¿Cómo tumbar estas marcas?

Edgard Tijerino M. [email protected] Mientras se canta el Play Ball del 2002, uno se pregunta: ¿Cuál de todas las marcas que se han establecido en la etapa moderna de nuestro béisbol, es decir, esa que se inició en 1970 con Bob Feller lanzando la primera bola y Joe Dimaggio al bate, es la que más […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Mientras se canta el Play Ball del 2002, uno se pregunta: ¿Cuál de todas las marcas que se han establecido en la etapa moderna de nuestro béisbol, es decir, esa que se inició en 1970 con Bob Feller lanzando la primera bola y Joe Dimaggio al bate, es la que más impresiona por su grado de dificultad para ser derribada?

No vamos a tomarlo como una tarea en casa, sino que haremos un ejercicio al bolsazo, y, naturalmente, abierto a las más agitadas discusiones… Olvídense del orden y sólo preocúpense por no caerse de sus butacas frente a cada impacto.

¿Cómo fue posible que en la temporada de 1984, ese “as de espadas” que siempre fue Julio Moya, sólo haya permitido dos carreras limpias en 128 entradas?.. Ha pasado tanto tiempo, 18 años casi, y el asombro provocado por ese 0.14 en efectividad, continua. ¿Cuándo volveremos a ver un pitcher tan dominante como para reducir a la oposición a menos de un quinto de carrera limpia por juego de 9 entradas?

Con el bate de madera exigiendo swings más violentos, el récord de 41 jonrones establecido por Ernesto López en 1977 parece estar fuera de toda amenaza… Todavía tuvo aliento “El Tiburón” para otra temporada de 40 jonrones al año siguiente… ¿Qué les parece más de 80 jonrones en campañas consecutivas?.. Primero construyen aquí una de las Pirámides de Egipto, antes de ver a otro bateador tan destructivo como Ernesto. Cierto, fue con aluminio, pero nadie más se acercó durante años a esa cifra.

En 1973, Antonio Chévez logró tres juegos sin hit ni carrera en la Liga Clemente mientras ganaba 20 juegos perdiendo sólo uno… Las dos marcas constituyen retos tan grandes como cortar las cabezas de la Medusa… Sólo consideren que desde Daniel Miranda, en 1996, no hemos visto un no hitter.

¿Cuándo otro bateador con la furia suficiente para ganar la Triple Corona?.. Pedro Selva logró la proeza cuatro veces registrando alardes ofensivos en los años 71, 72, 73 y 75, pero el último caso fue Ernesto López en 1977, con .363, 111 empujadas y 41 jonrones… Después, nadie más… El año pasado, las tres coronas quedaron en diferentes manos: Roa, Nemesio y Hernández.

¿Ha escuchado hablar sobre Rafael Valle?.. Posiblemente no sería recordable sin aquellos 5 jonrones en un juego el 2 de mayo de 1978 en Estelí… ¿Cinco jonrones en un juego?.. Sí, amigos, pueden creerlo, pero ocurrió. Actualmente, sin el aluminio, muchos pretenden conectar cinco en la temporada, no en un juego… Si batear dos se ha convertido en una rareza, ¿se imaginan cinco como Valle?

Puedes descansar tranquilamente Martín Bojorge sobre tu récord de 16 victorias consecutivas superando a Chévez y Juan José Espinoza… En la temporada del 91-92, Bojorge estuvo invencible desde la colina del Rivas… Durante la fabulosa racha, abrió 14 juegos y realizó 4 relevos… De frente al calendario elaborado, ganar 16 sería una proeza, ahora, consecutivos, tan difícil como robarse la Mona Lisa del Museo de Louvre.

En 1983, lanzando para los Tiburones, Diego Ráudez ponchó a 220 adversarios… Más de 200 ponches en un béisbol de tan poco recorrido como el nuestro, es un esfuerzo casi titánico, pero sólo dos hombres lo han logrado: Ráudez con sus 220 y Andrés Torres con 203… Pitcheres como Chévez, Álvarez y Porfirio, no lo lograron.

Hay más cifras llamativas en la cabalgata de récords difíciles de ser atacados en nuestro béisbol, pero éstos son los que parecen tener el tamaño de una montaña.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí