- Augusto Zamora, especialista en Derecho Internacional, estima que el balance general en Relaciones Exteriores es negativo
José Adán Silva [email protected]
Durante la Administración del presidente Arnoldo Alemán, Nicaragua vio crecer sus problemas limítrofes como nunca antes. Colombia, Honduras y Costa Rica fueron los países a los que se tuvo que enfrentar el país durante toda la Administración de Alemán, en lo que fue, según el analista en derecho internacional, Augusto Zamora, una administración de la gestión de este gobierno en Relaciones Exteriores, como una temporada de aciertos, posiciones firmes, pero muy errática.
¿Cómo califica usted la gestión del saliente gobierno en materia de relaciones internacionales, y con base en qué argumentos?
“El balance general es negativo, aunque sería injusto obviar los aciertos que tuvo. El éxito de la política exterior de un país se mide por su presencia y autonomía en los foros internacionales, por la capacidad para proteger y promover adecuadamente los intereses del país, y por su habilidad en sortear problemas y granjearse aliados y amigos. La presencia de Nicaragua en foros internacionales fue decorativa, cuando no vergonzosa, como cuando incorporó a cubanos anticastristas en la delegación nacional, no obstante mantener relaciones diplomáticas con Cuba, o como cuando se opuso al acuerdo de las Naciones Unidas sobre población en la Conferencia de El Cairo, juntándose con los países islámicos más conservadores. El gobierno Alemán, en general, no fue capaz de separar simpatías personales y políticas de Estado, supeditando los intereses del país a factores extraños. La ratificación por Honduras del tratado de límites con Colombia se vio favorecida por la deplorable política de nombrar como embajadores a personas con pocas raíces en Nicaragua. Por ejemplo, los embajadores en Honduras y Colombia tienen sus intereses en Honduras y Colombia, lo cual les hacía incompatibles con el cargo. El embajador en Colombia tiene más de 20 años de vivir allí, está casado con una colombiana y sus hijos lo son. Por eso no es nada extraño que Colombia estuviera tan bien informada de las cosas de Nicaragua, y en Nicaragua se supiera tan poco de lo que hacía Colombia”.
¿Cree usted que Nicaragua ha tomado las medidas correctas en cuanto a la defensa de su territorio?
“Las medidas, en general, han sido correctas. La demanda contra Honduras, por citar una, era la mejor respuesta a la bofetada hondureña. El problema radicó en la carencia de una línea clara y coherente de trabajo. Por ejemplo, la eficacia que alcanzó la Cancillería mientras fue canciller Eduardo Montealegre se derrumbó tras su renuncia. Una política territorial eficaz requiere de estabilidad y continuidad y, para ello, debe quedar a salvo de los avatares y circunstancias políticas del momento. Requiere, asimismo, de un fuerte apoyo de las embajadas, lo que no fue posible, porque en los nombramientos diplomáticos predominaron criterios de amistad, no de profesionalidad. Éstas son cuestiones estratégicas que deben comprenderse cabalmente si se quiere garantizar una defensa adecuada de los intereses territoriales de Nicaragua y que, como salta a la vista, Alemán no asumió”.
¿Cuál es la principal debilidad que usted encuentra en la política de relaciones exteriores del país, en referencia a las dificultades con Honduras y Colombia?
“El equipo de expertos que debe atender estos temas debe quedar al margen de los caprichos o los voluntarismos de la política. En Honduras, el equipo que atiende sus probalemas territoriales lleva 30 años trabajando sin contratiempos ni sobresaltos. Igual ocurre en Colombia, donde el general Julio Londoño tiene casi 40 años de llevar la política de expansión marítima colombiana. Por otra parte, Nicaragua necesita dotarse de un personal diplomático entendido de estos temas, para que sirva de apoyo efectivo a los trabajos del equipo de expertos. Hacen falta recursos económicos suficientes y también dar a conocer, tanto en foros internacionales como a nivel bilateral y en los medios de comunicación extranjeros, cuáles son las posiciones y derechos de Nicaragua, tarea en la que vamos muy retrasados”.
Referente al caso de Costa Rica, ¿Nicaragua ha actuado correctamente o ha habido debilidades?
“La defensa de la soberanía sobre el Río San Juan fue correcta en términos generales. El único punto negativo es la inexplicable modificación de la declaración unilateral aceptando la jurisdicción obligatoria de la Corte Internacional de Justicia, excluyendo de dicha jurisdicción la cuestión del Río San Juan. Ignoro quién asesoró al presidente Alemán y al canciller Aguirre al respecto, pero se trató de una decisión negativa para Nicaragua, además de absurda, pues Nicaragua y Costa Rica siguen vinculados a la Corte de La Haya por el Pacto de Bogotá, lo que hacía inútil la medida. Por otra parte, se daba la imagen de que Nicaragua no estaba segura de sus derechos, cuando ocurre todo lo contrario. Es de desear que el nuevo gobierno repare el error y reafirme la fe de Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia y la seguridad de sus derechos sobre el Río San Juan frente a las pretensiones de Costa Rica”.
¿Cuáles serían los aspectos más positivos de la saliente Administración Alemán en cuanto a la política exterior?
“Yo destacaría la labor del canciller Eduardo Montealegre, en su celo por defender firmemente y sin prejuicios de ningún tipo los intereses territoriales de Nicaragua. En este período era vicecanciller José Adán Guerra, quien hacía un equipo perfecto con el canciller, y de quien también puedo dar fe de su preocupación por estos temas. Visto lo que ocurrió tras su renuncia, es fácil colegir que esa política era decisión y compromiso del canciller Montealegre, con la colaboración de José Adán Guerra. De hecho, tras su nombramiento como ministro de Defensa, Guerra hizo más por la promoción de los derechos de Nicaragua que la Cancillería. Por eso creo que con su presencia en la Cancillería, otra hubiera podido ser la historia en estos temas”.