La corrupción exagerada

El primero de enero, tres días antes de que el Gobierno lo distinguiera dedicándole una emisión de estampillas, el Cardenal Miguel Obando Bravo reconoció que en el actual Gobierno “ha habido corrupción, pero no en la forma que lo han exagerado algunos medios, porque si lo hacemos en retrospectiva, la cosa sería más seria en el pasado. Ha habido sus fallas, pero hay que reconocer que (el Presidente Arnoldo Alemán) ha hecho obras que no se veían”.

El Cardenal no identificó a los medios que según él han exagerado la corrupción en el gobierno Alemán. Pero es obvio que no se refería a LA PRENSA, pues nuestras informaciones sobre la corrupción gubernamental son cuidadosamente verificadas, o se originan en fuentes oficiales autorizadas, como por ejemplo la Contraloría General de la República. De modo que nuestras informaciones sobre actos específicos de corrupción no han podido ser desmentidas por nadie, pero el Gobierno del presidente Alemán ha tratado de silenciarnos con iniciativas “legales” contra la libertad de información, y particularmente por medio del “terrorismo fiscal”.

La verdad es que mucho se ha hablado —no sólo en los medios de comunicación de Nicaragua, sino también en la prensa extranjera, basada ésta en los informes de organismos internacionales que monitorean la corrupción gubernamental en todas partes del mundo—, de que el gobierno Alemán es o podría ser el más corrupto de toda la historia nacional. Sin embargo, podría ser que, como dijera el Cardenal Obando, si se viera la corrupción en retrospectiva podría ser más seria la que hubo en el pasado que la de ahora.

El régimen somocista fue terriblemente corrupto, particularmente en su etapa inicial, cuando los Somoza y sus allegados amasaron sus inmensas fortunas al amparo del poder, y en la etapa posterior al terremoto de 1972, cuando la “revolución de oportunidades” de la reconstrucción fue aprovechada por la camarilla somocista para hacer “negocios inverosímiles”, como calificó el Dr. Pedro Joaquín Chamorro a la desenfrenada corrupción de aquella época.

El régimen sandinista también fue desmedidamente corrupto, sólo que la “corrupción revolucionaria” no se podía denunciar ni fue posible conocer su magnitud, debido a la feroz censura de la prensa independiente que impusieron los comandantes del FSLN. Pero todos los nicaragüenses fueron testigos de cómo los líderes sandinistas subieron al poder con los pantalones rotos y las bolsas vacías, y bajaron convertidos en acaudalados propietarios y empresarios.

Y sin dudas que también en el gobierno de doña Violeta B. de Chamorro hubo corrupción, sobre todo la que se promovió por medio de los “cañonazos” o sobornos a diputados para que apoyaran el contubernio con el FSLN. Pero es obvio que esa corrupción fue menor que la del somocismo y el sandinismo, y mucho menos, por supuesto, que la del gobierno del presidente Arnoldo Alemán.

En realidad, aunque los partidarios del presidente Alemán acusen a la prensa en general de exagerar la corrupción de este gobierno, y que, inclusive, algunos de ellos digan disparates como el de que LA PRENSA ataca a Alemán porque este Diario “ha sido tomado por el frentismo periodístico”, lo cierto es que la corrupción está a la vista de quienes tengan ojos para ver: checazos, chinampazos, sueldos y dietas desproporcionados, “indemnizaciones” millonarias por cambiar de cargo, carreteras de uso particular, obras mal hechas pero construidas a precio de oro, ventas turbias de los activos del Estado, quiebras bancarias fraudulentas etc., etc. Y debemos decirlo con toda franqueza, sería inmoral que ocultáramos la corrupción a fin de “no hacerle el juego político al sandinismo”; o que la justificáramos porque los gobiernos anteriores fueron igual o más corruptos que el de Alemán, o porque este gobierno corrupto ha hecho obras, lo cual, dicho sea de paso, es su elemental obligación, además de que dichas obras fueron producto de la cooperación extranjera.

Finalmente hay que decir que lo exagerado no es la información sobre la corrupción, sino la corrupción misma. Tanto así, que lo primero que hará el presidente Enrique Bolaños será proponer una ley de probidad para castigar a los corruptos, y para evitar que vuelva a haber una corrupción gubernamental tan exagerada como la que ha habido en el gobierno del presidente Alemán.  

Editorial
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