Becas para un sueño

No hay peor intento que el que no se hace. Ellas enfrentaron sus temores y se arriesgaron a probar suerte antes que dejarse vencer por el pesimismo. Su éxito comenzó cuando antepusieron su amor por superarse, tomaron lápiz y llenaron una serie de requisitos que luego les otorgó un costoso regalo. Se ganaron una beca, […]

No hay peor intento que el que no se hace. Ellas enfrentaron sus temores y se arriesgaron a probar suerte antes que dejarse vencer por el pesimismo. Su éxito comenzó cuando antepusieron su amor por superarse, tomaron lápiz y llenaron una serie de requisitos que luego les otorgó un costoso regalo. Se ganaron una beca, gracias a su entrega por los estudios, trabajo y disciplina. Sus historias nos cuentan sus aventuras en tierras lejanas.

En la cola de un venado

Su mayor anhelo de ser una doctora de primera clase, no quitaron el deseo de superarse y despreciar una beca al extranjero por dos años. Arlette Jeraldin Delgado de 20 años, siempre había deseado estudiar fuera de su país, no por tener una aventura en el exterior y tener que contar a sus amigos las proezas que hay en otros países, sino por superarse como una gran profesional. Su deseo se le cumplió, no sin antes tener que luchar por una beca con sus contrincantes jóvenes.

Recuerda que un día estaba como de costumbre en su colegio recibiendo sus clases y una joven se anunció como representante del comité de los Colegios del Mundo Unido, para ofrecer becas a todos aquellos estudiantes interesados en optar por estudiar fuera del país y que llenaran los requisitos que ameritaba para ser aceptado.

Según la solicitud, el diez de enero del 99 darían las respuestas a aquellos aspirantes que habían sido elegidos, pero antes de todo, Arlette tuvo que pasar por una serie de entrevistas y reuniones con el resto de aspirantes, y por tal razón se sintió en algún momento demasiado pequeña en comparación con su competencia. “Yo miraba que otros tenían aptitudes mejores que yo, más chispa, más abiertos y yo iba evaluando mi competencia y sus características, hasta llegar al punto de creer que no sería elegida y que esa posibilidad se encontraba en la cola de un venado”.

Una llamada de buenas noticias fue suficiente para que emprendiera viaje el 31 de agosto del 99 hacia Italia, donde la esperaban sus demás compañeros de todas las nacionalidades con quienes se prepararía durante sus estudios de bachillerato internacional. Llego a la pequeña ciudad de Duino, la que recorrió con la ayuda de un guía para conocer el sitio que sería su hogar por ese tiempo y donde viviría las experiencias más bonitas de su vida.

Para una latina como Delgado no resultó nada fácil el primer día de clases, pues con su medio dominio del inglés se le dificultaron las clases durante los primeros días. “Algunas clases se me dificultaron al principio”, aclara. Sin embargo al paso del tiempo fue mejorando sus conocimientos del idioma y su relación con los demás, hasta el punto de liberarse un poco de su timidez y divertirse en grande con sus amigos. “Tenía libre los fines de semana, que los ocupaba para ir al bar del colegio o bien a la pizzería o al restaurante. También para estudiar, aunque dedicara cuatro horas diarias para ello”.

La nostalgia familiar

Lejos de su familia, la estudiante se incomodaba un poco, pues los extrañaba mucho, pero mantuvo comunicación con ellos vía Internet correo corriente y una que otra visita por la Navidad. “Me comunicaba por Internet con mi familia y llamaba una vez al mes, pero me resultaba muy cara. Más que todo me comunicaba por cartas”.

Jeraldin recuerda que extrañaba a su familia, pero que la despedida de aquel país que la acogió durante ese tiempo, más el adiós de sus amigos, fue una de las experiencias más dolorosas en su vida. “Pasé tres días en vela, llorando, despidiendo mis amistades, más a mis mejores amigas del Japón. Cuando me despedí se me rompió el corazón”.

Después de todo aprendió una inolvidable lección, la que le enseño que hay personas maravillosas, que no necesariamente tienen que hablar tu propio idioma, compartir tus propias culturas, sino personas que tienen tus propios ideales, que han luchado por lo mismo y las esperanzas de cambiar algunas cosas en el mundo. “Gané seguridad, confianza, romper perjuicios ante otras personas”.

A su regreso a Nicaragua ingresó a la UNAN-Managua, donde estudia actualmente el segundo año de Medicina. “Estoy estudiando Medicina”.

Hecha a su medida

A veces las sorpresas de la vida verdaderamente son sensacionales, y una de ellas tocó las puertas de la joven de 19 años Jeannette Sánchez Ortega de la ciudad de Masaya, cuando corrió la misma fortuna de Arlette Delgado, pues ganó una beca para estudiar una preparatoria previa a la universidad, en el Lester B. Pearson College en la Isla de Vancouver, Canadá. La beca se la otorgó también el Comité Nicaragüense de los Colegios del Mundo Unido en el 99.

Sus estudios secundarios los estaba concluyendo en el Colegio Santa Teresita de Masaya, cuando un joven llegó a ofrecer unas becas por parte de ese organismo, para todo aquel que aplicara a los requisitos que demandaba el comité. Fue entonces que Jeannette pensó que estaba hecha a su medida y no vaciló en aplicar para tal. “Según el formulario, los interesados debían tener buenas notas, pero no era lo básico. Lo más importante era que durante tus estudios hayas tenido una participación activa en la sociedad, en el colegio y que tuvieras rango de líder. Y yo pues me recordé que había sido presidente de casi todos los años en secundaria y siempre me gustaba estar metida organizando kermeses, haciendo grupos para ayudar a las demás compañeros de clases para que sacaran mejores notas en clases y estuve en el Grupo Leo, que ayudaba a Masaya como ciudad”.

Después que llenó el formulario esperó por la llamada de la suerte y fue así, poco después la llamaron para una entrevista en Managua. “La entrevista se basaba en qué pensaba sobre la multiculturalidad, sobre compartir mi cultura con otra gente, si podía vivir sola en un lugar distinto, y sobre problemas actuales en Nicaragua”, aseveró la joven afortunada.

Sánchez, luego de una exitosa entrevista, se sintió muy segura y acertó. El comité la llamó como una de las elegidas para viajar al Canadá y fue entonces que emprendió vuelo hacia una mejor preparación.

Dos años que estuvo lejos de su casa fueron tan pequeños comparado con todo lo lindo que vivió durante su estadía en la isla. Al inicio su dificultad con el inglés, sus nuevos y buenos amigos, los viajes, las aventuras y los conocimientos que adquirió.

Su beca la pagaba sorprendentemente el Príncipe de Gales, al que la joven le ofrecía las gracias a través de sus intermediarios, y aunque nunca recibió una respuesta con puño y letra del príncipe, sabe que éste no invirtió en vano su dinero, ya que al final de sus estudios sus notas eran excelentes.

Tuvo la dicha de pasar unas vacaciones navideñas en Nicaragua y otra con sus amigos en Los Ángeles, San Francisco. “Hice una gira con unos amigos sola para explorar, sola para pasar todos los Estados Unidos en bus. Esa Navidad fue algo nuevo para mí, porque las veces que había viajado lo había hacho con mi familia y esa vez sólo lo hice con mis amigos, y conocí familiares que jamás había visto”, recuerda Sánchez.

No sólo fue alumna, sino también maestra, pues enseñó a bailar palo de mayo a otras personas y a la vez aprendió también ritmos europeos, asiáticos, árabes, caribeños y también a cocinar otros platillos internacionales. Su diversión mayor no fue la visita de algunas veces a las discotecas, sino el compartir con tanta gente de otras culturas, hacer amigos y demostrar al mundo que los nicaragüenses pueden hacer muchas cosas.

La beca universitaria

Las experiencias para la joven Sandra Castillo de 28 años y de la ciudad de Masaya fueron un poco diferentes, pero igual de satisfactorias. Recuerda que su papá le recomendó aplicara para una beca universitaria que se anunciaba para entonces en los diarios locales. La beca la ofrecía una universidad de parte del organismo internacional Walton.

La joven que egresó como bachiller del Colegio Santa Teresita de Masaya en el 93, decidió probar suerte y se dirigió a buscarla. Con mucho optimismo en su interior y segura de su capacidad, Castillo otorgó la primera entrevista con ex becados del organismo y su segunda intervención la tuvo con los delegados norteamericanos, los que decidirían si la joven se quedaba con la beca o no. “Después de mi entrevista con los delegados, estaba casi segura que ganaría la beca y me fui muy contenta a mi casa, hasta que dos meses mas tarde me llamaron a casa y me dieron las buenas noticias de que había clasificado para la beca”, relata Castillo con una sonrisa de satisfacción en su rostro.

En agosto del 94, la joven emprendió viaje hacia la Universidad de John Brown, en Arkansas, Estados Unidos, para estudiar Ingeniería Electrónica por cuatro años. Su punto de reunión con el resto de afortunados sería en el aeropuerto de Houston, el cual lo considera inolvidable. “Mi llegada fue muy bonita, nos reunimos todos en Houston, y nos identificamos por una camiseta”.

El primer día de clase fue un poco difícil para ella, puesto que todas las recibió desde un inicio en inglés, aunque lo dominaba un poco bien. “Yo dije el primer día que me tenían que ayudar, porque hablaban muy rápido y yo no entendía muy bien”.

Todos los días de la semana era de estudio y de estudio, que no tuvo ojos para ningún pretendiente. “No quedaba tiempo para los novios, era mucho estudio”, aclara. Entre tanto que a duras penas quedaba tiempo de comunicarse con su familia, sólo lograba establecer una fuerte comunicación cuando viajaba a Nicaragua a pasar junto a sus padres las navidades y el verano.

La diversión la consideraba más amena si se trataba de viajar a campamentos con jóvenes cristianos, pues gracias a una familia bautista que la encaminó por el camino correcto, Sandra se convirtió al Cristianismo. “Después de la universidad me fui a vivir a la casa de unos misioneros norteamericanos de África, que tenían un ministerio cristiano internacional. Gracias a ellos me hice cristiana”.

Castillo, muy esforzada en sus estudio y una vez que egresó de la universidad, tuvo la oportunidad de trabajar como asistente de investigación al lado de maestros de la universidad, de la cual recibía un salario que le ayudaba a sustentar algunas necesidades básicas, así como la oportunidad de sacar una maestría en Semi Conductores y Circuitos Integrados, en la Universidad Estatal de Arkansas, gracias a la cual hizo una pasantía por ocho meses.

Las lecciones es lo que al fin y al cabo uno termina por aprender, y Sandra supo que es lo más valioso que alcanzó. “Uno siempre debe ser perseverante y no darse por vencido por los obstáculos, y si se está haciendo la voluntad de Dios uno debe poner todo el empeño. Aprendí también que lo más importante es Dios y valorar la amistad. Mis estudios de siete años allá me enseñaron a madurar personal y espiritualmente”, expresa Castillo, quien por su valioso desempeño y estudios, logró alcanzar estar en dos sociedades de honores, la Eta Kappa Na (Sociedad Nacional de Honor de Ingeniería Eléctrica) y Tau Beta Phi (Sociedad de Honor de Ingeniería).

Así mismo trabajó con la empresa norteamericana Texas Instruments donde realizó su pasantía, quienes le ofrecieron empleo, pero no aceptó porque asegura que según el reglamento de la beca, debía regresar a su país. “No debía quedarme, pero amo mucho mi país y quise venir a trabajar para él”.

Actualmente se le ha dificultado encontrar trabajo, pero entre tanto se dedica a sacar su segunda maestría en Red de Computadoras en la UNI y está por culminar una carrera técnica en Reparación de Computadoras. Piensa seguir estudiando y poner al servicio de Nicaragua sus conocimientos. “Estoy estudiando el idioma francés y quiero aprender chino”.

PROVEEDORES DE VECAS

El Comité Nicaragüense de los Colegios del Mundo Unido cuenta con becas para enviar a estudiantes a otras partes del mundo, para el período de septiembre del 2002, hasta junio del 2004. La beca cubre los gastos básicos de matrícula, residencia y alimentación. Generalmente la familia del estudiante seleccionado cubre gastos como pasaje, seguro, ropa, vacaciones y gastos de bolsillo, si el estudiante y su familia no puede sufragar los costos indicados anteriormente. El comité, el candidato y su familia buscan conjuntamente fuentes de financiamiento para cubrir estos gastos. Estudiantes de familias de escasos recursos que cumplan con los requisitos deben ser animados para presentar su candidatura.

La selección para estas becas se basa por completo en los méritos de los candidatos, independientemente de sus orígenes socioeconómicos y familiares. Los criterios de selección incluyen habilidades académicas (con promedio de notas de excelentes o muy bueno) y cualidades personales, tales como madurez, tolerancia, interés fuera del ámbito escolar y entusiasmo por los objetivos de paz y entendimiento internacional. La Fundación Walton es un organismo internacional respaldado por la familia multimillonaria Walton. Estas becas se deben gracias al Señor Walton, quien antes de morir pidió que parte de sus fortuna fuera destinada para estudiantes centroamericanos de escasos recursos que tuvieran buenas calificaciones escolares.

Los requisitos que demanda la beca es: ser bachiller, ser ciudadano nicaragüense, tener una edad entre 19 y 24 años, estar soltero y sin compromiso, tener altas calificaciones y tener conocimientos básicos de inglés.

Entre amigos y estudios

En esos dos años entre amigos y estudios a la joven no le quedó tiempo para enamorase, aunque en alguna ocasión sintió mariposas en su corazón por un galán, al final sólo una hermosa amistad los unió. “El estudio no te deja tiempo para jalar, pero claro más de alguien te gusta siempre, pero a mí no me resultó”, dice la joven.

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