Diba Rasulzai, de 30 años, lleva el vestido verde de novia, que significa alegría, prosperidad y salud. El matrimonio es usualmente decidido por los padres, una vieja tradición afgana.

“¡Hombres aquí, mujeres allá!”

Los jóvenes afganos, tras un arreglo entre familias, se casan y celebran ahora con música y baile ( prohibidas por los integristas Talibán), pero una cortina aún separa a los hombres y las mujeres en el lugar del festejo “Con los Talibán, la única diversión era casarse”, comentan los hombres Alfons LunaEnviado Especial de la […]

  • Los jóvenes afganos, tras un arreglo entre familias, se casan y celebran ahora con música y baile ( prohibidas por los integristas Talibán), pero una cortina aún separa a los hombres y las mujeres en el lugar del festejo
  • “Con los Talibán, la única diversión era casarse”, comentan los hombres

Alfons LunaEnviado Especial de la AFP

KABUL.- Los afganos vuelven a bailar en las bodas después de la prohibición de la música por los Talibán, aunque 11 años de integrismo han podido con las buenas viejas fiestas de la época del presidente Daud, y una cortina separa a los hombres de las mujeres durante el festejo.

Diba, ella, y Najib, él, contrajeron matrimonio, y para celebrarlo reunieron a unas 500 personas, entre familiares y amigos, en Najib Aziz, un viejo hotel del este de Kabul.

“DANZANDO LAMBADA…”

En un gran salón adornado con murales de temas bucólicos, un conjunto de cuatro músicos —un sintetizador, un bajo eléctrico y dos percusionistas— “afganizaban” la lambada y otros estándares populares occidentales.

El salón estaba separado por una cortina traslúcida que permitía adivinar las siluetas. A un lado de la misma se sentaban los hombres, unos 200, en un ambiente más propio de una asamblea de notables tribales que de una fiesta.

Al otro lado, las mujeres bailaban y reían engalanadas con hermosos y coloridos vestidos étnicos, cubiertas de joyas, pedrería y lentejuelas, y con un fondo muy espeso de maquillaje blanco en el rostro.

El camino hasta la pequeña habitación apartada, donde los novios afganos pasan la mayor parte del festejo, cumpliendo con la firma del contrato, el reportaje en video, y demás, era la única posibilidad para los varones de ver a las mujeres tan ricamente engalanadas.

FAMILIA DE NOVIA DA EL O.K.

Diba y Najib son médicos y tienen 30 años. “Una delegación del novio nos visitó y nos expresó su interés por mi hermana. Lo estudiamos y, tras dar el visto bueno, los novios se vieron tres veces en mi casa antes de casarse.

“Sin tocarse, por supuesto”, explicó Rafiulá Rasal Zai, hermano mayor de la novia.

Rafiulá no duda del éxito del matrimonio: “Sí, claro que se gustarán, ambos son gente instruida. Mi familia tiene estudios, hubiéramos aceptado que la novia nos dijese que no quería a Najib, aunque la verdad es que no nos hubiera gustado”.

EL MENÚ DE LA BODA

En la boda de Diba y Najib se comió el kabulí, receta de arroz local que incluye uvas pasas y zanahoria, pollo, cordero, croquetas de patatas, hortalizas crudas, crema de plátano y fruta.

La mayoría de los comensales masculinos comió con las manos, mientras entre las mujeres predominaba el uso de los cubiertos. Para beber, Khoshgoar, la coca-cola iraní.

Hodja Mohamad, de 60 años, uno de los asistentes de más edad, relata sobre una vieja creencia afgana de que el primero que alcance la habitación tras la boda, será el que tendrá el gobierno del matrimonio: “Yo llegué el primero a la habitación, y luego ya ve, mi mujer ha mandado siempre”.

Cuando Hodji se casó no sólo no había cortinas entre hombres y mujeres, sino que además a veces corría algo de alcohol en las bodas.

Con Burhanuddin Rabbani y los “muyaidines” (1992-1996), se instaló en el poder la rigurosa y puritana visión del mundo rural afgano, abonando el campo para la llegada de las “burkas” y los Talibán en 1996.

“La sociedad kabulí era más instruida y abierta, algo que les disgustaba, lo veían como un signo de occidentalización. Estigmatizaron a los habitantes de la capital, atacaron sus modos, y desde entonces no somos especialmente bienvenidos en ninguna provincia de Afganistán”, lamentó Rafiulá, el hermano de la novia.

MUJERES NO PODÍAN IR A HOTELES

Durante el régimen de los Talibán (1996-2000), la prohibición de que las mujeres pisasen hoteles o restaurantes, además de la de oír música, llevaron las bodas hasta las casas. Sin embargo, el número de enlaces no disminuyó, al contrario: “No había nada mejor que hacer que casarse”, explicó Jawid, de 30 años, uno de los comensales. “Era el único modo de asegurarse diversión regular, además de la propia fiesta”, añadió.

¡AH, LOS VIEJOS TIEMPOS!

Los más viejos del lugar recordaban sus bodas, durante el reinado de Mohamad Zahir Shah (1933-1973) y la presidencia de su primo Mohamad Daud (1973-1978), cuando Afganistán era uno de los países no alineados punteros. “En mi boda, hombres y mujeres estábamos mezclados. Mi suegro tenía estrechas relaciones con el gobierno y varios ministros asistieron. Fue una fiesta por todo lo alto, comimos 30 pollos y 30 pavos”, explicó Hodja Mohamad, de 60 años, que se casó hace 25.  

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