Bolaños y las inversiones

Durante la campaña electoral, el ingeniero Enrique Bolaños prometió que su gobierno se dedicaría muy activamente a promover las inversiones extranjeras. Y por lo visto será una de las promesas cuyo cumplimiento empezará a concretarse tan pronto tome posesión de su cargo como Presidente de la República el próximo 10 de enero. Para el día siguiente a esa fecha está programado un Foro de Inversión al que se espera que asistan unos 400 inversionistas de diversos países. Ahí se dará inicio a un esfuerzo sostenido para darle a conocer a los empresarios extranjeros las oportunidades de inversión que brinda nuestro país y las ventajas de invertir en él.

La promoción de inversiones será una actividad permanente en el próximo período presidencial, y no sólo la Cancillería de la República —que estará presidida por el Licenciado Norman Caldera—, jugará un papel muy importante en esa actividad, sino también el sector privado. Se recordará que durante la campaña electoral, el ingeniero Bolaños anunció que le había solicitado su apoyo al destacado empresario nicaragüense, Carlos Pellas, para que organizara y coordinará una unidad de promoción de inversiones. Don Carlos aceptó la solicitud, y el foro programado para el 11 de enero será la primera manifestación concreta de una nueva era de cooperación entre el gobierno y el sector privado en ese sentido.

Se sabe que la creación de empleos pasa necesariamente por la inversión. En otras palabras, no puede haber creación de empleo sin inversión. Y cuando se habla de inversión, de lo que en realidad se habla es de capital, de recursos financieros con los que Nicaragua no cuenta en cantidades suficientes como para producir todos los puestos de trabajo que la población necesita. De ahí que sea necesario desplegar una actividad inteligente y diligente para persuadir a empresarios de otros países a que vengan a invertir su dinero en el nuestro.

Debemos de estar conscientes, sin embargo, que la mayor parte de los más de ciento ochenta países que existen en el mundo, también realizan esfuerzos para atraer inversiones, o sea que la competencia es fuerte, y si queremos tener éxito debemos ser más eficientes que los demás. No hay alternativa.

Los empleos que puede generar el sector público —o sea, el gobierno— están limitados a la capacidad de endeudamiento del país y a su capacidad para recaudar fondos vía impuestos. Y es bien sabido que las posibilidades del gobierno de obtener nuevos préstamos son muy escasas; ya no digamos las posibilidades que tiene de obtener recursos a través de nuevos y mayores impuestos a la población. Esa realidad hace imperativa la necesidad de obtener capital vía inversión privada. Y lo bueno de esa vía es que no tiene límites, siempre y cuando existan oportunidades de inversión y un ambiente que haga el país atractivo a los inversionistas.

Pero la inversión privada tiene también una importante característica adicional. Es la única que tiende a crear empleos reales y permanentes. No sucede así con la inversión pública. Esta es necesaria, sin duda alguna, pero no puede por sí sola resolver el problema del desempleo. La inversión privada sí puede hacerlo, pero es también más difícil de obtener, ya que el inversionista cuando invierte lo hace no para regalar ni perder su capital, sino para acrecentarlo a través de alguna actividad productiva, y antes de poner ese capital en determinado país, analiza muy detenidamente las diversas condiciones que prevalecen en él.

De fundamental importancia es que haya un gobierno honesto y transparente en el que sus funcionarios sean verdaderos servidores públicos y no competidores desleales o extorsionadores profesionales. Importante también es que haya una ley de inversiones con reglas claras y estables que favorezcan la libre movilidad del capital, así como una legislación laboral flexible y un sistema judicial efectivo y eficiente. Claro está que hay muchos otros factores que un inversionista toma en cuenta antes de arriesgar su dinero, pero los anteriores son cruciales. En una palabra, la inversión privada, tanto nacional como extranjera, requiere de mucha confianza, y resulta muy esperanzador observar que el gobierno que presidirá el Ingeniero Enrique Bolaños está dando muestras claras de estar dispuesto a crear ese ambiente de confianza.  

Editorial
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