Gobierne, presidente Bolaños

Róger Mendieta [email protected]

El nicaragüense, al elegir al señor enrique Bolaños como su Presidente por un altísimo porcentaje en su opción del voto, está reclamando, está exigiendo, una acción clara de gobierno. El pueblo clama por un gobierno. El pueblo ansía y necesita vivir bajo leyes claras y dentro del entorno socioeconómico abierto, responsable y respetuoso de un estado gobernado. Este reclamo del nicaragüense, esta angustia casi lapidaria, tiene connotaciones de eco que viene de muy adentro, casi desde el fondo de la historia. No podemos negar que aun con las vicisitudes de la época y la limitación de recursos de toda índole, Nicaragua jugó una misión importante en la vida de Centro América; hizo lo que tenía que hacer como una república de ese tiempo: supo alzar la voz y a poner a prueba sus virtudes, uniendo la fuerza del músculo a la razón de Patria: fue querida y fue respetada.

Hoy, bajo la carroña de una crisis profunda que no tiene justificación en un país como Nicaragua —que no es pobre, sino que está empobrecido por la corrupción y el abandono— se requiere una respuesta que sólo un hombre firme y honrado puede ser capaz de dar.

Soy de los que creen que si el ingeniero Enrique Bolaños quiere hacer un buen gobierno —me refiero a un gobierno dinámico y no amorfo y parapléjico, con un programa lógico que esté apoyado por hombres honrados, y no en desperdicios morales y pervertidos aventureros, sin claros y definidos conceptos de lo que es nación— él puede lograrlo, y pasaría a la historia de este gran país que es Nicaragua —hoy convertida en pendencia crónica y basurero político— como salvador de la nación y orientador de la Nicaragua que todos anhelamos tener, con pan que dure para todos.

Como lo he escuchado decir en ocasiones, sólo existe una fórmula para caminar un poco sobre el sendero hacia el desarrollo económico y social sostenido: incidir en la producción exportable, con sentido técnico y responsable de la productividad. Inocular realismo —no mágico ni de historietas de Walt Disney, a eso que llaman iniciativa privada— que con la excepción de muy pocos, ni privan ni producen nada, y son una especie de fantasma sangriento girando alrededor de la vaca angustiada del Estado.

Usted lo sabe muy bien, porque es hombre inteligente. Pero en esta Nicaragua de amigos o enemigos-amigos, no faltará el componente de sabios y virtuosos anticonsejeros intentando hacer lo suyo. El camino del fracaso está empedrado con turbios consejos al oído en pírrico beneficio de soluciones mediatizadas. Es imperioso recordarle, al ingeniero Bolaños, que el Presidente puede si quiere poder, porque maneja un enorme poder que puede si lo equilibra con talento.

Esto es bueno recordarlo, especialmente después de lo ocurrido en el mundo político y socio-económico de hoy, después del brutal terror de las Torres, con que se inicia el siglo XXI, y el antes o después de las Torres viene a ser como el antes o después de Cristo, para señalar los eventos cruciales en la historia de la humanidad.

Los nicaragüenses sensatos, analistas, observadores, sabemos también que en este ínfimo espacio del planeta que se llama Nicaragua, la historia se hizo más historia, y la osamenta concluyente sólo tendrá espacios en los cementerios del atraso, en donde el antipudor se torne un vicio que continúe carcomiendo el alma de la nación, que es tremendamente amplio y valedero para nicaragüenses de cualquiera de las Nicaraguas: colorada, verde, rojinegra, del Caribe, del Pacífico, del campo o de la ciudad; que todos somos víctimas de la misma enfermedad: el abandono de las funciones de gobierno en las tareas del Estado.

El señor Presidente debe gobernar. Es su hora. Debe aprovechar la confianza que en él depositó el pueblo nicaragüense.

El autor es ex presidente del PCN.  

Editorial
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