Un recuerdo grandioso

Edgard Tijerino M. [email protected] ¡Qué tarde aquélla!.. Santiago Berrini y su tropa fabricando la considerada más grande emoción de nuestro fútbol en su historia, pese a ser sólo un juego amistoso. Bueno, nuestro fútbol ha sido siempre discreto, pero esa tarde, con Mayorga y Dubois, con Chocorrón, Huete, Peché, Barrios, Arríen, Goyez, Orellana, Dámaso, Chava […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

¡Qué tarde aquélla!.. Santiago Berrini y su tropa fabricando la considerada más grande emoción de nuestro fútbol en su historia, pese a ser sólo un juego amistoso.

Bueno, nuestro fútbol ha sido siempre discreto, pero esa tarde, con Mayorga y Dubois, con Chocorrón, Huete, Peché, Barrios, Arríen, Goyez, Orellana, Dámaso, Chava Dávila y otros jugadores de agallas, se produjo el milagro de vencer por 2-1 a Estudiantes de La Plata el 9 de enero de 1966, hace 26 años.

No fue un triunfo como el de Diriangén sobre Saprissa con los puntos en disputa, pero ustedes conocen a los argentinos y su orgullo, y en ese tiempo, Estudiantes era un equipo en crecimiento que más adelante ganó la Copa Intercontinental derrotando al Manchester de Inglaterra.

Era el equipo estructurado por Oswaldo Zubeldía. El equipo de Juan Ramón Verón, “La Bruja” original, de Malbernat, de Echecopar, de Poletti, de Aguirre Suárez… La única ausencia significativa era Conigliario, pero igual, se trataba de una misión imposible.

Por supuesto que nadie llegó a sospechar una actuación por encima de nuestro nivel, aunque fueron tiempos resplandecientes… Se le daba un buen trato a la pelota, se le pegaba con poder desde lejos, se dominaban las triangulaciones… Era la época en que vimos varios entrenadores extranjeros y un abierto apoyo económico de la iniciativa privada, aunque el Gobierno ni se preocupaba.

Cecilia y Diriangén eran los grandes rivales, pero no estaban solos. Había debutado el brioso UCA en el 65, y el Milca logró confeccionar un equipo poderoso con Mayorga en la puerta, Cambronero y Góngora en el ataque y Ancurio como armador. Estaba también el combativo Triunfo con el goleador Chava Dávila, el Dínamo de Zepeda y el inadvertido Independiente de los hermanos Zelaya.

Curiosamente el tico Luis Goyez, fue virtualmente el forjador de los dos goles.

El primero a los siete minutos, fue producto de lo oportuno y hábil que era el hostigoso tico que aprovechó una vacilación de los centrales argentinos para apoderarse del balón en medio de un peligroso oleaje y sacudir las redes de Poletti.

Los Argentinos tomaron las cosas con calma, pero Chocorrón se multiplicó en la defensa y Peché hizo de Mandrake el Mago en la media cancha mientras Dubois, el primer arquero se revolcaba heroicamente en el área chica fajándose como un león.

Minutos más tarde, al filo de los 35, Goyez presionó intensamente al arquero Poletti, provocando una agresión de este y la sentencia de un penal por parte del eficiente árbitro José Urtecho… El castigo lo ejecutó Chava Dávila con un disparo magistral hacia la escuadra derecha. Poletti fue obligado a realizar un vuelo espectacular de aterrizaje forzoso en medio del rugir de la multitud.

En desventaja 0-2, Estudiantes se volcó sobre la valla nica en busca de acortar distancia y lo consiguió a los 41 minutos, con un disparo cruzado de Echecopar.

El segundo tiempo fue una especie de frontón. Todo Estudiantes al ataque y todo Nicaragua a la defensa sacando agua del pozo. A los 10 minutos Róger Mayorga, el segundo arquero, parecía un excavador de tanto zambullirse a los pies de delanteros argentinos, mientras en la defensa, Chocorrón se agigantaba… Juan Bautista Arríen entró para tratar de inyectarle peligrosidad a los contragolpes, pero las incursiones nuestras en los últimos 45 minutos fueron esporádicas.

Cuando sonó el silbato, los argentinos no podían creerlo y nosotros tampoco, pero en la pizarra resaltaba ese 2-1 grandioso, inolvidable, aunque haya sido producido en un juego amistoso.  

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