Ernesto Rivas Solí[email protected]
El título es una estrofa de un poema del poeta nicaragüense Alfonso Cortés, titulado “Ventana”. El poema fue producto de largos días de oscuridad en una celda en que habían metido al inspirado vate, y en el que una pequeña ventana dejaba filtrar, de vez en cuando, un rayo de luz. Naturalmente que quien está acostumbrado a la oscuridad se asombra y se estremece ante un rayo de luz que le hace ver en toda su intensidad el fulgor de la vida exterior de la que no había podido disfrutar.
Los nicaragüenses que hemos vivido una larga noche oscura por los malos gobiernos que no nos han permitido ver la luz de la democracia y de la libertad, y menos del progreso. Hemos descubierto con la elección el 4 de noviembre, del nuevo gobernante cuya gestión tiene desde ya muchos fulgores que permiten vislumbrar el despertar de un futuro mejor.
Aunque hay algunos nubarrones que amenazan nuestras esperanzas, lo cierto es que el rayo de luz ha penetrado nuestros ojos, levantado nuestro espíritu y atizado nuestras esperanzas. Pareciera que todas las ventanas se están abriendo al mismo tiempo, y que en verdad, el nuevo gobierno que asumirá el poder el 10 de enero próximo, podrá ser el instrumento de reestructuración de nuestro pueblo, de nuestras estructuras institucionales, de nuestra confianza en que ponemos nuestros esfuerzos en manos hábiles y preparadas para servir y no para servirse. Ya con eso es bastante. Ya con eso se ha iluminado una buena parte de nuestros deseos. Ya con eso el pueblo ha demostrado saber lo que quiere, a pesar de que hubo quienes le quisieron engañar para caer en la misma encrucijada, donde pululan las alimañas listas a asaltar el botín en la primera oportunidad.
Con el rayo de luz que hemos dejado entrar, se siente un frescor de integridad, un aroma de honestidad, un perfume de lucha a favor de nuestra Nicaragua. No es posible —nos decimos internamente— que todo este sueño que se ha formado y que casi podemos tocar con los dedos, se nos vaya a escapar de la mano.
Tenemos que asirnos a él como algo precioso y delicado; como un regalo de Dios.
Los nicaragüenses hemos descubierto la luz y no podemos darnos el lujo de volver a la oscuridad.
Debemos colocarnos como soldados vigilantes que guardan su tesoro de luz como algo muy especial. Nos daremos cuenta entonces del verdadero valor de la libertad, del respeto al derecho ajeno, de la paz sin condiciones y de la prosperidad que podemos tener si todos nos unimos para lograrlo.
No importa cuán brillantes sean los cielos ajenos. La intensidad de nuestro rayo de luz es aún mayor. Cultivémoslo, guardémoslo, mimémoslo, y no nos detengamos demasiado a refocilarnos en el pasado, sino que aprendamos a disfrutar de lo que tendremos mañana, cuando lo que sembramos el 4 de noviembre comience a dar sus frutos a partir del 10 de enero del año 2002.
El autor es periodista.