamos masivamente y rompiendo récord de participación electoral a favor de un candidato, don Enrique Bolaños y su plan de gobierno, demostramos como nación una enorme vocación por la democracia y enorme sentido común.

Depositamos nuestras esperanzas en que la Administración Bolaños sabrá cumplirle a los nicaragüenses, y en el ambiente se respiran esos aires alentadores de que todo es posible, de que con Bolaños sí se puede, de que con Bolaños sí podremos construir esa nación que soñamos, próspera, democrática, justa, viable, una Nicaragua de la cual nos sintamos orgullosos.

Es una oportunidad histórica que se nos presenta de hacer un salto cualitativo y cuantitativo para cimentar nuestra democracia, nuestras instituciones, y por consiguiente nuestro entorno económico y social. Es una oportunidad histórica de romper con nuestro pasado.

Lamentablemente —y digo lamentablemente y con tristeza—, el fantasma del pasado quiere arrebatarnos ese sueño, por el cual miles de nicaragüenses que han tratado de alcanzarlo, desde nuestra independencia, han derramado su sangre. Arnoldo Alemán es el dictador de turno que pretende escamotearnos ese sueño. Desde la Asamblea Nacional, como todo un perfecto dictador, él y su camarilla se resisten regresar a la llanura.

En contra de la voluntad expresa del presidente electo de la República, don Enrique Bolaños, en contra de la voluntad ciudadana y opinión pública, Alemán pretende desde la presidencia de la Asamblea imponer su agenda, una agenda antidemocrática que choca y chocará con la agenda de don Enrique Bolaños, que fue por la cual votó la mayoría de los nicaragüenses el pasado 4 de noviembre.

Y para lograr su objetivo Alemán pretende extorsionar y manipular a los diputados, diputados que usted y yo con nuestros votos llevamos a la Asamblea Nacional, diputados que usted y yo mantendremos ahí con nuestros impuestos, para que voten por él, como si fuera Alemán dueño del partido, dueño del país y dueño de sus conciencias. ¡Qué descaro!

Es una exigencia antidemocrática, enfermiza, irresponsable y sobre todo enormemente peligrosa para la estabilidad del país, es una candidatura que le conviene a un hombre —a Arnoldo Alemán— y a sus intereses dictatoriales y mezquinos.

Es imperativo que los diputados de la Asamblea Nacional dejen a un lado colores políticos, lealtades partidarias y personales, que se pongan la mano en la conciencia, que comprendan que están ahí por la voluntad ciudadana, y, por lo tanto, que deben y que tienen que votar con conciencia, que deben y que tienen que votar por lo que le conviene a Nicaragua y no por lo que le conviene a una persona.

El autor es presidente Telenica Canal 8.  

Editorial
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