Nefasto

Julio Ignacio Cardoze [email protected]

Es sorprendente como erich Fromm, en sus estudios socio políticos-psicoanalíticos tipifica con exactitud las características de Arnoldo Alemán, como el individuo cargado de complejos, resentimientos, y debilidades de personalidad, movido constantemente por mecanismos de evasión, pretendiendo ocultar sus inferioridades con impulsos autoritarios, agresivos, ofensivos y autodestructivos. Arnoldo es algo así, como el político que describió Winston Churchill, como un toro corriendo suelto descontroladamente, dentro de una tienda de cristales.

Daniel Ortega no representa más problema político, él se autodestruyó y corre a la defensiva para sobrevivir. El problema serio es Arnoldo, porque es y será, mientras siga activo, una vergüenza del liberalismo, y un dique a la democracia, y por consiguiente al desarrollo, porque los que creen que puede existir desarrollo sin democracia, están equivocados. Y los que creen, que construir un puente o una escuela con donaciones internacionales, es desarrollo, y que eso justifica retrasar el proceso democrático, están más que equivocados. De la misma forma como también están equivocados los que afirman que Arnoldo puede ser presidente de la Asamblea, pues su diputación es ilegítima y contraria, absoluta y fundamentalmente, al principio de la representación legislativa, pues a él no lo eligió nadie, y por lo tanto representa nada.

Arnoldo actúa como un hombre cargado de odio, como si éste lo energizara, pues casi siempre es como una centrífuga de improperios, por ejemplo, hace poco, pasó por Miami en viaje de regreso nada menos que del Vaticano, y dio declaraciones en una radio con su típica forma grosera y vulgar de hablar, llamando a los que lo critican y que no están de acuerdo con él para ser presidente de la Asamblea; “Ratas de albañal”, solamente para llegar a Managua y empezar a calificar a ciertos del grupo Amigos de don Enrique, “Cucarachas que salen corriendo a esconderse a las rendijas” y amenazarlos con más terrorismo fiscal.

Es difícil creer, que un hombre así, sin el menor concepto de la dignidad, pueda haber sido presidente de una república, o dirigente de un partido político importante, y peor aún, que tenga quién lo siga.

Lo triste de Arnoldo es que sale desprestigiado, y sin darse cuenta que todo lo que sube tiene que bajar. Es una pena que no dedique tiempo a leer historia, pues se daría cuenta que el final de hombres públicos como él, siempre empieza en su propio entorno, entre aquéllos que más pretenden elevarlo y sostenerlo. Ahí están las verdaderas ratas y cucarachas de albañal. Los que aparentan ser sus más fanáticos amigos, en realidad son sus verdaderos enemigos.

El autor es ex Ministro del Trabajo

  

Editorial
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