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De todas las propuestas presentadas en los últimos tiempos, relacionadas a la organización del país y su reactivación económica, la más consistente y necesaria es aquella sugerida por mi buen amigo “Tuto” Navarro; ya que, a mi manera de ver, constituye la esencia de la transformación integral de Nicaragua.
José Augusto, además de la obligatoria austeridad, propone reformas en las diferentes instituciones del Estado encaminadas al restablecimiento de las bases de un Estado de Derecho que ubicarían, finalmente, a todos los ciudadanos —incluyendo a funcionarios públicos— en un plano de igualdad ante la ley.
Tenemos que estar claros de que hoy día, tal como están conformados los diferentes órganos estatales, el nuevo gobierno no tendrá ningún margen de maniobra para lograr los cambios que ha manifestado querer implementar. Y no estoy diciendo con esto que no debe haber independencia entre los poderes, lo que estoy diciendo es que, actualmente, los poderes están sometidos al Ejecutivo y a partir del 10 de enero pasarían a ser una dependencia del Legislativo.
Apoyo plenamente la moción de la reducción de las magistraturas y otros cargos en el Poder Judicial, en el Poder Electoral, así como en la Contraloría. De la misma manera anhelo ver las instituciones libres de la partidización abierta y descarada para que se elimine esa odiosa frase de: “los magistrados liberales y los magistrados sandinistas”. Nada más nefasto que un magistrado abiertamente partidizado que se preste al encubrimiento de delitos porque ese es el mandato que le dio su partido cuando negoció el puesto.
Basta ver para atrás y ver cómo un asesino sandinista quedó libre; un ladrón liberal sobreseído definitivamente; un violador sandinista cuyo delito fue declarado prescrito; los responsables de las quiebras de bancos en las cuales están involucrados ladrones de los dos lados, que se pasean como grandes financistas y hasta se atreven a opinar en los periódicos; las privatizaciones de las empresas del Estado llevadas a cabo como verdaderas piñatas y, para qué seguir, si la lista es interminable. Igualmente, en lo que respecta al Poder Electoral, ha sido bochornoso el papel que han hecho los magistrados abiertamente liberales y sandinistas, quienes mediante leguleyadas impidieron la inscripción de otras organizaciones políticas a fin de limpiarle el camino a sus propios partidos. El primero que debería irse de ahí, debería ser “el capo” —desafortunadamente ligado a la alta jerarquía de nuestra Iglesia— quien dice no pertenecer a ningún partido, pero que demostró ser el más sumiso y servil de todos.
Entonces, como vemos, no es éste un cuadro propicio para desarrollar un programa de gobierno como el que presentó el Ing. Bolaños, y, sobre todo, no son las instituciones adecuadas para llevar a cabo las promesas de campaña.
Sin embargo, los principales cambios contenidos en la propuesta de “Tuto” tienen que emanar nada más y nada menos que de la Asamblea Nacional, razón por la cual creo que el futuro presidente de este Poder del Estado debería estar en sintonía con las aspiraciones y planes del nuevo gobierno. Obviamente, nadie de los que ha participado en el oprobioso pacto, responsable del caos de las instituciones, estaría lejanamente interesado ni en despartidizarlas ni en desfacer los entuertos mediante los cuales contaminaron al Estado entero.
Es por esa razón que me parece que la presidencia de la Asamblea en manos del Ing. Jaime Cuadra es lo que más conviene al país en estos momentos. Este gran liberal, además de ser uno de los fundadores de antaño del PLC —cosa que lo hace merecedor de tener la más alta prioridad en la elección que nos ocupa—, tiene una trayectoria por la que se puede deducir que comparte valores y principios con el nuevo Presidente de la República, Ing. Bolaños, y podrían juntos, finalmente, enrumbar este país hacia la civilización.
Creo que los diputados electos deberían reflexionar sobre el triste papel que les han hecho jugar presentándolos como títeres de quienes no se resignan a perder el poder. Me parece una barbarie que se los comprometa haciéndoles firmar un acta de respaldo a la decisión forzada de la directiva del PLC. Dio lástima verlos reunidos como corderitos recibiendo instrucciones, sin tener ni voz ni voto. La obediencia que le puedan deber al partido tendrá que estar supeditada a los intereses de un pueblo que les está pidiendo a gritos terminar con el estado caótico al que nos han llevado quienes pretenden seguir gobernando a través de ellos desde la Asamblea.
Diputados liberales: ¡Han sido electos por el pueblo, por nadie más que el pueblo! Ahora su lealtad es únicamente a sus conciencias y tomando en consideración que una firma arrancada bajo coacción no representa ningún compromiso, ¡por favor, sean patriotas!; de una vez por todas libérense del yugo para llevar a cabo las urgentes e indispensables reformas y darle una oportunidad a este pobre país. Nicaragua les estará eternamente agradecida.
La autora es miembro del Partido Liberal Democrático.