Edgar A. Castillo (Koriko)
Hace 24 años, balas asesinas te hicieron desaparecer de esta tu tierra Nicaragua, pero para los que te conocimos y tratamos muy de cerca continuamos recordando tu partida, porque en vida fuiste siempre un hombre de bien, que pensaste siempre en hacer grande a tu Patria con tu ejemplo de honradez y ayudando en una u otra forma a tus semejantes.
Como periodista brillante con tu pluma en tus valientes y contundentes Editoriales durante la era somociana, apoyaste a tus compatriotas, como solías llamar a todos los nicaragüenses en los momentos que más lo necesitaban para que en este país hubiera democracia y libertad.
Por eso, Dr. Chamorro Cardenal, en este nuevo aniversario de tu muerte, deseamos recordar algunos de tus pensamientos que exponías acertadamente a diario en LA PRENSA, en la cual desde que llegaste a hacerte cargo de ella te esforzaste para que fuera el mejor periódico de Centro América.
Su muerte no impidió que sus pensamientos claros quedaran grabados en este periódico: sugiriendo unas veces cosas buenas a favor del pueblo y otras señalando errores del gobierno de turno, para que Nicaragua fuera una verdadera República, como cuando refiriéndose a la Reforma Política en Nicaragua debe comenzar por dejar sentado que el funcionario público (del presidente para abajo) no puede tener acceso en su condición particular, a la riqueza del Estado.
“El funcionario —decía—, es un administrador a quien se le paga para que administre; el funcionario es un fiscal que vigila los bienes de una comunidad, absolutamente ajenos a su propiedad; el funcionario es un empleado, que comprometido a dar su trabajo por un salario, no puede percibir, ni indirectamente hablando, más bienes que los derivados del ejercicio de su cargo a través de un salario. El servicio público no es una ganga”.
“Quien acepta una función pública, o bien estima que el salario que le ofrecen es suficiente para llenar sus necesidades, o bien se sacrifica por servir a la comunidad aceptando un salario que no le conviene, o no aceptar servir porque piensa que la función pública es una carga demasiado gravosa para su bienestar personal”.
También el Dr. Chamorro C., cuando exponía el tema sobre la honradez, refería lo siguiente:
“Parece muy simple, pero es sumamente difícil y parece muy elemental, pero es realmente complicado. Sí, es difícil y complicado llegar a producir en Nicaragua un sistema administrativo, en donde la honradez sea primera norma, no solamente en el pensamiento o la intención, sino también en la práctica”.
“Es tan difícil que habría que comenzar por hacer que la administración pública recayera en las personas efectivamente electas para un cargo y no en las que han llegado a través de la falsificación. Y habría también que comenzar por eliminar las minorías prefabricadas y por el establecimiento de un sistema judicial limpio, donde la verdad fuera verdad y la mentira mentira”.
“¿Quién no critica, como una ofensa a su propio interés y al interés comunitario la mala administración de los bienes públicos? ¿Quién no dice que las libres introducciones de automóviles (por ejemplo) y el contrabando de telas, licores, juguetes, etc., dañan a quienes pagan sus impuestos debidamente? ¿y quién no considera el uso de los bienes del Estado en provecho de algunos funcionarios, como una de las lacras más dolorosas del país?”
Así pensaba el recordado Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
El autor es periodista.