Euro versus dólar: ¿La nueva guerra?

Rómulo Sánchez Leytó[email protected] BERLÍN.— Con una situación económica mundial incierta llegará el 2002. Estados Unidos, Japón y la Unión Europea enfrascados en una recesión. Altas cuotas de desempleo, Alemania 3.8 millones, Japón sobrevive su tercera recesión en una década, Estados Unidos con un consumo deprimido. Se recurre desesperadamente a las recetas keynesianas de la demanda. […]

Rómulo Sánchez Leytó[email protected]

BERLÍN.— Con una situación económica mundial incierta llegará el 2002. Estados Unidos, Japón y la Unión Europea enfrascados en una recesión. Altas cuotas de desempleo, Alemania 3.8 millones, Japón sobrevive su tercera recesión en una década, Estados Unidos con un consumo deprimido. Se recurre desesperadamente a las recetas keynesianas de la demanda. Así, se aumenta el gasto público, se bajan los impuestos y se reducen los intereses. Estados Unidos ha reducido las tasas de interés 11 veces en lo que va del año (1.75% actualmente). El Banco Central Europeo (BCE) más cauteloso, las ha bajado 12 veces, desde enero de 1999. En ese escenario se enfrentarán con la llegada del segundo año del siglo XXI, dos monedas, el euro y el dólar, a escala mundial. El yen ha perdido terreno frente a las dos primeras.

Doce de los 15 países que conforman la Unión Europea (UE) aceptaron cambiar sus monedas por el euro. Dinamarca, Inglaterra y Suecia no formarán parte de la zona del euro. Aunque recientes encuestas demuestran que los británicos, los suecos y los daneses quieren también al euro. Aun con eso lo que se puede percibir es que reinan a la vez esperanzas y miedo; el optimismo en unos y el pesimismo en otros. El euro se convertirá en una moneda para 300 millones de personas; más que la población de los Estados Unidos. La zona del euro será una región con el mayor producto social y el mayor volumen de comercio a nivel mundial.

La idea de una moneda común fue esbozada por Jean Monnet en los años cincuenta. El 17 de diciembre de 2001 ya fueron vendidas las primeras monedas del euro al público en Alemania. Para los alemanes el próximo año estará el euro en las carteras, pero el marco seguirá estando en la cabeza. Se tiene el sentimiento que se pierde algo, pero no se gana nada a cambio. El euro no aparece como producto de una reforma monetaria que sustituye una moneda arruinada, sino producto de un cambio de moneda. El marco que nació en junio de 1948, será sustituido por el euro y con ello dejará de ser la moneda de referencia en Europa.

El euro pretende ser el contrapeso del dólar a nivel económico y también político. “La unión de los 12 países europeos es considerada un paso estratégico, ya que traerá a todos los participantes inmensas ventajas económicas”, señalaba el ex canciller alemán, H. Schmidt, uno de los padres del euro y crítico de los antieuros, quienes caracterizan a la nueva, como una “moneda esperanto”, pero nada más. El primero de enero de 1999 el euro arrancó con un valor de US$1,16 dólar, el valor actual se mueve entre US$90 centavos dólar.

Hay quienes afirman que el euro es un aborto monetario, desde el punto de vista que existen tantas diferencias entre los miembros que conforman el sistema monetario europeo. No todas las monedas de los países son fuertes, y las débiles se apoyarán en el euro. Hay distintos niveles de productividad, disímiles estructuras y diferentes fuerzas económicas entre los miembros.

No menos preocupación e inseguridad, provoca el lavado de dinero. Los talleres de falsificación están preparados desde hace tiempo para la introducción del nuevo símbolo pecuniario. En Alemania se ha desarrollado un programa denominado “Smaragd”, con el cual piensan combatir eficientemente el lavado de dinero. Según cálculos del FMI, a nivel mundial se causan por ese motivo, daños económicos por 1.5 billones de dólares (1.69 billones euros).

Es de esperar que algunos tendrán sobre sus hombros que cargar con el lastre de otros. Se asegura que a muchos ciudadanos de la UE les hace falta la conciencia de ser europeos. Es obvio que si se aprovecha su potencial, la nueva moneda promovería el crecimiento y crearía empleo. Principalmente los países grandes tienen agobiantes bajas tasas de crecimiento y elevado desempleo. Una moneda común debe significar mayor transparencia y una competencia más intensa.

Los políticos, especialistas e impulsores de la moneda común, aseguran que el euro será una moneda estable y dará un símbolo de identidad a los europeos; y que al contrario de lo que algunos piensan, el euro brindará mayores ventajas como moneda común. Así habrá mayor estabilidad en las economías, ventajas competitivas, garantía de que reine la paz en Europa, ahorro de costos de transacción, un mercado más grande de capital y desaparecerá el riesgo cambiario, etc.

También existen desventajas cuando se tiene una moneda líder. La fuerte demanda de la moneda tiende a revalorizarla, se vuelven caras las exportaciones y se propician las importaciones baratas, que presionan la economía doméstica. Se sabe, por ejemplo, que la parte de los dólares que circulan, es más alto, que la contribución, de la economía norteamericana a nivel mundial. La reputación de una “moneda sin Estado” es un obstáculo que no se supera tan rápido. El BCE tiene una política monetaria para todos los miembros, pero la política económica y la política financiera de los 12 gobiernos miembros no será fácil coordinarla, y sólo queda el consuelo que se ejecute una óptima política mixta (policy mix).

Los europeos celebraron la noticia que China (según el jefe de gobierno Zhu Rongji) quiera cambiar una cantidad considerable de sus reservas de dólares a euro. También el presidente ruso Putin, ha anunciado que el futuro comercio de esta nación con la UE se realizará en euros. No menos relevante es que Iraq, con permiso de las Naciones Unidas, podrá vender su petróleo en euros y no en la “moneda del país enemigo”.

La fortaleza del euro frente al dólar es una cuestión importante. Las débiles reformas económicas y sociales ponen al euro y su tipo de cambio bajo presión, principalmente respecto al dólar. El BCE fue creado a imagen y semejanza del Banco Central Alemán (Bundesbank). Es evidente que el futuro del euro está estrechamente ligado al desenvolvimiento de la economía de mercado.

El BCE timonea desde inicio de 1999 (El euro es desde 1999 moneda de cálculo) la cantidad de dinero; desde entonces, la inflación es menor de la que mantuvo el Bundesbank. Las diferencias de opiniones entre las instancias políticas (gobiernos) y la presidencia del BCE se seguirán dando, aunque éstas no causará tanto daño como antes, y el BCE europeo seguramente tendrá que ganarse esa autoridad. Así debe maniobrar y mostrarse resistente frente a las turbulencias, monetarias y políticas.

Hay quienes señalan que la relativa debilidad del euro frente al dólar estriba en la distribución del poder al interior del BCE.

La crítica fundamental se centra en la restrictiva política monetaria aplicada. La mayoría de los países pequeños tienen una tasa de inflación mayor de la promedio exigida por la UE. No se puede olvidar que, la política monetaria es —como todas las políticas— el arte de lo posible. Así, los países con mayor fuerza económica votan en contra de la baja de las tasas de interés. Se habla que es necesario una urgente reforma del BCE. Mientras tanto, la fuerza y la estabilidad del euro dependerá del vigor de las economías y estará determinada por la política monetaria del BCE, quien desde el 1 de enero de 1999, mediante las decisiones de política monetaria, debe garantizar precios estables y bajos intereses.

Aun con la recesión en la que se encuentra Estados Unidos, el dólar sigue siendo una moneda líder a nivel mundial y con una dominancia frente a todos los Estados del mundo. ¿Pero cuánto tiempo soportará la economía norteamericana el monstruoso déficit de la balanza de pagos? ¿Cuánto tiempo logrará administrar la creciente deuda externa? ¿Cómo se salva de la especulación, domestica y disciplina a las instituciones financieras privadas? En el futuro la preponderancia del dólar no será absoluta en los mercados de dinero y de capitales.

Sólo queda pensar si en dos o tres décadas junto al dólar, estarán sólo el euro o el “renminbi” chino sustituyendo al yen como monedas mundiales de reservas. ¿O será que el mundo de los bancos sólo se decidirá entre el dólar y el euro? Las otras monedas, solas, no podrán defenderse de los ataques especulativos, como el practicado por “Soros” contra la libra esterlina, hace 10 años.

La lucha de las monedas por la supremacía no se decide de un día para otro. Una moneda con poder mundial debe ganarse primero el estatus. Eso depende con qué fuerza las economías europeas y la estadounidense crecen, y mantienen la estabilidad de los precios. La inflación no es dañina para la competitividad de un país, siempre y cuando éste crezca fuertemente, suba la productividad, y aumenta el stock de capital. Para que el dólar se impusiera a la libra esterlina, pasaron varias décadas de la primera mitad del pasado siglo XX. En 1990 tomó parte el dólar en un 90% de todas las transacciones de venta de divisas. Del total de los dólares en circulación, 60% se encuentran, según apreciaciones cautelosas, en el extranjero. En el 2000, la participación mundial del dólar, el euro y el yen, como monedas de reserva internacional era de 68.2, 12.7 y 5.3 por ciento respectivamente.

El euro tiene el potencial para desafiar al dólar, mejorar el bienestar. A lo mejor es cosa de tiempo y eso está en los intereses estratégicos del “Viejo Continente”. Por lo menos el deseo de los europeos es que el euro sea fuerte y codiciado como el dólar. Pagar en el extranjero con su propia moneda, era un lujo de los estadounidenses, ahora será posible también para los europeos. Seguramente muchos están también interesados en un euro fuerte. Eso haría menos dependientes a las economías del omnipotente dólar. Esto sería válido para los países latinoamericanos, asiáticos y africanos. Después de todo, como dice el coro de una canción: “El dinero mueve el mundo” (Money makes the world go round). Hay quienes se atreven a decir que ya el euro ha pasado su primera prueba.

El autor es Doctor en Economía.  

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