Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com
Dice Franz Fannon que todos tenemos, dentro de cierta opacidad, una misión que cumplir, y que corresponde a cada uno averiguar de qué se trata.
De frente a la temporada de béisbol que despega hoy, quizá no sea tan difícil descubrirlo.
En este torneo, no sólo van a estar involucrados peloteros y directivos, sino también fanáticos y periodistas, y todos con funciones claramente definidas.
El objetivo primordial de los equipos es ganar el campeonato. Para ello han sido diseñados. Sin embargo, lo esencial es siempre jugar bien. A veces ganar o perder es un asunto circunstancial que va más allá de tu empeño, pero si el béisbol es entretenimiento, importa mucho jugar bien.
Cada año un equipo será campeón. Lo más difícil es jugar bien. Y fíjense que pese a no atrapar un título, jugando bien, se gana respeto y afecto. Si no, pregúntelo a los holandeses, el equipo de mejor fútbol en los últimos mundiales, aunque los campeonatos han ido hacia otro lado.
Jugar bien tiene que ver con la actitud, el respeto al juego, a sus compañeros, a los fanáticos y a sí mismos. Jugar bien significa asumir el juego como un trabajo, el cual por fortuna es divertido. Y si no se le disfruta, entonces se le sentirá como una carga, y eso sí que podría ser muy grave.
Pero no sólo los peloteros deben tratar de jugar bien. Todos tenemos esa misión. Los directivos tienen una gran responsabilidad en medio de una temporada que se vislumbra ordenada y pareja. Ojalá su afán de ganar a cualquier costo, no les lleve a violentar la reglamentación.
Los periodistas debemos ser rigurosos en señalar las fallas, pero con sentido de responsabilidad y sin olvidar que toda relación debe estar basada en el respeto. Levantar un falso no cuesta mucho, pero los resultados suelen ser catastróficos en todas las direcciones.
Cada fanático tiene también su juego. Él paga por entrar al estadio y espera un buen espectáculo, pero eso no le da derecho a ofender o irrespetar a jugadores y técnicos. Todos los jugadores salen al terreno tras un triunfo, pero no todos van a conseguirlo.
Lo esencial es entender que esto es sólo un juego, y que lo más importante es la vida. Y no vale la pena ponerla en peligro por un triunfo o una derrota.
Todos tenemos una misión. Ojalá la descubramos.