A la sombra de Pedro

El diez de enero, aniversario del asesinato el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, se estableció constitucionalmente como fecha para la toma de posesión de los presidentes de Nicaragua electos por el pueblo, en homenaje a la memoria del Mártir de las Libertades Públicas que ofrendó su vida en la lucha por la libertad, la democracia, la justicia, el progreso social y la honestidad gubernamental.

Lamentablemente, doña Violeta B. de Chamorro, con cuya victoria electoral se alcanzó el objetivo y se cumplió la predicción de su asesinado esposo, de que “¡Nicaragua volverá a ser república!”, no pudo tomar posesión de la Presidencia de la República en la fecha histórica y simbólica del 10 de enero, porque las negociaciones políticas para que hubiese elecciones libres bajo el régimen sandinista obligaron a celebrarlas el 25 de febrero, y la toma de posesión presidencial el 25 de abril de 1990.

Después, el segundo presidente electo democráticamente desde que en 1990 Nicaragua volvió a ser República, el doctor Arnoldo Alemán, deshonró la significación ética del 10 de enero al restablecer algunos de los odiosos vicios del somocismo contra los que más luchó el Dr. Chamorro, como la corrupción, la arbitrariedad, la impunidad, la insensibilidad social y la ramplonería gubernamental.

Pero ahora, la ascensión al poder del ingeniero Enrique Bolaños, cuyo principal activo político y personal es su honestidad, la cual es reconocida hasta por sus adversarios más enconados, así como sus buenas intenciones gubernamentales, ha hecho renacer la esperanza en que Nicaragua puede en realidad ser una auténtica república democrática, y en que el nuevo presidente gobernará a la sombra ética y política del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

“No se puede hablar de reforma en el campo político, económico y social, sin hablar antes de la reforma espiritual que necesita nuestro pueblo, enviciado por el ejemplo de dirigentes que han hecho a un lado toda doctrina, para dedicarse a la lujuria del mando, del enriquecimiento o de unas cuantas obras materiales fachadistas, sin sentido social alguno”, escribió el Dr. Chamorro Cardenal. Esas conceptuosas palabras fueron escritas hace más o menos treinta años, pero parecieran dichas ahora, para la situación moralmente deplorable en que se encuentra Nicaragua en la actualidad, y para inspirar las tareas gubernamentales que el presidente Enrique Bolaños se ha impuesto cumplir, a partir de que hoy tome posesión de su alta y autorizada responsabilidad pública.

“Estoy convencido de que ningún gobierno puede ser legítimo sin el acuerdo y la confianza de los gobernados, para que todos se sientan cobijados bajo la garantía de la Ley, donde la justicia es igual para todos, sin excepciones, sin privilegios”, dijo don Enrique Bolaños, el domingo 28 de octubre de 2001, en su discurso de cierre de campaña. Y agregó: “Mi sueño es combatir la pobreza y el desempleo, para que comencemos a valorizar lo más preciado que tiene nuestro país: su gente, sus hombres y mujeres… Me propongo iniciar una renovación moral, donde respetemos nuestras diferencias, para que nunca Nicaragua vuelva a sufrir lo que sucedió en los años 80, que generó una división en nuestras familias, la guerra entre hermanos, el exilio y la destrucción de nuestra economía… En mi gobierno nadie estará por encima de la ley: ni Enrique Bolaños, ni José Rizo, ni Daniel Ortega, ni Arnoldo Alemán, ni ningún ministro, ni diputado, ni nadie… Cualquier funcionario de mi gobierno, de cualquier rango, que sea responsable de corrupción, de abusos, será destituido y llevado a los tribunales de justicia. En mi gobierno no habrá piñatas ni checazos…”

Esperamos que así sea. En todo caso, el espíritu ético del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal —quien hoy cumple 24 años de haber sido asesinado por los enemigos de la libertad, la democracia, la justicia y la moralidad pública—, que se manifiesta en los sentimientos y aspiraciones de millones de nicaragüenses que votaron por una vida mejor, más digna y decente, y se expresa por medio de una prensa libre e independiente que vigila celosamente por el respeto a los derechos individuales y los intereses públicos, velará para que el presidente Bolaños cumpla los compromisos que asumió ante Dios, ante los nicaragüenses y ante la comunidad democrática internacional.  

Editorial
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