Rosa Ma. Vivas [email protected]
El templado anochecer del segundo día del recién llegado año 2002 trajo consigo el inevitable destino, la preciosa vida de Don Pablo Antonio Cuadra iluminaba con su sabiduría aquel que lo admiraba, verdad que no dudamos desde el momento que reveló al mundo el talento innato que poseía y la valiosa joya de la literatura que pronto sería.
En sus años jóvenes fue un activo estudiante develando desde ese momento su innegable intelecto, inclinando su interés por la escritura en la poesía, específicamente, debutando posteriormente con éxito en el ensayo, la narrativa y el teatro. Erudito por excelencia y amante del arte escribe sus obras orientado por un único sentido de libertad y revolución; sí, la innovación, siempre en una búsqueda constante de lo nuevo. PAC no pretendía pertenecer a lo establecido en la época aunque poseía influencias del naciente Vanguardismo nicaragüense en los años treinta, obteniendo así un merecido lugar en el Movimiento de Vanguardia. En ocasiones las personas que gozamos de un puesto establecido dudamos de aquellos que empiezan a nacer, para PAC la oportunidad no fue negada. Sus nacientes obras ocuparon espacio en importantes diarios nacionales como LA PRENSA y El Gráfico. Observando su indiscutible preparación Don Pablo Antonio Cuadra recibe de manos de Don Pedro Joaquín Chamorro el distinguido cargo de Director del Diario LA PRENSA, posteriormente obtiene un puesto altamente calificado en la Universidad Centroamericana (UCA).
Su indiscutible éxito no es obviado por los grandes grupos literarios del momento cuando recibe premios honoríficos tales como el “Primer premio Darío de poesía hispánica” en 1965, el premio “Gabriela Mistral” en 1992, por mencionar algunos. Lo que más distingue a Don Pablo Antonio Cuadra en las páginas de la historia de la gran literatura nicaragüense, es su arraigado sentimiento nicaragüense que se refleja en cada una de las palabras que escribe su mano y que nacen del corazón. El poeta orgullosamente nica levanta el espíritu del lector nicaragüense porque inspira a los amantes de nuestras casi olvidadas raíces indígenas, del folclore de nuestros ancestros, de las tradiciones y leyendas, de la pura sangre que corre en nuestras venas que aún podemos recuperar lo que es auténticamente nuestro. Para el lector extranjero es un viaje a un paradisíaco universo en el centro de América, conocer la bella naturaleza que es Nicaragua y el alma honesta y trabajadora de su gente, aquella que es netamente criolla.
Una nueva vida inicia en cada año que comienza, un hombre que vivió para escribir a su gente no está hoy con nosotros. Llora el pueblo nicaragüense a una leyenda que contaba entre el mundo de los mortales, llora la tierra que fue tu inspiración, llora desde su crisálida la tierna mariposa que duerme en ella, lloran las estrellas porque fueron tus más fieles musas.
Pero tú no estás lejos, en cada verso tú caminas hacia nosotros, en cada estrofa estás más cerca y en cada obra la lees con nosotros. Una vez recitaste para el excelentísimo padre Azarías H. Pallais en su último adiós: “Después de la caída de Rubén, ésta es la segunda cabeza que se inclina ante la muerte en el dolor de nuestras letras”. Hoy te decimos: “Querido poeta, una lágrima solitaria como joya ilustre derrama el pueblo nicaragüense en la gélida brisa del mes de enero…”
La autora es Psicóloga.